Se apaga la estrella

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A principios de este año que se publicaron encuestas para evaluar a los mandatarios estatales del país, el tabasqueño Adán Augusto López Hernández apareció ocupando el primer lugar. El dato no pasó desapercibido para los aplaudidores del régimen tabasqueño, que celebraron en forma ruidosa. El gobernador, empero, tomó las cosas con calma y declaró que era normal una calificación tan alta, pues su período aún estaba iniciando.

Hoy, cuando se está a un pelo de que termine el primer año de gestión de la llamada ‘Cuarta transformación’, el jefe el Ejecutivo ha bajado a la quinta posición.

Por principio de cuentas, en el Edén se desdeñan los estudios de este tipo. Lo interesante en este caso es subrayar que la popularidad que se le atribuye a López Hernández ha tenido un descenso que tiene que ver con el desgaste natural del ejercicio del poder.

Al arranque de su encomienda Adán Augusto mantenía una calificación de 60 por ciento, mientras que por las mismas fechas el presidente Andrés Manuel López Obrador rondaba en el 62 por ciento.

Esa similitud de cifras se entiende por cuanto a que es un hecho que los gobiernos de Morena están soportados por la figura presidencial.

En lenguaje llano, muchas autoridades serían nada si López Obrador no los llevara tomados de la mano, como el amoroso padre al hijo.

Un reciente reporte de ‘Arias Consultores‘ ubica al Ejecutivo choco en 45.9 por ciento, lo que representa un desplome considerable si se da por buena la cifra de 60 por ciento de a principios de año.

Más allá de cualquier otra interpretación política que se le quiera dar, lo destacable es observar que la curva de crecimiento (a la baja en este caso) tiene que ver con la merma de toda administración.

En adición, quizá lo más notorio sea que es posible advertir de esta ecuación que el ‘efecto AMLO’ ya es historia, y que de ahora en adelante las autoridades tendrán que rascarse con sus propias uñas. Significa que la aceptación que tenga el de Macuspana no se le va a dispensar sus yerros a las autoridades que ganaron bajo las siglas del partido vinotinto, y por eso cada uno tendrá que labrar su propio destino político.

El 45.9 que tendría Adán Augusto, viéndolo en perspectiva, no es malo: lo respalda la mitad de los tabasqueños.

Claro, aún no termina el primer ejercicio fiscal, pero hay confianza en el gabinete que en 2020 sí se sentirá la dispersión federal, y los 160 mil millones de pesos de la refinería de Dos Bocas el año próximo será una bocanada de aire para un Edén asfixiado por la crisis económica, en su mayor parte provocada por la mala gestión del primer gobierno de la izquierda en Tabasco, a cargo del perredista Arturo Núñez Jiménez.

Núñez, por cierto, terminó con una reprobación del 90 por ciento, lo que significa que ¡solo estaba de acuerdo con él uno de cada diez ciudadanos! Esto representa un récord, quién sabe si mundial pero sí nacional, toda vez que el expresidente Enrique Peña Nieto concluyó con una reprobación del 80 por ciento.

Seis años antes, el priísta Andrés Granier Melo dejó Tabasco con un rechazo también del 80 por ciento. Entonces nadie pensaba que un sexenio después iba a llegar otro gobernante «más peor».

PARA SU INFORMACIÓN…

LOS HABITANTES DE Centro son rehenes de grupos políticos que mantienen sitiado al alcalde capitalino Evaristo Hernández Cruz en cuanto al agua potable, ya que le impiden poner en la mesa el tema la ruina en que se encuentra la infraestructura de ese servicio en el municipio que abarca a Villahermosa.