Contrainforme a la 4T

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Algo es seguro en la presentación del primer informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador: se presumirá el hecho de que se acabó la corrupción, que hay una economía estable y que genera más ingresos para la población, una inseguridad a la baja –incluso que se dialoga con los grupos del crimen organizado–, la construcción de las obras emblemáticas de la 4T –Santa Lucia y el Tren Maya–, los ahorros hechos en la operación del presupuesto, que ya no se repriman las marchas y manifestaciones y otros logros que dará a conocer el titular del ejecutivo. No obstante, la realidad puede tener otros datos.

Requetebien

Todo gobierno tiene aspectos positivos y negativos. La cantidad de los primeros o de los segundos, en una evaluación que pretenda ser los más imparcial posible, permitiría calificarlo como bueno o malo, pero se debe reconocer que hizo algo bien aunque sea lo menor en cuanto a sus acciones o programas.

En sexenios pasados, en especial con el crecimiento que han tenido las redes sociales, se ha calificado a gobiernos anteriores –en la mayoría de los casos– como malos, destacando algunos como pésimos, por lo que en este sexenio, y con menos de un año en el ejercicio de la administración pública, calificar ya a la administración de López Obrador sea un tanto injusto.

No obstante, se puede hacer un corte de caja como el propio presidente hará el 1 de septiembre, fecha en la que por ley debe presentar su informe de gobierno.

Dos son las preocupaciones sobre las que se centra este espacio en esta ocasión.

La primera tiene que ver con el manejo propagandístico que se le ha dado a la labor de gobierno, pues pese a las evidencias de una desaceleración en la economía nacional, se quiere vender la idea de que no sólo no es cierto sino que ya hay beneficios tangibles para la población, a pesar de los despidos en las secretarías de Estado y en la iniciativa privada derivados de la austeridad que se ha impuesto desde el ejecutivo federal.

Otro tanto sucede con el tema de la seguridad pública, en el cual si bien hay una inercia difícil de remontar producto de la incapacidad mostrada por el gobierno anterior en la materia, tampoco se ha establecido una estrategia que permita que los índices en delitos que preocupan a la sociedad muestren una baja.

Y que decir de aquella promesa luego del triunfo electoral en julio de 2018, una que el candidato ganador expresó en su discurso aquella noche y que apuntaba a una reconciliación nacional. Pues bueno, ni ha habido reconciliación, ni se ha gobernado para todos y cada día se profundiza en la polarización que está provocando tantos enfrentamientos en muchos espacios.

Cabe mencionar que la oposición también pone su costal, no granito, de arena en este tema, al busca por todos los medios atacar a López Obrador y con cualquier motivo.

La segunda preocupación tiene que ver con la falta de autocrítica del actual mandatario. No reconocer errores como la cancelación del aeropuerto en Texcoco, que ha tenido una curva de aprendizaje demasiado larga, la manera en que maneja a su gabinete –con secretarios de Estado que sólo esperan ordenes para actuar, sin iniciativa propia–, la falta de estrategia en muchos campos de su incumbencia y los estragos que ha provocado una austeridad llevada a extremos inadmisibles, son sólo algunas cosas que no se reconocerán en el I Informe de gobierno.

Y eso que no hemos hablado de la necedad de darle a todo el accionar del gobierno un matiz ideológico, tanto para evaluar programas y políticas públicas que vienen de administraciones anteriores, como para idear nuevas estructuras, todo bajo la premisa de que lo pasado está mal, hay que destruirlo, sólo que sin saber con que se va a sustituir.

Así, el I Informe de Gobierno de López Obrador será ocasión para escuchar una versión feliz de país –apoyado en la plataforma de propaganda creada desde 2006 y que sigue apoyando al actual mandatario–, una oposición fragmentada que buscará destacar más los errores y los aciertos, y los otros datos que tiene la realidad a la que nos enfrentamos todos los mexicanos.

Si no se escuchan críticas a lo que ha hecho el actual gobierno, esto se deberá a que quienes se encargaban de poner el dedo en la llaga en sexenios anteriores, ahora se han convertido en parte del nuevo gobierno y no les conviene que se dé a conocer lo negativo.

Y quienes tuvieron la oportunidad de gobernar y no supieron hacerlo, ahora sí saldrán a criticar, sin ningún tipo de rubor.

Pero en un país polarizado y que no conoce la imparcialidad o la autocrítica, no se puede esperar menos, en especial en momentos en que activistas con sotana se dedican a hablar de política abiertamente, algo que para muchos era una afrenta al Estado laico, un término que cada vez queda más en el pasado.

@AReyesVigueras