Economía estratégica (2) Planeación vs. intuición

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Cuenta la leyenda urbana que el secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, llegaba a Palacio Nacional a acordar con el presidente Díaz Ordaz el presupuesto federal. Y lo hacía con una hoja de papel cuadriculada y un lápiz. La política económica y la política de desarrollo no se improvisaban cada año.

Cuando el presidente Miguel de la Madrid reorganizó la política económica como función de toda una Secretaría de Programación y Presupuesto, la política económica pasó de la hoja y el lápiz a una compleja matriz insumo-producto que utilizaba decenas de páginas.

Y justo a finales del sexenio delamadridista apareció una nueva forma de plantear las propuestas económicas: el modelo Wharton de escenarios económicos; se trataban de la articulación, vía programa de computadora, de 16 variables mexicanas con interrelaciones para saber el efecto en una de ellas si otra se movía en algún sentido. Este modelo, por cierto, fue creación de Lawrence Klein, quien ganó por ello el premio nobel de economía en 1980 y en cuya escuela de Econometría estudió Rogelio Montemayor Seguy, pieza clave del proyecto económico salinista de 1979 a 1994.

Las lecciones de estas ayudas de memoria tienen la intención de fijar el parámetro de la economía con planeación, una variante de la economía planificada centralizada en el Estado que hizo fracasar el comunismo soviético. El sistema de planeación fue una creación del presidente López Portillo en la segunda mitad de su sexenio y luego asumida por el gobierno de Salinas. Sin embargo, nunca pudo desarrollarse con rigor técnico.

La planeación de la economía no consiste sólo en fijar la filosofía del Estado y sus metas sociales, sino en la definición de objetivos, alianzas y procedimientos para alcanzarlas. La economía es un mecanismo de relojería suiza. Ante ello, el presidente López Obrador envió al Congreso para su aprobación legal un Plan Nacional de Desarrollo 2019-2014 dividido en dos partes: la presidencial que se basa en una estructura de economía política y la de Hacienda que desarrollo la política económica. Sólo que el presidente promulgó en el Diario Oficial su Plan sin el de Hacienda.

Además de las guerras, nada hay más estratégico que la economía. La estrategia es un mecanismo de definición de objetivos finales, de caminos intermedios para alcanzarlos y de las alianzas indispensables: ninguna guerra se realiza sin estrategia, por más tácticas victoriosas se tengan. El presidente López Obrador definió la meta de 4% anual de PIB, pero no planificó la estrategia para lograrlo. Sin planeación estratégica, todo se reduce a la intuición, los deseos y, claro, las decepciones y las justificaciones.

El objetivo del presidente López Obrador de regresar al Estado como agente productivo dominante carece de racionalidad porque el Estado ya no es capaz de sostener un PIB de 4% promedio anual y menos con el defecto de todos los populismos: la debilidad fiscal. Sin sector privado, la actividad económica será baja. Esa fue la gran lección de los populismos de Echeverría y López Portillo: déficit presupuestal, pobreza, concentración de riqueza y PIB bajo.

El falso dilema populismo-neoliberalismo elude el centro del debate: economía estratégica o economía voluntarista.

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