Análisis semanal: 28 de octubre

0
187

En una entrevista publicada en un medio de comunicación mexicano, el especialista en temas de seguridad, Edgardo Buscaglia, aseguró que lo sucedido en Culiacán, Sinaloa, el pasado 17 de octubre es un acto de terrorismo y que el Estado mexicano quedó arrodillado frente al poderío demostrado por el Cártel de Sinaloa.

Se trata de un enfoque que nos ayuda a comprender de otra manera lo sucedido en una zona en la que el narcotráfico se ha mimetizado con amplios sectores sociales y en donde el Estado brilla por su ausencia.

Pero lo que también es necesario destacar, es que ese mismo Estado que ahora está siendo cuestionado –como antes lo fue en el caso Ayotzinapa–, tiene la capacidad de hacer frente y derrotar a los grupos del crimen organizado que ahora dominan amplios sectores del país.

Se trata de algo que tendría que entenderse en lugar de culpar a entes etéreos, en algo que sólo ayuda a prolongar un debate que no nos lleva a ningún lado.

Es por eso que es necesario llamar a las cosas por su verdadero nombre: los cárteles del narcotráfico son organizaciones terroristas, el que está fallando es el gobierno en turno –en todos sus órdenes– y las actividades delictivas que realizan estos grupos no deben ser idealizadas o defendidas en aras de ganar una discusión ideológica.

Ninguna democracia que se precie de serlo tolera que un grupo armado delictivo, se asuma como poder paralelo y, encima de todo, sea defendido gracias a ciertas coincidencias ideológicas. Y esto no debe ocurrir en México.

La imagen de la semana

Las redes sociales, como siempre, complementando la información de lo sucedido.

El meme de la semana

Conspiracy Theory

Tal parece que para lo que sí son buenos en comunicación social de la presidencia de México –además de la propaganda– es para producir distintas versiones para tapar lo negativo que sucede con relación a ciertas decisiones de gobierno.

Con lo de Culiacán, se demostró que no hay quien evalúe los acontecimientos y haga un manejo adecuado de crisis, porque se han contado 6 versiones sobre cómo se dio la detención de Ovidio Guzmán López, siempre buscando evitar mencionar la presencia de la DEA en Sinaloa.

Luego tuvimos las versiones de que se sabía, que no, que el presidente no estaba enterado, que SEDENA no conocía del operativo, además del reparto de culpas, pero no una versión no sólo creíble, sino que evite tanta crisis para el gobierno de la 4T.

Luego vino la protesta de alcaldes en las puertas de Palacio Nacional y las versiones de que solicitaron ser recibidos, pero no se les permitió, el uso de gases lacrimógenos, que luego fueron un repelente natural para terminar con las disculpas de Gobernación, en momentos en que John Ackermann aseguraba que no pasó nada de eso.

Lo bueno es que iban a ser diferentes y, en este sentido lo son, pero también peores que el gobierno anterior.

@CronicadePoder