Raquel Buenrostro y el rostro malo de la 4T

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El pretexto es bueno, los argumentos débiles y los daños mayores. El presidente Obrador, torna poco a poco aquel plumaje del poema de Salvador Díaz Mirón, que evocara, refiriéndose al ataque de sus adversarios, el plumaje que cruza los pantanos y no se mancha, lo mudó paulatinamente a plumaje de ganso, para hoy tornarse en pato. Porque ante los abusos de sus subordinados, simplemente o no esta enterado o se hace pato. La reciente manifestación nacional multitudinaria que cerró las principales carreteras del país, el poco espacio de difusión dedicado por los medios de comunicación, comparado con el daño y molestias a la población, fue desproporcionado. Pero las decisiones que han privado de sus trabajos a personas que nada tienen que ver con la política y sí con la eficiencia de las oficinas de gobierno, por ser simplemente los que conocen las entrañas de la administración pública y de las instituciones, que les ha tocado ser como cualquier recurso material, como algún instrumento o maquina que por su experiencia y conocimientos están al servicio de los requerimientos de su trabajo, que son ajenos a la política, esos personajes que existen en todo el universo de la administración pública, todos ellos que solo viven de su salario, que responden a las necesidades e instrucciones de las instituciones y los titulares en funciones, esos que arrastran el lápiz de quien depende y ha dependido la operación real y eficiente de las dependencias ¡los están corriendo! No me refiero a los burócratas que sin hacer nada llegaron ahí por recomendación y nunca supieron su función.

No me refiero a los que sobreviven haciéndole el trabajo sucio al jefe, haciéndole la barba al jefe en turno –que también los hay– esos que también llevan muchos años así en la intriga de oficina, de caimebien con el jefe en turno. No. esos son otros y cada jefe al llegar los identifica también. Me refiero a los que conocen su institución y aman su trabajo y se esfuerzan por hacerlo lo mejor que pueden, a veces incluso a pesar de la ignorancia de sus jefes, tienen la capacidad –cuando sus jefes les permiten– a señalar las consecuencias de las decisiones equivocadas del titular y les ayudan a corregir sus decisiones equivocadas y a hacer mejor su trabajo. A esos los están corriendo. Los hostilizan, los lastiman, los ofenden, los presionan para que renuncien o les reducen sus salarios –a pesar de que la ley laboral protege a todo trabajador para mantener las conquistas y prestaciones que se han ido logrando son su trabajo y esfuerzo, a esos que de un plumazo de pronto deciden bajarles el sueldo al mínimo, a esos que no tienen más fuente de ingresos que su salario y que de pronto les quintan el sueldo así nada más, esos que hoy tienen inundadas las filas de quejas de la Procuraduría del trabajo y las juntas de conciliación y arbitraje, que son pateados en sus derechos laborales, aún en contra de la Constitución, esa misma Constitución que jurara el mismo presidente Obrador. Todos ellos también, aunque como el Presidente ha dicho, que le caen mal, como los fifís, estos no son fifís pero también son mexicanos. Algunos que presentaran examen en el servicio público de carrera, y creyeran en él, también han sido despedidos sin respeto a los exámenes presentados, despedidos por la actitud prejuiciosa y resentida que privilegia la militancia e incompetencia sobre la responsabilidad y el conocimiento.

A lo largo de todos los gobiernos ha habido personajes obscuros e innombrables, cuyo trabajo y decisiones se pierden en el escalafón de la burocracia pero su mano y voluntad ha dejado muchos hogares sin sustento, muchas familias sin ingresos y algunos suicidios, con el pretexto de cumplir con los recortes que demanda la administración Pública, ahí esta de la Madrid en su momento desde la Secretaria de Programación y Presupuesto, luego Carlos Salinas de Gortari en el proyecto tan satanizado por el actual presidente, refiriéndose a los “neoliberales” ahí está también Zedillo, unos con más y otros con menos saña, pero la guadaña pasa de igual manera “renovando” al aparato burocrático, pero todo eso ha tenido y tiene nombre y apellido. Hoy el nombre de Raquel Buenrostro Sánchez, ha impactado toda la administración Pública, ya lleva muchas renuncias de funcionarios en su corta estadía en la Administración Pública, unos dicen que es la mano derecha del presidente, otros, que es el genio negro de López Obrador, la que hace el trabajo sucio, por ello Obrador no permite que se mencione ni se le toque ni con el pétalo de un reportaje, no obstante, haber sido mencionada por el ex director del IMSS, el Secretario de Hacienda y por otros funcionarios que ya han renunciado y los que con frustración contenida también la mencionan y le temen. Debajo de Obrador, todos los funcionarios y gobernadores incluido su jefe el Secretario de Hacienda, también le temen. Y le temen porque es la encarnación del mismísimo presidente de la república. Ese Presidente que siguen empecinado en creer que todo lo que fue antes es malo y que solo lo que el implementa es bueno y no es corrupto, ese mismo presidente que sostiene que antes de él, el diluvio y después de él, la gloria, la tierra prometida, que no alcanza a comprender la diferencia entre eficiencia en el gasto y ahorro despiadado en perjuicio del servicio público. Ese rostro impávido, calculador e insensible a las necesidades de la operación de la Administración Pública, que cumple a rajatabla el capricho de su jefe, no al que orgánicamente le debe obediencia, el Secretario de Hacienda, no, sino al que la puso y el ordena que es el Presidente Obrador, a quien nadie, absolutamente nadie puede sensibilizar de las necesidades del Pueblo traducidas en la Administración, al que Secretarios, el gabinete, incluido el ampliado, le temen, junto con todos los gobernadores del país y no pueden convencer de las necesidades de recursos que requieren para cumplir eficientemente con su trabajo.

Nadie ha podido convencer a Obrador de que eficientar a la administración no es ahorrar, si eso fuera, si pagamos con cacahuates es más económico pero solo podríamos contratar changos, contratar profesionales cuesta, vamos, el mismo lo sabe y no quiere comprenderlo y menos aceptarlo, por ejemplo: porque el día que le dio el infarto en 2013 no fue a un hospital público a atenderse, fue a Médica Sur, lo mismo hizo cuando su hijo menor se fracturó. Eso le costó mucho dinero, pudiendo ahorrárselo si hubiese hecho uso de los servicios médicos públicos. Si eso no le sensibiliza, entonces, no habrá poder humano para corregir y para elaborar diagnósticos, medir las consecuencias las bondades y contradicciones o perjuicios de una decisión, su impacto en un importante sector de la sociedad, con el estribillo ofensivo e insulso de estar combatiendo a la corrupción o simplemente porque maneja otros datos.

Evidentemente nunca habrá una manifestación pidiendo la renuncia de Raquel Buenrostro, o porque no lo saben o porque saben que antes renunciaría el presidente que permitir despedirla, es su alter ego, su consciencia su mano dura.

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@eduardosadot