Sobre la “reelección” del presidente de la Cámara de Diputados y otros engaños

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Es malo reaccionar ante un problema político, pues casi siempre hay intenciones ocultas, lecturas tácticas y sobre todo, reglas. Tal es el caso de la intención de la diputada Dolores Padierna por que Morena repita en las presidencias de la Mesa Directiva del Congreso, ya que considera se evitarían obstáculos a la agenda de Morena. Por ello presentó una iniciativa para que un grupo parlamentario mantenga la presidencia de ese órgano en la Cámara de Diputados si tiene la mayoría de asientos. ¿Cuál es su verdadera intención?

Todo órgano legislativo requiere una instancia que guíe las sesiones, conceda el uso de la palabra, dé turno a las iniciativas que se presentan al Pleno, llame a la fuerza pública para resguardar a la asamblea y ponga orden en caso de interrupción de los debates. En la mayoría de los países tiene además atribuciones como analizar y dictaminar las declaraciones de procedencia o “desafueros” y supervisar los estándares éticos de sus compañeros.

Se necesita de un presidente de Mesa Directiva que tenga la total confianza de sus compañeros, y eso sólo es posible a través de una especialización a través de la permanencia en varias legislaturas. Es decir, un legislador iniciaría como secretario de la Mesa, luego vicepresidente y al final como presidente, porque tiene un perfil idóneo y ha desarrollado una reputación de imparcialidad. Esto requiere de la posibilidad de reelección inmediata.

En México la no reelección inmediata ha generado presidentes de Mesa Directiva débiles: nadie fortalecerá a una persona si la interacción dura sólo tres o seis años. Aunque el presidente en el Senado tiene algunos poderes para manipular la agenda como decidir turnos a comisiones, su colega en la Cámara de Diputados está sujeto a las instrucciones de la Junta de Coordinación Política a través de la Conferencia para la Dirección y Programación de los Trabajos Legislativos.

¿Sería un golpe a la democracia que se pueda reelegir un presidente de Mesa Directiva? En realidad, no. Incluso sería saludable que pudiese permanecer a lo largo del tiempo. Más grave es que, de acuerdo con la Ley Orgánica del Congreso, corresponda la presidencia de la Junta de Coordinación Política durante toda la legislatura al grupo parlamentario con mayoría, pues eso sí implica un control monolítico. Pero no genera tanta atención.

Tampoco la iniciativa de Dolores Padierna es necesaria: el Congreso es autónomo para definir sus reglas, aún cuando eso implique violar a la Ley Orgánica o los reglamentos a través de un acuerdo parlamentario. Así se decidiría en caso que hubiera una crisis a finales de agosto.

En todo caso, hay problemas prácticos a considerar. El primero: la concentración de poder que traería el control de las mesas directivas además de las Juntas de Coordinación Política enrarecería la gobernabilidad interna al no dejarle espacios de poder a los partidos, por más simbólicos que puedan resultar.

Segundo problema: el discurso de Dolores Padierna atenta contra la esencia del parlamentarismo. Si el papel de un presidente de Mesa Directiva es mediar entre posturas encontradas y se espera que sea un perfil confiable, la intención de colocar a un agente partidista dinamitaría al Congreso desde adentro.

Finalmente, si la iniciativa de Padierna no es necesaria, debemos verla como parte de la lucha por la dirigencia de Morena, obligando a Mario Delgado a radicalizarse frente a los partidos y violando el principio de rotación de la Mesa Directiva según la Ley Orgánica.

¿Qué sería lo deseable? Primero, un pacto entre los partidos para postular a la Mesa Directiva a perfiles idóneos por su confiabilidad y neutralidad en la conducción de las sesiones. Esto sentaría antecedente en 2021 para definir las futuras mesas con legisladores ya reelectos, fortaleciendo la institucionalidad interna.

Segundo, estar atentos al grupo de legisladores de Morena que apoyen a Padierna: si alcanzan una tercera parte del Pleno, puede ser punto de veto para nombrar a la Mesa Directiva a finales de agosto. Si no, podría complicarle a Mario Delgado las negociaciones para la renovación de esta instancia, pero si lo logra se vería fortalecido en sus aspiraciones para dirigir a su partido.

@FernandoDworak