Cincuentenario del Metro de Ciudad de México

0
128

El 4 de septiembre de 1969 Gustavo Díaz Ordaz inauguró el Metro de la Ciudad de México. Podrán haberle quitado su nombre a las placas que marcaban el momento, pero eso no cambia las cosas. La Historia no está para caprichos de nadie.  Es reprobable que su nombre lo calle la narración del Museo del Metro en la estación Mixcoac. Semejante despropósito no tiene sentido.

Un proyecto que llegaba tarde, si lo comparamos con Londres (1863) o París (1900), Buenos Aires (1913) o Madrid (1919), y ni a los Juegos Olímpicos del 68 llegó a tiempo. El Metro es imprescindible, pero acaso su cincuentenario lo encuentra no en sus mejores condiciones: avejentado, insuficiente en estaciones, carros y rutas, detenido por sus tiempos y sus planes, truncado en sus alcances y en su expansión necesaria y apremiante. Y no es una obra menor, pero no está a la altura de los requerimientos actuales. Y ello obedece a estar detenido su crecimiento en gran parte, de manera deliberada.

Para una ciudad gigantesca como la capital mexicana, deberíamos contar con una red idónea y no la tiene. No resuelve por mucho los ingentes problemas de capacidad y cobertura. Seamos realistas. El rezago en su extensión fue causado además de un lastre económico nacional, por haberse primado rutas de autobuses más planificados, en apariencia,  y de más pronta construcción y menor costo, pero no necesariamente siempre más eficaces en la cobertura, por la imposibilidad de torcer rutas o adentrarse donde sea, y así su existencia en paralelo al Metro, no ha sido la solución, se diga lo que se diga.
Porque… el Metrobús no deja de ser emisiones incontables, ruidosos, no acaban de ser la solución del todo idónea para una capital que requiere conectividad, priorizar la movilidad y desde luego, de ampliar los accesos a sus puntos más emblemáticos y visitados. Si La Villa y el Zócalo poseen estaciones que cumplen la función de acercar lo importante, y así in situ consiguen ser verdadero acercamiento, y medianamente lo hace la estación del Auditorio Nacional, no es el caso de verse favorecido el Estado Azteca o aún peor, del actual aeropuerto. Y cuidado, tenemos un Mundial encima a nada de realizarse y el Azteca no puede seguir con esa desconexión irregular de transbordos como la tiene y algo peor, que debería contar con no una, sino con varias estaciones del metro provenientes de diversos puntos de la ciudad, y también como debería tenerlo el Olímpico México ‘68. Entiéndase, algo directo que te saque a sus puertas. El ejemplo nos lo da la estación Zócalo.

Un Metro que ha puesto en peligro a los usuarios que igual han vandalizado de cuando en cuando, no acaba de ponerse al día, pese a ser remozado. La mafia de los vagoneros haciendo de las suyas, quien más, quien menos, y su seguridad total expuesta al no frenar la delincuencia en su interior antes que erradicarla y que no acaba de conseguirse, merman su prestigio y funcionalidad. Aunque tenga vagones rosas o un reloj contador de tardanzas. La gente quiere efectividad, no nada más saber cuánto falta para que pase el siguiente convoy rebasado.

Si pasamos al rubro de las líneas pendientes que debieron haberse consolidado, partiendo de que el supuesto plan maestro no se suelta a la opinión pública, porque se sigue primando el Metrobús, y no sea que descubramos lo bueno que era; acaso sabríamos que hace falta desde una línea circular como las europeas y que una las distintas existentes en lo más posible, a espacios de transbordo más cortos como los de La Raza o Río Consulado. La muerte. O prever estaciones nuevas, acaso intermedias que debieran añadirse, como una en la colonia Granada al paso de la Línea 7. Todo eso no existente resta eficacia al metro, amén de la ausencia de más líneas.

El centro de la ciudad necesita mejor conectividad para no concentrar todo en el Zócalo o en su defecto en Pino Suárez y desde luego no estaría mal extender la Línea de plano hacer otra hacia o desde el sur. La Universidad se queda grande ya frente a su realidad actual y una única estación en sus extremos.

50 años del Metro dan para mucho y no puede negarse los esfuerzos por mejorarlo como se ha mencionado, pero siempre son insuficientes, pues sigue padeciendo una mala articulación del resto del transporte. El sistema del Metrobús no ha sido eficiente y no conecta al Metro con los usuarios, y se nota al tener que pasar de un transporte al otro para proseguir la marcha; ello revela, adelanta, denuncia la ineficiencia del modelo de Metrobús y la necesidad de reforzar el Metro.

50 años de miles de anécdotas y que su existencia nos ha salvado a más de uno de quedarnos varados sin trasporte, pero su insuficiencia es evidente y es necesario reemprender su construcción. La ciudad de quedó corta frente a él, al tiempo que es inmensa para su red truncada. Es justo rehacerlo, es necesario planearlo mejor.

@marcosmarindice