Obradorismo y el populismo

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Cipriano Flores Cruz

Los opositores al nuevo régimen político en construcción, la Cuarta Transformación y a su líder Andrés Manuel López Obrador, lo han tachado de populista, con ello han querido asignarle a su gobierno un carácter negativo y perjudicial para México.

Por lo anterior, vale la pena acercarnos a la teoría del populismo más aceptada, puesto que existen diversas teorías, desde el populismo ruso, el latinoamericano, el de Estados Unidos, representado por los presidentes Obama y Trump.

Es posible afirmar que el populismo es una cara de la democracia, nace de ella, sólo en determinadas ocasiones se puede convertir en su otra cara, en un peligro para ella. Existe, por tanto, una relación entre populismo y democracia.

El populismo, es entonces, un estilo de gobierno o un modo de gobernar, que pretende hacer de la voluntad popular el eje fundamental de la acción gubernamental y la de buscar siempre, una relación directa con el pueblo por parte del líder o del Presidente de la República, en su caso.

La cercanía con el pueblo y la fuerza de su participación distingue el estilo populista de gobierno. Está muy lejos de toda concepción elitista y burocrática de la política. En este sentido, en los primeros meses de su gobierno, el Presidente López Obrador ha insistido en la necesidad de su contacto permanente con la gente y de su participación organizada en las decisiones gubernamentales. Sus giras semanales en el territorio nacional y su arenga a los públicos reunidos son ya estilo de gobierno. El Presidente se siente cómodo y satisfecho de ello.

A diferencia de la democracia tradicional, que otorga a los ciudadanos elegir entre distintos candidatos que compiten por los cargos de representación política, una vez obtenido el voto mayoritario gobiernan en nombre del pueblo, en el populismo, además de esto, exige la constante participación popular mediante distintas formas, destacando la consulta y la información constante de las labores de gobierno. En esto se distingue muy bien el gobierno obradorista.

Desde luego, la participación constante del pueblo ha sido distinción de otro tipo de modos de gobernar dentro de otro tipo de gobiernos no democráticos como el fascismo, el nacionalsocialismo, el gobierno bolchevique, los gobiernos demagógicos, gobiernos que apelan a razas, las dictaduras de todos los signos. De ahí que el populismo corre el peligro de descomposición que sus opositores alertan constantemente. Las tentaciones del populismo son amplias y variadas. Los opositores al obradorismo le recalcan cualquier signo que signifique una identificación con tales gobiernos, en su caso, algunos ya le señalan tales características.

Regularmente, los opositores del populismo no son los demás partidos, incluso se manifiesta como movimiento más que como partido, sino los regímenes políticos, las estructuras de poder, las élites políticas. Considera que son los principales enemigos de la voluntad popular. El populismo es antisistema por definición, por lo regular, al llegar al poder, plantean un cambio del régimen político prevaleciente, es tremendamente crítico al régimen inmediato. Desde luego, el obradorismo cae dentro de esta definición.

Por naturaleza, el populista siempre pretende hablar en nombre del pueblo, está en su naturaleza, no lo puede evitar, el pueblo le infiere legitimidad para desbaratar las estructuras de poder oligárquico. Para lograr esta vinculación con el pueblo debe hablarle con un lenguaje directo, llano, simple, explicarle de manera didáctica las labores de gobierno. Pretende siempre gobernar desde el pueblo y no desde las oficinas burocráticas. El presidente populista tiene que ser muy parecido con el ciudadano más simple y común, su identificación no es solamente de estilo, sino también de cultura, de costumbres y tradiciones.

En el populismo la política se concibe como misión, incluso como una misión evangelizadora. Predomina en sus acciones la ética de la convicción más que la ética de la responsabilidad. Los valores, principios, juegan un papel fundamental en el modo de gobierno populista. Al ser una misión el gobierno, debe sujetarse a cualquier sacrificio en el desempeño de sus funciones, el gobernar es un servicio, es un mandato del pueblo. Está más cerca de una religión que de una ideología.

Le es inherente el populismo un líder carismático, un ser formado en la lucha social, no es producto de ascensos burocráticos. Le imprime un sello especial a su gobierno. La trascendencia de sus actos siempre será buscada de manera natural. Actúa, por lo regular, bajo cálculos de reconocimiento popular, es un político de su tiempo, está ahí por las condiciones políticas, es un político para tiempos específicos.

El obradorismo y el populismo que hemos señalado sus contornos son identificables, se debe recalcar que nace de la democracia, apelar al pueblo lo hace significativamente democrático, desde luego, esta es una afirmación que los críticos del populismo pueden no compartir. El obradorismo y el populismo parece que van de la mano.

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