El Potemkin mexicano

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Se cuenta que, en 1787, tras la anexión de Crimea por parte de Rusia, la emperatriz Catalina II quiso recorrer sus nuevos dominios. Al conocer la noticia Grigory Potemkin, conquistador de la región y favorito de la soberana, decidió impresionar a la comitiva imperial y darle mayor valor a su gesta.

De esa forma, según la historia, Potemkin mandó construir una serie de “pueblos” a lo largo de la ruta, que no eran más que fachadas. Cuando pasaba la comitiva, salían personas vestidas con sus mejores ropas a saludar y aclamar a la emperatriz; presumiendo la falsa prosperidad de una región que, a final de cuentas, era un llano desolado.

La expresión “aldeas Potemkin” se usa para designar cualquiera construcción hueca o falsa, ya sea física o figurativamente, hecha para ocultar una situación no deseable o potencialmente dañina. Sin embargo, también podría parecer que, en un mundo de apariencias y discursos, la simulación llega a convertirse en un fin en sí mismo para un gobierno.

El pasado sábado 5 el diario Reforma publicó que el mes de julio, durante una conferencia mañanera, López Obrador había entregado un enorme cheque de cartón a la alcaldesa de Cochoapa el Grande, Guerrero, para obras. Sin embargo, la edil se quejaba de que no se podía cobrar. Aunque en cuestión de horas el ejecutivo dio un giro donde decía que faltaba una firma e inventaba conspiraciones, la anécdota es ilustrativa de un modo de gobernar desde diciembre de 2018: el montaje como mecanismo de gobernabilidad. Para decirlo de otra forma, todo indica que Grigory Potemkin reencarnó en suelo mexicano.

El montaje ha sido el sello del gobierno, desde la disolución del Estado Mayor Presidencial, la eliminación de las pensiones de los ex presidentes, la venta del avión presidencial, la presunta eliminación de privilegios para la burocracia, el traslado del gobierno a Palacio Nacional, la cancelación del NAIM y muchos otros.

En estos desplantes se puede leer no sólo el afán para imprimir el sello personal del ejecutivo a costa de los viejos símbolos del poder. También en muchos casos se ha convertido en parte integral del discurso del poder. Por ejemplo, ¿cuántas veces se ha multiplicado el costo de un avión presidencial que es imposible de vender?

También como pasaba con los montajes de Potemkin, la fastuosa fachada esconde una realidad que no nos gustaría ver. Detrás de la presunta venta del avión presidencial hay una aeronave abandonada que paga una renta exorbitante y está en pleno deterioro por desuso. La eliminación de privilegios en el servicio público llevó a la depauperación de la burocracia, la salida de cuadros capacitados y a la pérdida de capacidades institucionales del gobierno, algo que tarde o temprano estallará.

Pero mientras la gente comienza a darse cuenta, los montajes no solo son cada vez más elaborados y hasta extravagantes, sino que al parecer a la gente les encanta. El lunes siete, El Financiero publicó una encuesta donde se muestra que la opinión positiva en temas como honestidad subió de 58 a 63% desde abril pasado, y en liderazgo subió de 53 a 60%. ¿Qué está pasando?

Hay dos explicaciones. La primera, el discurso del ejecutivo puede ser falaz y basado en la simulación, pero es emotivo y la gente prefiere a final de cuentas ser engañada cuando en esa mentira su existencia encuentra sentido y dirección. Es decir, prefieren creer que las cosas van bien cuando hay un líder que es para ellos creíble.

La segunda explicación: no puede haber montaje que sirva si no se hace con un llano desolado en el fondo. Hablamos aquí del fracaso de un discurso que no supo cómo legitimarse a lo largo de 30 años y del desgaste de políticos, partidos, líderes de opinión, académicos, organizaciones de la sociedad civil y think tank que no fueron capaces de presentar alternativas creíbles y atractivas ante la demagogia que crecía día con día ante sus ojos.

Si siguen creyendo que el reto es oponerse frontalmente contra alguien en lugar de generar una alternativa atractiva, seguirá creciendo y creciendo, hasta que sobrevenga una crisis al desplomarse el montaje por su propio peso.

@FernandoDworak

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