Economía mexicana: disparates y desatinos del análisis

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Cuán trabajoso resulta hacer análisis político en el actual sexenio. La de zarandajas y desinformaciones que circulan disfrazadas de sesudas reflexiones y supuestos profundísimos dictámenes, que desembocan en presuntos sapientísimos veredictos que son verdaderas tomaduras de pelo; que en realidad demuestran el desconocimiento real de los temas, con infundadas o temerarias conclusiones o de plano, sesgos informativos tan profundos que en tales son insoldables la verdad y la requerida objetividad cuando se aborda algo tan serio como, por ejemplo, entender exactamente dónde estamos parados en materia económica.

En esa tesitura, el tema se complica ante los asuntos de relevante actualidad y significativa importancia para todos, que no lo son solo para López Obrador o sus malquerientes o sus simpatizantes. Para todos. Y la economía es uno de ellos.

Así, el esperado y puntual anuncio del Inegi informando la tasa de crecimiento de la economía mexicana hasta junio de 2019, ha dado para todo un caudal de despropósitos, revolviendo temas y en consecuencia: desinformando.

El mejor ejemplo de lo que no ayuda a conformar una opinión pública informada y por ende, responsable de sus juicios, que merecen ser asertivos y acertivos y no extraviados como producto de consumir desinformación y odio vertido en medios que no pretenden informar, consiste en lanzar apreciaciones sin pies ni cabeza. Ergo, los diagnósticos que sabiondos usan para “explicar” la realidad económica, van sin diferenciar temas y conceptos, están plagados de anatemas y usan cual si fueran sinónimos, palabras y expresiones tales como recesión, recesión técnica, crisis, desplome, desplome de la economía, desaceleración, estancamiento, retroceso, contracción o decrecimiento. Y no son lo mismo. Tal conducta da al traste con su intención de informar, si es que lo hacen de buena fe.

¿Cómo se puede uno enterar a cabalidad de la situación real de la economía nacional usando a diestra y siniestra y sin ningún criterio científico económico visible –ya no digamos informativamente ético– tales expresiones, que parecen manifestadas de mala fe o con una ignorancia supina, porque cada cual no son lo mismo? ¿Cómo puede ser que existan dictámenes tan distintos al valorar el fenómeno económico? Y especialmente, el mexicano. Imposibilitan saber el estado real de las cosas.

Cruce usted estos vocablos y expresiones con datos como el incremento real de las exportaciones, con la no creación de empleos, la confianza de inversionistas extranjeros que apuestan por el país o la estabilidad en la cotización peso-dólar, y la confusión es mayúscula, y aquí sí, frente a los agoreros del desastre, vemos las cifras diversas que advertirían que los datos del Inegi no pueden ser el único indicador y todos suponen tener muy diversas lecturas. ¿Y las calificadoras? Descalificadas por sí mismas, por su opaco proceder y sus corruptelas del pasado en Norteamérica y Europa. Así que solo resta pasar de ellas e ir a otra cosa.

Para complicarla: la CEPAL advierte que la región crecerá 0,5% y ‘región’ es muchos países y advirtamos que más de uno creció más que México mientras gobernó el PRI o el PAN, como para ahora lanzarse de un quinto piso los detractores de López, que antes se callaron el estancamiento registrado en años previos. No venimos de una bonanza priista y panista. Y luego hay que reconocer que el PRI no dejó el país andando. Si lo desfalcas, es imposible.

No cabe duda que se requieren análisis más responsables a la hora de abordar temas económicos. No puede ser que medie la animadversión a López Obrador para pronunciarse, lo que resulta un despropósito que solo abona a confundir un panorama económico que no es sencillo.

Desde luego que es importante seguir el curso de la economía, pero siguiendo lo expresado en el párrafo anterior, nadie se adentra a explicar porqué se llega a esta cifra calamitosa del 0,1%. Es más fácil leer que ello nos convierte en Cuba o que por serlo, llegamos a tal. O si el ingenio aflora, porque Venezuela ya lo somos por decreto de los opositores a López Obrador, que lo han decretado, sin demostrarlo, que es lo grave. Y es que resulta que esas posturas chabacanas son facilonas, más que formular y leerles explicaciones cuerdas e informadas sobre las causas de tales números. Tal incapacidad no es culpa de López Obrador. Y sí abona en contra de una oposición  responsable que no lo es y no lo está siendo hace ya tiempo.

Al final se antoja muy complejo concluir en dónde estamos parados. Lo que resta descartar es que somos socialistas, que ya somos Cuba o Venezuela. Pasemos a lo realmente serio e importante: la economía mexicana. A ver quién le entra.

@marcosmarindice

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