Panamericanos: los atletas cumplieron ¿qué haremos los demás?

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En efecto, se trata de los mejores juegos para una delegación mexicana en todos los órdenes, olímpico, panamericano y centroamericano. Se trató de la mayor cantidad de medallas obtenidas fuera del país al no ser sede, en nuestra historia deportiva;  un tercer lugar en el medallero panamericano desde 1955 y no, no fueron los deportes de siempre, como advertían algunos agoreros. La variedad de disciplinas confirma la afortunada capacidad para conseguir la diversidad deportiva, con el talento y el esfuerzo que no solamente debe de cifrarse en dos o tres deportes taquilleros, sino ser el impulso para toda una delegación, que se infunde nuevos bríos al oír el éxito que van teniendo los colegas conforme transcurren las competencias. Como debe de ser. Enhorabuena por su éxito.

Tal éxito indiscutible denota un esfuerzo sostenido, un apoyo gubernamental real. Esto segundo implica e involucra a varios gobiernos federales, si el apoyo ha sido público. Lo ha habido y miente quien sostenga que no. Otra cosa es cómo fue. Y no nos equivoquemos: cada triunfo es de los atletas. Informarlo no es colgarse nadie la medalla. Como igual es legítimo sentirnos orgullosos de su ingente logro. Uno que nos mueve a analizar cómo y porqué lo alcanzaron, para reforzar apoyos. Y apuntar las razones donde hubo fracaso. 

Ha sido la panamericana, una delegación exitosa que nos ha entusiasmado a miles. No puede ser de otra forma  y va nuestro reconocimiento, porque aún los no medallistas ofrecieron una entrega como pocas y debe reconocerse, también. Quede constancia.

Los resultados de nuestra delegación superadas las metas –100 medallas, se dijo conservadoramente, cuando no cundió el desánimo por las grillas, como bien apuntó Guevara– las satisfacciones y las emociones interminables demostrándonos su coraje, su valentía, su esfuerzo y sus ganas de sobresalir, así fuera partiendo de condiciones de apoyo precario –condiciones de las que no es responsable López Obrador en gran medida y abordaremos el punto más adelante– para todos los aficionados y los mexicanos en general, acalladas conforme transcurrieron las justas de Lima 2019, dejamos de lado el debate para aplaudir sus hazañas deportivas. Ahora es tiempo de retomarlo y no quedarse en el debate. Hay que  emprender acciones firmes, pero inteligentes y dando al clavo en el problema deportivo. Y eso incluye señalarlo.  El deporte mexicano y partamos de que los atletas ya cumplieron, merece apoyos. Ahora es la sociedad y el gobierno mexicano en conjunto, a quienes toca responder.

Debatir es poner los puntos sobre las íes, no apartarnos del origen de los problemas deportivos –apoyo, continuidad, diversificación, corrupción de federaciones, CONADE, el Comité Olímpico y su capacidad de vetarnos si forzamos las cosas– y de pedir cuentas y de exigir responsabilidades. Y estas son heredadas, para variar. No nos equivoquemos. Involucra el actuar, a muchos actores, pero los apoyos bien que deben de provenir igual del empresariado que debería apostarle a nuestros deportistas, lo que implica hablar de los esfuerzos ya realizados, de lo que aún falta por hacer, de los puntos rojos y los puntos negros en el deporte. Todos queremos ver delegaciones exitosas ¿qué hacemos para ello? Siguiendo la línea del tiempo, hasta 2000 fue un desastre injusto. El PAN dignificó lidiando con inercias, en 2012 el PRI casi pierde la estafeta y sus errores casi nos cuestan Lima 2019, como lo fue Toronto 2015 con una sensible baja de medallas y perder oros olímpicos. Hoy se abren posibilidades de apoyo real frente a una meta puntual: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y es positivo el apoyo anunciado y sostenido para tal, a atletas panamericanos y parapanamericanos. Quizás es tiempo ya, de señalar responsables.

