El Legislativo frente a Morena

0
177

Las cámaras legislativas federales están hoy conformadas de una manera tal, que lo están como los electores lo decidieron en 2018 y hasta allí no hay nada que objetar, pues lo han hecho libremente. Y si no se consiguió de otra forma al gusto de otros, será que les faltó echarle galleta para que así sucediera y mover a los abstencionistas que en 2018 sumaron 40 millones que no votaron solo por su santa voluntad. Así que es lo que hay.

Cada cámara tiene su dinámica y al acercarnos al legislativo mexicano, debe de saberse. Por su tamaño y significado político y composición, la de Diputados y la de Senadores obedecen a su propio ritmo y coincidieron en la renovación de su mesa directiva, como marca la ley y es una rotativa porque así se acordó desde hace años para que la pluralidad en el Congreso sea manifiesta y toque a los más. La mayoría por partido en la de Diputados, el partido Morena está holgado y en la de Senadores, no.

Eso sí, hay un fetiche absurdo que responde a una manera siempre maniquea de concebir el poder mismo, acerca de presidir tales órganos, que aunque sea un puesto dotado de dinero, más para manejo de la Cámara que no para embolsárselo, es más simbólico de lo que aparenta, pues no necesariamente supone el presidir las Cámaras que sea el eje del poder mismo, porque para eje la Junta de Coordinación Política, donde allí así se cocinan las negociaciones sabrosas, se cocina el orden del día y los verdaderos intereses de los protagonistas. Presidir la mesa directiva tiene su mérito pero no lo sobredimensionemos.

Por eso fue un error pretender extenderse y reelegirse, en el caso de Batres. Si se supone que Morena se apega a la ley y no está por el poder mismo ni por la reelección donde no cabe, el error es doble. Y si no son los morenistas como los demás, el error es triple.

Entonces nuestro análisis ha de cifrarse en saber si los partidos políticos ahí representados han de respetar su propia ley o se violentará aquella a gusto y a modo para sacar raja a costa de la legalidad. No ha faltado despistado proclive a Morena que diga que esa legalidad no hay que cumplirla porque obedece a un régimen pasado (sic). Craso error: no hay ni puede haber cambio de régimen y la ley es la ley y si no gusta, se cambia, pero no a la desesperada ni pasándosela por el arco del triunfo. Sobre todo porque habría que explicar las razones de hacerlo y no atropelladamente  como se intentó para perpetuar la tenencia de la mesa directiva de los Diputados y de los Senadores a manos de Morena, solo por un “porque lo ordeno y mando”.

Hemos leído hasta aseveraciones ridículas diciendo que ahora para mal, la consecuencia de no permitir que por ejemplo, Muñoz Ledo permaneciera en Diputados, es que la presidencia de su mesa directiva la ostenta una panista de ultraderecha. Pues no, serlo no le quita derecho alguno a ello. Antes bien, ahora la ostenta otra diputada representante de la nación mexicana, además, de origen panista, sí, cuyo derecho es el mismo que el de sus otros 499 pares. Ni más, pero ni menos.

En la emergencia nacional que se vive, en la necesidad de atender lo verdaderamente importante –con los presupuestos de la Nación en vilo y escudriñando sus entresijos para saber si la designación de Herrera en Hacienda ha sido acertada– todo indica que sí lo es, pese a un presupuesto muy neoliberal, después de todo, y mostrando un país incapaz de crear condiciones si no parten del gobierno. Así, es por demás frívolo y reprobable la ambición de Martí Batres por proseguir y de Ricardo Monreal por perpetuarse. De Muñoz Ledo o de Morena en hacer lo propio en la Cámara de Diputados. Son Morena y no son diferentes a lo que criticaron si intentan ser los únicos llamados a gobernar  y como los priistas, a romper las reglas; y eso se demuestra en los hechos cuando su ambición se antepone a los intereses del Legislativo y ergo, del país, y dígase para que no se nos olvide que también pecan de ambiciones, como sus pares criticados de otros partidos. La necedad de torcer la ley, de simular un cambio y fracasar en ello, pega a la imagen del gobierno morenista en sus dos vertientes, legislativa y ejecutiva.

No compensa que el señor Batres negara que no deseaba proseguir al frente, que dizque renunció a seguir, mientras en todos los medios masivos de comunicación lamentaba no hacerlo y reiteraba verse engañado, y en consecuencia resuelto a no ser hecho a un lado para proseguir en pos de perpetuarse al frente del Senado, confirmando que no solo deseaba torcer la ley que ya no le concede el favor de la permanencia –una ilegalidad, así sea de Morena– para perpetuarse y muy importante, sin dejar en claro ni para qué ni como ayuda a México el perpetuarse. Los 66 recomendados que deja para cubrirle las espaldas a él y a su camarilla, no dignifican ni nos dice en qué cambia eso a México. Al contrario, dañan la imagen  de Batres, de Morena, de López Obrador y de México. Si es que se asumen distintos a otros partidos….  ¿Es que hace falta? ¿usan el partido como lo hizo el PRI, como agencia de colocaciones? Es inadmisible, después de todo.

La presidencia de la mesa directiva es importante, sí, usa muchos recursos, sí, pero no pasa por encima del pleno, pues eso le puede corresponder, de proceder, mucho más a la Junta de Control Político y ni eso.

Aunque pareciera que las opiniones se han decantado por la idea de que el Congreso fue el ring previo a disputarse la presidencia de Morena, parece una suerte de espacio común. Porque en realidad decirlo así sería como desestimar al resto de diputados y senadores de otros partidos, que, cual mirones de palo, han sido incapaces de imponer el orden, no por votos ni por mayorías de las que carecen por razón de los ciudadanos, sino por su insensatez, bola de paniaguados. Ha sido patético más su silencio que su tibia actuación en el jaloneo morenista de las respectivas mesas directivas, silencio del que solo ellos son responsables, uno frente a una disputa que competía a todos. Callarse o ser tibios en realidad los invisibiliza por sí mismos, no hace falta que Morena haga nada. Y son responsables como opositores, de ser los únicos de tal desplante recibido al no involucrarlos y su  omisión se dirige hacia sus representaciones. La presidencia de la mesa directiva no era cosa solo de Morena y eso parecía.

Al final han quedado dos mujeres al frente del Legislativo, una del PAN y otra de Morena. Y solo resta esperar el siguiente zafarrancho que demuestre resquebrajaduras en Morena, aunque se nieguen. Después de todo, son normales cuando ya se está al frente del gobierno y ciertos poderes de la Unión y se tiene poder.

@marcosmarindice