A la prensa…

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“Portarse bien” tiene muchas lecturas. Las mismas y tantas como las que se le dan a las palabras de López Obrador todos los días, desde la prensa misma, con sus capítulos de espacios de opinión, incluidos.

Así, una lectura sencilla a estas palabras de “portarse bien”, implica desde luego y también, un reclamo al proceder de muchos medios. Esos que han perdido lectores y seguidores porque el sexenio pasado, muy marcadamente el pasado, callaron y alcahuetearon a los anteriores. Ofendiendo así, la inteligencia de los ciudadanos. Allá ellos, que sabrán su rating actual, pero los movimientos en medios durante el año que corre, advierte que lo resienten y no desconocen las causas.

Días atrás se decía que el 95% de los comentaristas son antiLópez. Yo no lo creo. La prensa está, en efecto, para señalar. Así que la gente sabe dónde fijar su vista en el trabajo periodístico. Y sabe dónde buscar. Da igual si el proceder de los medios es entonces el “portarse bien”.

Y donde sí hay un déficit enorme en la presa nacional, gigantesco, lo sigue siendo en las medias verdades que a diario leemos en ella. Un día, sí y otro también, convergen dos fenómenos: las tergiversaciones de los hechos con lecturas desde ciertos medios a modo y el regreso del golpeteo periodístico no inocente, sino bien identificado con ciertos intereses políticos, similar al del año 2000, al no gobernar el PRI.

Las posturas de muchos medios, más que informativas, son tendenciosas e incompletas, y que obligan a quien sigue la información a diario, a tener que revisar varias fuentes no solo por ejercicio, sino sobre todo si no se quiere evitar el caer en noticias falsas, mal contadas, cuando no falseadas. Y el público lo sabe, por si a alguien le importara saberlo. Una labor apasionante es la de desentrañar intenciones informativas y completar o enmendarle la plana a más de dos en las medias verdades que enarbolan, conduciéndonos a la pregunta de: ¿qué se pretende contando las cosas de esa manera, sino generar el odio y el desprecio al mandatario de turno? O hay falta de profesionalismo, más grave aún.

¿Aplaudir al presidente con un “portarse bien”? dudosamente. López no es Peña Nieto y su “ya sé que no aplauden”. Desde los medios parece mentira que se trate al público como si fuera ignorante, y a López como un recién llegado a la política en este asunto. Si algo no han podido conseguir de López desde cierta prensa, es doblegarlo. Con o sin aplausos. En estos días un medio titulaba su encabezado diciendo que el presidente se empieza a desesperar con la prensa. No. En realidad es al revés: exactamente al revés: es la prensa, cierta prensa, que no lo ha podido doblegar, la que se nota desesperada. Que no obtiene su renuncia, sus disculpas o su “lo siento mucho” a lo Juan Carlos I en 2012 luego del affaire de Bostwana. La impaciencia vertiendo improperios parece venir de una prensa que, hasta donde se sabe, ha perdido los papeles aunque no ha sido amordazada en este sexenio, como lo fue en el sexenio priista recién concluido. Hasta donde se sabe. El público asume y decide frente a ella.

Portarse bien puede ser más complejo de lo que aparenta. No torcer la verdad, sería la premisa. No andarse con maniqueísmos, no omitir, no mentir….Pueda ser más dramático el llamado que un burdo supuesto control dictatorial, que eso conviene decir a ciertos sectores y nos convierte en Venezuela, porque Cuba, ya se sabe, ya lo somos, por decreto de los opositores, ya se sabe, también.

Residir en Palacio Nacional lejos está de ser el trasladarse a un palacio versallesco. La promesa de campaña de hacerlo, desde 2006, se cumple. Ya está. La residencia oficial de Los Pinos ha cesado. La que nos costaba un Versalles, sin serlo. Lo de ahora son dependencias ya existentes construidas o remozadas desde Felipe Calderón, y no son un palacio versallesco. No suena práctica la mudanza, nos permite preguntar qué pasará el sexenio siguiente y desde luego, ojalá que los visitantes, los ciudadanos, no vean menguado el acceso a las partes que hoy se permite visitar en el histórico recinto. Lo demás como en este caso, ha sido como siempre, contaminar cosas sencillas en aras de intereses no claros.