Supone todo ello no abandonar a los atletas, fumigar federaciones, apartar a grilleros que dentro y fuera del deporte que viven del cuento y nada aportan a su desarrollo y a la consecución de sus metas. Nos merecemos más éxitos y debemos trabajarlo. Sí, los resultados de Lima 2019 con la mirada puesta en Tokio 2020, advierten que el atraso y el retroceso con el PRI apenas alcanzaron para ser medio corregidos luego de su desaseado sexenio y apenas, apenitas a tiempo, para dar estos frutos, que pudieron ser mejores con más apoyo desde antes y de haberlo sostenido, como no sucedió; luego del bajón y los errores priistas en el ámbito deportivo al inicio del catastrófico sexenio pasado que no superó la mejor delegación olímpica de 2012 con sus múltiples resultados entre el cuarto y el octavo lugar.

Si logramos comprender que en el deporte nos jugamos prestigio nacional, no solo resultados, demostramos infraestructura y entrega, comprenderemos entonces la importancia de la meta deportiva. Y en ello debemos de trabajar todos. Por eso alarman las palabras de Ana Gabriela Guevara al señalar antes de los JP, que el dinero asignado al tema llegaría a agosto. Suponemos que se refería a los Juegos Panamericanos  de Lima, o acaso a los Parapanamericanos subsecuentes. Sí es insultante que un país rico pero mal administrado carezca de mejor presupuesto público y privado, no se olvide, y de mejores oportunidades para su gente. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿dónde está el dinero que sí debería de estar? ¿es que el desfalco priista y de las federaciones que no tiene llenadero y no rinden cuentas claras, tocó a esa asignatura? ¿Qué desfilaron en pants? ¿quién es el responsable de tal desafecto? Recordemos los desfalcos anteriores por ponerlos a la moda. Tampoco se necesita eso.

Y conviene recodarlo: la delegación mexicana invariablemente se compone de gente de distintos orígenes económicos y recibe apoyos diversos. Se suman los nacionalizados como el formidable caso de Risper Biyaki, que nos compensa la deplorable baja de Paola Pliego, quien se marchó por la corrupción de su federación, no por culpa de López Obrador.

Conociendo la realidad deportiva, así como los ciclos olímpicos, sabremos mejor qué gobierno apoyó qué. Pero dígase con claridad: cada gobierno ha hecho lo suyo. El riesgo a falta de presupuesto o no sostener los apoyos, el cerrar un centro de alto rendimiento son temas importantes como para solo politizarlos. Mientras discutimos, el calendario avanza. El cambio de gobierno se ve atrapado en medio de un ciclo olímpico y en efecto, se requiere de un plan integral deportivo. Se ha transitado la primera parte, de Barranquilla a Lima y se cumplió bajo el PRI. Para Morena el tramo corre de Lima a Tokio. Ciertamente que el apoyo de los años del PAN rinden frutos ahora cuando hubo sedes panamericana y centroamericana como Guadalajara y Veracruz, respectivamente.

Los Panamericanos de Lima 2019 advierten que el deporte mexicano enfrenta problemas similares a los de 2000, cuando hubo que iniciar un trabajo de cero para conformar equipos y deportistas exitosos. Nuevamente inercias y complicidades revelan problemas. Definir corruptelas, es avanzar. Por eso es muy lamentable un discurso del atleta Guillermo Ruiz Tomé, que por un lado parece que acierta, pero ante un acto del Senado dio un discurso sesgado en vez de apuntar los puntos clave, perdiendo el rumbo en el tema deportivo. Más politizado que dispuesto a encarar problemas, dejó pasar una estupenda oportunidad usada solo de ariete para los apoyos a sus similares y como trampolín político. Su dicho suena desapegado a la realidad económica del país. No sabemos si al menos la palpa, aunque en sus contradicciones reconoce que por diez años hubo disminución de presupuesto al deporte, mientras dice que no entrenan solo desde este sexenio.

Los deportistas dieron la batalla. Merecen que el país la de por ellos. Y sí, una frivolidad resultó ponerle una medalla a López Obrador. Pero no es lo importante.

@marcosmarindice