Hacienda: ¿haciéndose hacendaria?

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Una carta de renuncia directa y sin ambages, que por fortuna se aleja de las engoladas e hipócritas frases del pasado reciente pretextando renuncias sonadas y requeridas basadas en “motivos de salud”, y un secretario de Hacienda que daba confianza a los mercados, pero no al suscrito como ciudadano autor de esta columna, al verle escurridizo, de bajo perfil, evasivo –porque no todo fue que su PND supiera a neoliberal o que se confrontara con no sé quién– relevado por otro secretario que tiene las ideas claras, así no fueran las más populares ni para el presidente y muy posiblemente para millones de ciudadanos, es algo positivo. Herrera puede cavar su tumba de conseguir ejercitarlas, y la verdad es que todo esto no es tema que nos deba dejar boquiabiertos. Es un clásico “mucho ruido y pocas nueces”.

Son de esas notas que hacen más una tormenta en un vaso de agua que otra cosa. Nunca es buena una noticia como esta. La renuncia de un secretario de Hacienda no es positiva, jamás. Y menos motivada por diferencias en el gobierno al que pertenece. Pero de eso a tirarse de un quinto piso, a decir sandeces como que el gobierno mexicano hace agua o asumir con cierto ánimo timorato, que ya somos Venezuela, hay un trecho enorme que llama a broma y a un análisis superfluo e irresponsable.

La tranquilidad recuperada en los mercados al saberse el nombre de Arturo Herrera como sucesor, luego del sí, trance momentáneo vivido en ellos por la renuncia atropellada de Carlos Urzúa, era la invitación perfecta para la mesura en las reacciones y la sensatez de los análisis, ambos elementos brillantes por su ausencia entre una comentocracia cegada por su desprecio a López Obrador. Cegada que la imposibilita por ella misma y de manera alarmante –porque se requiere de una oposición inteligente que escasea– a ser objetiva sin conseguirlo y eso es grave, porque se requiere esa objetividad para conducir una oposición responsable. Una lástima, porque perdieron el suelo. Cuán difícil de obtener la sensatez necesaria entre un sector de la sociedad que se niega a entender que no todo pueden ser sobresaltos sin entender ni desearlo así, a cualquier proceso que conduzca a los hechos concretos que son de relevancia pública, sean cuales fueren; ni todos los acontecimientos dan para exaltar cosas que a la corta y a la larga, tienen efectos nimios y este es el caso. Así sea una renuncia en Hacienda, como pasa igual con calificar de desplome, cualquier número alusivo a este gobierno. Exageraciones que venden, pero no son objetivas.

Dejemos así, prácticas erráticas por citar un caso, como el error de la sobada teoría de que Sánchez Cordero no tardaría en caer después de Germán Martínez –asegurándolo son pestañear– y sería la siguiente en hacerlo. Pues no lo fue. Fue Urzúa. Pero mientras… los analistas se alzaron el cuello cual su costumbre, jugándole al “pitoniso”, aunque de gitanillos de mal agüero no pasaron de ser. Es lo que tiene jugarle a las adivinanzas y no a hacer Ciencia Política, medrando con la opinión pública.

La renuncia del secretario de Hacienda Urzúa, bien que se describe en su carta. Que nos confunde porque ya no sabemos si en realidad con él era el pleito de Germán Martínez –que nos aseguró que sí– y que rebela que va en serio la contratación de compras consolidadas en una suerte de ventanilla única que pone orden, deje usted en plano de austeridad, sino dirigido en directo al desastre y al despilfarro priistas. La medida es ruda y desde luego, impopular. El secretario saliente ha sido víctima de esas durezas.

En efecto, si al saliente secretario no le cuadraban las cuentas entre recaudación y gasto, debió ser atendido desde el Ejecutivo. Ya se ve que no, o eso dicen. Para que vea que si en verdad López es sordo, entonces no es Chávez. Hugo Chávez podía ser lo que se quisiera, feo, inclusive, pero se lo advertía a su ministro hacendario: “no me toques los números, me frenas, si ves que los rebaso…”. Pues bien, a juzgar por la melodramática misiva de Urzúa, ya se ve que ambos personajes, Chávez y López Obrador, no son los mismo. A ver qué hace con eso los opositores de López Obrador, que nos aseguran que sí lo son.

Alguien me ha expresado que de todas formas López Obrador mandará en el tema hacendario, sea quien sea que se ponga en el puesto de secretario de Hacienda. Mi respuesta es: si Herrera permanece y no se hace Dos Bocas, ganará y mandará López. Si Herrera se marcha, mandará López. Pero… si Herrera se queda y no se hace Dos bocas, mandará Herrera. Al tiempo. A diferencia del priista Videgaray, Herrera en su primera conferencia de prensa se ha mostrado conocedor del tema hacendario, no es un improvisado como sí lo fue el priista Videgaray y es conocido en círculos financieros internacionales, cosa que no era el caso del amiguete de Peña Nieto y así de mal nos fue. ¿Las calificadoras nos tratan mal en el desempeño de este gobierno y acaso, con este suceso? Se entiende que semejantes corruptas no celebren cuando un país deja de entregarle sus riquezas –los bienes de la Nación– en bandeja de plata en las manos de sus bien e inmerecidamente calificados apadrinados. Tanto monta su inopinada y desvirtuada opinión, tantas veces tan adversa y opaca, cuando no corrupta.

Por último, cuando renunció el secretario Urzúa, los opositores a López decían que se fue de lo mejor del gabinete. Inexplicable halago que se acompañaba de reprobar a López Obrador, cuando llevan 7 meses denostando al gobierno López Obrador al completo, así de sencillo y Urzúa incluido. Lágrimas de cocodrilo pro Urzúa es lo que vierten, que no se cree nadie, al grado de que en el éxtasis de su desprecio a López parecía que escuchábamos una hagiografía de San Carlos Urzúa. ¡Qué sea menos, por favor! Más congruencia y menos pose a la hora del análisis, para no manipular a la opinión pública.

@marcosmarindice