La lucha por la presidencia del Senado: una lectura táctica

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Como se ha dicho en este espacio, cada procedimiento parlamentario brinda posibilidades tácticas para lograr un objetivo: la aprobación o no de una iniciativa o cualquier otro acto. También, como se comentó hace dos semanas, gran parte de lo que ocurra al interior del grupo parlamentario de Morena en las próximas semanas está orientada a una lucha mayor: ganar la presidencia de ese instituto político.

Esta semana estalló el conflicto entre Martí Batres, presidente del Senado, con Ricardo Monreal, coordinador de Morena, por la sucesión en la presidencia de la Mesa Directiva. El pasado lunes, se dio dentro de la bancada una doble votación en urna, primero para votar si se reelegía Batres y después por la designación de un nuevo presidente. A la votación se invitó a los senadores del Partido Encuentro Social. Como es sabido, Batres no se reeligió y decidieron votar por la senadora Mónica Fernández Balboa, del PES.

Al día de hoy, el presidente del senado y el coordinador se han dicho todo tipo de cosas. El primero amenaza con acusar al zacatecano ante los órganos del partido por haberlo boicoteado, incluso recurriendo al soborno. El segundo, bueno para el espectáculo como es, dijo que sometió su renuncia a la bancada y que no se le aceptó. ¿Y el ejecutivo? En su estilo priísta, no se declaró por nadie y aderezó su declaración con su proverbial cursilería de monografía. De todas formas, la votación en el pleno tendrá lugar ante del primero de septiembre, al inicio del próximo periodo de sesiones.

Antes de hacer pronósticos, veamos qué implica tácticamente lo que ocurrió para hacer escenarios.

Como ocurre en la Cámara de Diputados, el que Morena tenga o no la presidencia de las mesas directivas no implica gran cosa en términos de control: ya tienen las juntas de Coordinación Política durante toda la legislatura. Sin embargo, hay dos temas a resaltar. Primero, mientras en la cámara baja la Mesa Directiva se elige por mayoría calificada, en el Senado se requiere de mayoría simple. Tampoco existe una regla de rotación en esta asamblea, como ocurre en San Lázaro.

Segundo, el presidente de la Mesa Directiva en la cámara alta tiene mayores facultades administrativas que su par en la colegisladora. Por lo tanto, estamos hablando de un coto de poder más valioso para las facciones en pugna al interior de Morena.

¿Por qué Monreal decidió invitar al PES? Por dos razones. La primera, porque si sólo se hubiera apoyado en Morena, quizás Batres le había ganado la jugada, pues alcanzó el voto de 28 de sus compañeros para reelegirse. Con el PES, que por cierto no es un grupo parlamentario al no tener registro, se alcanzó el 50% del apoyo del Pleno. Eso quiere decir que, si hubiera entre el lunes y la próxima semana la salida de senadores de Morena del pacto, el resto de los senadores podría preferir cualquier cosa menos la continuidad de Batres. Para decirlo brevemente, amarrando la votación en la bancada se garantiza que se apruebe en el Pleno.

La segunda razón: Monreal abre el juego a un aliado de Morena en la gobernabilidad de la cámara. Si el partido en el gobierno puede ser punto de veto ante una candidatura del PRI o del PAN, abona a un buen ambiente político la apertura a un partido que ha sido apoyo leal.

¿Qué puede hacer Batres? No gran cosa si no acredita sus acusaciones. Sin embargo, el ejecutivo podría influir en la decisión que tomen los órganos del partido. ¿Se atreverá? Aunque se puede esperar cualquier cosa, Monreal cuenta con la cohesión de la mayoría de su bancada. Por lo tanto, la pregunta sería: ¿apoyaría a un aliado a costa de la gobernabilidad del Senado o cedería ante un legislador de no todas sus confianzas?

Y lo principal: si los radicales de Morena pierden influencia en los cambios de las mesas directivas, la sucesión en el partido podría quedar de pronóstico reservado.

@FernandoDworak