Alito, Robles y los desafíos del PRI

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Recién con la elección de Alito confirmamos que el PRI demostró su incapacidad renovadora, su inhabilitación democrática y su vaciedad discursiva, todo pegado con su imposibilidad innovadora. No cabía esperar otra cosa. Ya antes demostró que fue un error regresar al PRI a la presidencia de México. ¿Qué nos ofrece, hoy? Un anquilosamiento refrendado y una verborrea garantizada, lista para evadirse de todas sus ingentes responsabilidades de desgobierno reciente, bajo un clásico doble discurso carente de fondo, plegado a las frases huecas de todas la vida. O sea: nada.

Alito, el nuevo dirigente, luce viejo. Como le pasaba a Peña Nieto: rostro joven con viejas ideas dinosáuricas de probado fracaso mayúsculo. Retroceso y más retroceso. No va de golpeador verbal, a lo Beltrones, pero lo emula y carece de gracia. Palabras comunes, parloteos que abrevan de la más rancia tradición priista y sin esbozar un rumbo, es lo que ofrece con ellos ante la emergencia de un partido desbaratado con su incapacidad de construir proyecto de país. Lo normal, que tampoco esperábamos mucho más.

Su inhabilitación democrática le viene de lejos al partido. Aunque plantaran candidatos a su dirigencia incapaces de competir, que prefieren marcharse del partido bajo supuesto halo de dignidad del que carecen y cuando de verdad nada tenían qué aportar, sea que partieran antes o después de su elección interna, porque no le van a contar a la sociedad ni quiénes han sido ni qué ha sido su partido.

Y a falta de algo mejor, Alito. Luciendo su rojo chavista, porque al PRI le ha gustado imitar hasta en eso a Hugo Chávez desde la época peñista, adoptando el mismo tono rojo chavista, el discurso dictatorial chavista, que acusa en otros,  inspirado en Chávez, como su populismo –qué eso fueron los gobiernos priistas en mucho– y hasta en las corbatas han metido el rojo chavista. Por algo….. Práctica enfermiza que iguala en su banalidad el gusto del ¡horror! dictador Hugo Chávez, cuyo seguimiento atribuyen a otros, pero que la verdad los priistas emulan con singular y no negada alegría, apropiándose del mismo tono de rojo. Y Alito lo refrenda para sorpresa de todos.

Alito dice que su partido no responde por los vidrios rotos. Qué desafortunada declaración. Que no lo hace porque el partido que todos vimos estuvo secuestrado por una nomenklatura que lo desvío. La desvergüenza no tiene límites, ya se ve. Esa nomenklatura como la llama se jacta de incluirlo a él, porque esa nomenklatura se llamó “nuevo PRI”, el que resultó ser igual que el viejo, el que desfalcó a México el sexenio pasado y tubo a más correligionarios en los archivos de Interpol que en la sede nacional de ese partido. Alito salió de tal y no puede deslindarse, más que en su cabeza. Solo ahí.

El PRI derrotado es lo que hereda Alito y antes que lanzar bravuconadas a la sociedad mexicana amagándola con el indeseable regreso del PRI, como lo ha hecho, debería limpiar la casa, repudiar su reciente desempeño, entregar a la justicia a sus prófugos correligionarios y devolver lo mal habido. Les costó mucho encontrar candidato en 2012. Imposible en 2018. Hoy se ve tarea imposible por impresentables. Cuentan en contra con la herencia peñista, de la que Alito es parte aunque lo niegue y quiera inútilmente deslindarse, con su mal desempeño y con su carencia de credibilidad y de oficio político más que demostrado. Incapacidad por doquier. No hace falta que se deslinde como lo hizo de Rosario Robles, pretextando que ni era miembro de su partido. La gente la ubica perfectamente bien: perteneció al desfalcador gobierno priista, del PRI para más señas, el de Alito, para más burla.

