Mujeres, demasiado calladas frente al misógino de Mireles

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Poquísimas han sido las mujeres, sobre todo empoderadas, que han alzado la voz ante las expresiones denigrantes y misóginas de José Mireles Valverde, subdelegado del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en Michoacán.

Entre esas poquísimas voces se encuentran las de las diputadas federales que integran la Comisión de Igualdad de Género, que preside la diputada morenista María Wendy Briceño Zuloaga, quienes acordaron remitir una carta al director general del ISSSTE, Luis Antonio Ramírez Pineda, para solicitarle la remoción de Mireles.

¡Una carta! ¿Algo es algo?

Sin embargo, las expresiones del subdelegado ameritan un exhorto a Ramírez Pineda para destituir a Mireles, no solo por sus palabras retrogadas hacia las mujeres, sino también por su desprecio a la atención de los derechohabientes.

Por lo menos así se desprende del momento cuando llamó “pirujas” a las parejas de los derechohabientes; incluso, sus expresiones revelaron hasta molestia por la exigencia de atención médica cuando pagan cuotas bajas, ejemplificando con un paciente al cual le aplican hemodiálisis, cuyo costo fuera del ISSSTE es caro.

José Mireles dijo: “Aparte de atender a este señor con hemodiálisis tenemos que atender a toda su familia, y tenemos que atender a la primera, yo le digo de otra manera porque soy terracalenteño, hay que atender a la primera piruja, a la segunda piruja, a la tercera, a la cuarta y hasta la quinta”.

¿Qué tal? Un servidor público justificando en su origen sus expresiones denigrantes y misóginas. Pero más bien son palabras arrabaleras que hasta deshonran al mismo tiempo el haber sido médico militar. Imagínense a personas como José Mireles formando parte de una gran institución como el Ejército Mexicano.

El subdelegado del ISSSTE se queja de atender al derechohabiente y a la pareja de éste, y familiares, como si el funcionario de su bolsa pagara el servicio. Por algo los trabajadores del Estado aportan cuotas que por mínimas que sean hacen cierta bolsa de dinero.

Ya si no alcanza, no es culpa de los trabajadores, sino de la administración del ISSSTE; institución que por los siglos de los siglos amén ha sido utilizada como caja chica del gobierno (similar a lo ocurrido en el IMSS).

Quizá en el gobierno federal de la “Cuarta Transformación” intenten enderezar el rumbo de ambas instituciones. Por lo pronto, es obligación de las mismas atender a los derechohabientes; obligación de la cual son responsables los servidores públicos, y deben hacerlo con respeto a la dignidad humana como lo exige la Constitución General.

La Carta Magna establece:

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

Toda persona tiene derecho a la protección de la salud…”

Tal parece que José Mireles desconoce los derechos humanos y la dignidad de la persona, así como sus obligaciones como delegado del ISSSTE. Ah, y la buena educación. Caso contrario su lenguaje sería distinto.

Aunque el problema del referido servidor público puede ir más allá de un simple lenguaje; quizá padezca algún trauma en relación a las mujeres.

En fin, José Mireles más recientemente usó la siguiente expresión para referirse a una mujer:

“Amenazó (un trabajador) con llevarme 15 mil personas a tomar la delegación si no le daba una base, porque había conocido una nalguita nueva. Son palabras de él, no mías. Yo las llamo de otra cosa, a lo mejor más fea, pero esas no son palabras mías”.

Ups. Aun cuando hayan sido palabras del trabajador, ¿por qué replicarlas el delegado del ISSSTE?

En serio, no basta el ofrecimiento de disculpas por parte de Mireles Valverde, en una carta cuyo correcto lenguaje evidencia que no fue escrita por él; vaya, ni siquiera dictada por él. Quizá la escribió su secretaria o algunos de sus asesores.

Y no basta, porque en era de la “Cuarta Transformación” no deben caber los servidores públicos cuyas acciones atenten en contra de la dignidad de las personas humanas. Pero además porque la mujer merece todo el respeto.

Incluso, así lo exige la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Y llamarlas “nalguita” y “pirujas” es violencia.

En fin, que sí todas las mujeres alzaran la voz, sobre todo las empoderadas, en contra de las expresiones de Mireles, otra sería la suerte de este delegado del ISSSTE.

Correo: rosyrama@hotmail.com