Cobarde es quien recurre a su madre para eludir responsabilidades

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Un Presidente de México tienen entre sus responsabilidades primero –que no privilegio– ser el comandante supremo de las fuerzas armadas, ello le obliga a asumir la responsabilidad, frente a los mexicanos y frente a los mismos miembros de las fuerzas armadas, está por encima de todos los generales y Almirantes. Generales y Almirantes que han dedicado toda su vida a la disciplina castrense, militares y marinos que se formaron en escuelas militares para servir a la Patria, se entiende que el comandante supremo lo sabe y asume esa responsabilidad, no de manera ajena, sino con la misma gallardía, virilidad, valor y entrega que todos sus generales y almirantes y todos los miembros de las fuerzas armadas, el comandantes supremo es la encarnación de todos y cada uno de ellos, se identifica porque los representa, pero también los comprende, tanto que tienen la capacidad de ponerse en su lugar y asumir como propios los agravios y honores que les merezcan. Los miembros de las fuerzas armadas aprendieron en años de estudios en las escuelas y en el servicio, el orgullo que significa pertenecer a ellas, saben, porque han recorrido y aprenden recorriendo el escalafón militar, ahí aprenden a obedecer, para después saber mandar. Durante muchos años México recurrió a sus fuerzas armadas ante la imposibilidad de contar con personal capacitado para el combate en cualquiera de sus vertientes, es  por ello que se recurrió a ellos –y aún hoy se recurre– para pretender resolver el tema de la delincuencia en México.

Ser comandante, es ir al frente y demostrar con el ejemplo que se tienen los arrestos suficientes, para llegado el momento defender a la Patria y a los mexicanos.

No se puede eludir la responsabilidad cobardemente recurriendo a las mamás para que hagan las tareas que le corresponden a un hombre hecho y derecho, no es ser machista, es solo ser integro.

Un comandantes supremo, debe asumir su responsabilidad o renunciar a ella para que sea otro, quien con más valentía y honestidad pueda responder ante los retos que representa una investidura. Así piensan las mujeres y los hombres de las Fuerzas Armadas, esos que han dedicado la mayor parte de sus vidas formándose en el servicio de las armas, arriesgando sus vidas en cada misión que se les encomienda.

Nuestro ejercito a diferencia de los de otros pueblos es la esencia misma del pueblo, ahí no hay lujos ¿cómo puede hablarse de alguien acostumbrado a lujos? Si desde las escuelas militares y en los cuarteles se comparten los baños, los dormitorios, donde se come (el bofe) como se dice en el argot militar, si pasan días en campañas de ayuda a la población, por ejemplo en huracanes o terremotos, donde apenas duermen unas horas en constante interrupción. Si pasan meses con las mismas botas y a veces mojados, con los dedos arrugados por la humedad de las inclemencias del tiempo, ¿o acaso no saben lo que pasan? En el cumplimiento por ejemplo del PLAN DN-III-E, para ser militar, se necesita tener mucho amor a la Patria, vivir mucho tiempo alejado de la familia, arriesgar la vida en cada momento en campaña o en el mar, para que venga alguien sin la menor preparación y conocimiento y nos diga, ¡no les hagan nada a quienes pongan en riesgo sus vidas! Mejor que sean sus mamacitas las que los corrijan, cuando muchos de ellos ya ni madre tienen. No señores para ser comandante supremo de las fuerzas armadas, se necesita más que buenas intenciones o vocación sacerdotal, se necesita ser valiente y honesto, asumir responsabilidades y comprender el sufrimiento de su tropa, identificarse con ella y respaldar su trabajo –que también es pueblo– sentirse ofendido cuando a un soldado o marino se le denigra, se le humilla y se le agravia, si no se tienen capacidad para ello, entonces quizá su lugar este en un seminario.

sadot16@hotmail.com

@EduardoSadot