Los electores lo saben, aunque los priistas no lo comprendan. Como igual saben que es de dientes para afuera una sonada cantaleta que es muy frecuente oír entre simpatizantes y miembros del PRI: no negamos que hay miembros perniciosos. Entonces se les pregunta que digan cómo quienes y responden incómodos que algunos o de plano no pueden soltar nombres. Se niegan a condenar el sexenio 2012-18 y aunque la coartada de llamarse perseguidos no les funciona y fracasó su intento de decir que se votó  por otros por odio, pues no queda sino reconocer que se votó por otros porque el PRI no supo gobernar, es que se defienden como gato panza arriba y señalan que ellos saben responder y asumir sus consecuencias. A renglón seguido se amparan o andan a salto de mata como Lozoya. Demuestran que ni deseos de responder, ni de rectificar ni de asumir. No hay manera ni de negarlo esto expresado ni de conseguirlo de ellos. Sus hechos torcidos derriban su verborrea.

Ese es el PRI de Alito, y no otro; ese es el PRI que recibe Alito y al que no va a reformar Alito, porque lo mataría. El PRI nos ha demostrado que no tiene remedio.

Por otro lado, llevamos veinte años oyendo que el PRI se morirá. Y nomás, no. No lo hará mientras se robe elecciones y mantenga sus grupos clientelares. Porque no los olvidemos: los tiene. No morirá mientras los posea y haya gente que siga creyendo que son respuesta. No importa que lo exhiba su insaciable búsqueda de poder, de no soltarlo, de arrebatarlo y defraudarlo con su malhadada necedad de retener el gobierno aunque este más que incapacitado para ejercerlo y así demostrado. Como en el Estado de México. Justo allí en Edomex es donde las cifras en todos los órdenes negativos exhiben la incapacidad priista, desbordada, mayúscula, evidente.

Delincuencia, pobreza, saqueo del erario público, atraso, ingobernabilidad, rezago. Con el PRI, el Estado de México es estado de alerta. Un gobernador ausente y un gobierno desgobernándonos. Priista por más señas. Los priistas mexiquenses responden con ardor y enojo que ¿qué quieren a cambio? ¿a Delfina u otros opositores? ¡Vaya! como si el PRI ofreciera algo mejor. Ofrece lo que no tiene: ya solo queda incapacidad para que retener el estado, cinismo, pues se rumora que defraudando la elección de 2017, si no lo sabe ejercer. Otra vez nos topamos con lo innegable: la sed de poder desmedido del PRI y el mexiquense es una excelente prueba irrefutable.

La ineptitud de Alfredo del Mazo solo es una prueba. Por algo los mexiquenses sostienen que no hay gobernador. No por nada.

Ese también es el PRI que recibe Alito. Con los pies bien clavados en el pasado y carente de todo proyecto futuro para México. Lo que hay. ¿Alito es subordinado de López Obrador? Bueno, esa ridiculez puede engañar incautos o sostenerla solo alguien de priismo trasnochado o de plano, de mala fe, evasivo de sus responsabilidades. El  PRI ya está muy grandecito para ser mangoneado. Y sería muy vergonzoso que los priistas lo permitieran. Si Alito es eso que los opositores a López, afirman, deja mucho que desear de los priistas y confirma su carencia de proyecto. Es muy dudosa esa supuesta subordinación por el solo hecho de que no quieren ser relacionados con López, pensando en el día de su derrota.

Total, que Alito no la tiene fácil, no se le ven ganas de renovar ni prende apoyos ni emociones. No se le ha oído nada novedoso y como opositor a López Obrador y a Morena necesitará más que el ingenio priista de frases huecas tradicionales. Los resultados del PRI gobernando y no de los opositores al PRI, será lo que pese y que no lo olvide: México es sin el PRI, ha sido con el PRI y sobre todo, es muy a pesar del PRI, y eso es la peor carta de continuidad del priismo. Uno priismo mal perdedor, que se nota ardido, el más violento en las redes sociales, el incapacitado para estructurar propuesta creíble de país. Un PRI que no se resigna a una realidad: sus ideas ni son las únicas y mucho menos las mejores. Alito debe entenderlo o fracasará como sus antecesores. Recién la palabra “fracaso” la portan para que la usen de camiseta, mientras no renueve a su partido.  Y el  discurso de Alito lleva un fuerte tufo de halito bucal.

@marcosmarindice