Quién dijo culto a la personalidad

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Se ha dicho que nuestro país es surrealista, pero lo que estamos viviendo en estos días de la 4T nos debe llevar a una nueva definición de lo que somos como nación. De los antiguos tlatoanis a la actualidad, muchos pensaban que la época del culto a la personalidad era algo ya rebasado, pero los resultados electorales del 2018 no volvieron a colocar en el escenario en el cual una sola voz es la única digna de escuchar, una que calma al pueblo a pesar de los nubarrones económicos y las advertencias por errores cometidos, una que nos enseña a ser felices.

De culto

Imaginemos por un momento un país en el que el mandatario en turno es idolatrado por la población. Para mantener esta imagen, sus colaboradores buscan ofrecer las mejores imágenes a la ciudadanía, por lo que las que tienen en el portal gubernamental en el cual informan de todas sus actividades cotidianas estarán tan cuidadas que no hay ninguna fotografía en la que el líder no esté sonriendo.

Para tener espacio para que el público disfrute de esta maravillosa galería, se pide a los demás secretarios de Estado que no suban ninguna imagen de ellos solos, únicamente con el líder, de preferencia.

En rede sociales, muchos medios que también comulgan con esta idea, informan que comió, en especial en las giras que hace por el país, haciendo énfasis en que lo hace en comedores o fondas en pueblos y rancherías.

Los tuits y posts muestran al mandatario sonriente –no podría ser de otra manera–, degustando platillos típicos, para luego dar espacio a sus recomendaciones culinarias.

En los aeropuertos –pues él viaja como el pueblo, en vuelos comerciales, no importa que éstos sean caros y exclusivos para las clases altas del país–, se le ve sonriente –otra vez– con quien quiera tomarse una foto con él, hasta alguna espontánea le dedica una canción que le acaba de componer.

En cada población que visita, se ofrece la fotografía de cómo la ciudadanía lo recibe, lo quiere tocar, acercarse, llevarle regalos, mostrarle bebes, animales –como un bonito loro que nos recuerda a esos animales que pueden hablar, aunque no comprendan lo que dicen, pero esa es harina de otro costal–, además de participar en varios rituales de cada región que visita, por lo que es común encontrar su imagen con arreglos florales o elementos que evocan creencias antiguas.

En las benditas redes sociales, sus seguidores lanzan videos en los que se pide que lo dejen trabajar o censurar a sus adversarios políticos, pues como el líder es lo mejor que nos ha pasado como nación, no debe ser cuestionado ni por el pétalo de una sospecha, no hay que ser.

En las conferencias de prensa que tan magnánimamente ofrece cada día, los asistentes con credencial de reporteros –que lo sean o no, es harina de otro costal– le piden abrazos, elogian su condición física –hay que alejar el temor de otro infarto, luego que hacemos sin líder–, le hacen preguntas para que reafirme que el sabe todo lo que sucede, anticipándose a los problemas incluso, dando pie a que ofrezca los datos que tiene a su alcance para remodelar la realidad y que el pueblo esté tranquilo, pues él lleva las riendas del país.

Es tan popular el mandatario que hasta muñecos se venden, desde pequeños que pueden usarse como llaveros hasta grandes para tener en un altar en cada hogar, sobre todo para no olvidar su cara.

Los medios y las redes sociales –sobre todo las benditas– se han rendido ante sus encantos y cada día replican sus declaraciones, resaltan sus frases y repiten las correcciones que hace a aquellos malos ciudadanos que se atreven a criticarlo, pues no hay nada peor que hacerlo sin razón y, muy en especial, en contra del líder que ahora tenemos conduciendo los destinos de toda la nación.

Algún conductor de televisión, se hincará ante el recuerdo de que fue bendecido por el líder al llevarlo a dicho espacio y ayudar, de esta manera, a difundir su palabra a todos los pobladores de ese territorio que habitan en estos tiempos.

Las encuestas muestran solamente como sus índice de popularidad y aceptación suben, suben y suben, como reflejo de un pueblo que es feliz, feliz, feliz, así de tres en tres, como aquel canto de cierto gallo, pero otra vez estamos con harinas de otro costal.

Gracias a su presencia, atrás quedaron épocas oscuras en las que el ciudadano sufría por malos gobierno, corruptos, que sólo propiciaban la pobreza y el encumbramiento de unos cuantos; atrás quedaron los conflictos de intereses, el nepotismo, el influyentismo, la simulación y toda la colección de males que de seguro emanaron de esa caja de pandora que era el anterior sistema.

Pero como en el cuento de Augusto Monterroso, cuando todos despertaron en dicho país se dieron cuenta que no sólo seguía el dinosaurio, sino que ahora había que adorar al líder pues no por nada se permitió que el culto a la personalidad nos llevara a estos extremos y se convirtiera en el nuevo credo nacional.

Quién dijo culto a la personalidad, si en realidad es sólo la devoción de un pueblo agradecido, aunque no sepa de qué.

@AReyesVigueras