¿Qué sigue en Hacienda?

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Se marchó Carlos Urzúa, inconforme con la forma en que “se toman decisiones de política pública sin el suficiente fundamento… y que toda política económica debe realizarse con base en evidencia,” lo que no es el caso. Agregó que “resultó inaceptable la imposición de funcionarios” sin conocimiento de la Hacienda Pública, por parte de personajes influyentes con patente conflicto de intereses.

Al anunciar que su sucesor sería el subsecretario Arturo Herrera, el presidente López Obrador no resistió la tentación de denostar al funcionario saliente “de no estar conforme de (sic) cambiar la política económica que se ha venido imponiendo en los últimos 36 años,” y afirmar que todo se logra “sólo acabando con la corrupción e imponiendo la austeridad republicana,” ¡prodigioso!

Estas palabras indican que sigue sin entender que conservar los equilibrios económicos exige mantener finanzas públicas sanas, política monetaria sensata y cuidar la confianza de los inversionistas, lo que sucederá al haber un Estado de Derecho efectivo y un gobierno que actúe con coherencia y buen rumbo.

Según señalan fuentes informadas, la gota que derramó el vaso y forzó la mano de Urzúa, fue el malhadado plan estratégico de Pemex, que está por presentarse el lunes próximo, y que para Hacienda está lejos de cumplir con los requisitos esenciales para mantener el grado de inversión de la empresa.

De ser este el caso, no sólo vendría la descalificación de Pemex sino también de la deuda soberana, lo que acarrearía salidas masivas de capitales de inversionistas institucionales que aprovechan las elevadas tasas de interés que se obtienen en México, que se verían obligados a desinvertir por esa situación.

Hace años escribí que “un secretario de hacienda exitoso requiere de dos condiciones básicas: tener la capacidad técnica necesaria y contar con el irrestricto apoyo presidencial para mantener las finanzas en equilibrio y la deuda bajo control.” Creo que Herrera tiene las calificaciones pero no el respaldo.

Afirmo lo anterior porque en el anuncio presidencial y en su categórico respaldo a los talibanes en su gobierno, no hay lugar para equilibrios de ninguna especie, cuando de lo que se trata es de ejecutar sus caprichudos proyectos y cometer el “austericidio” del sector público para contar con más lana para regalar a todos.

Mi certeza que no alcanzará el dinero que quiere, y al mismo tiempo sostener el equilibrio en las finanzas públicas, se debe a que la esencia del presidente, además de ser mesiánica y populista, es reacia a procesar y aun menos aceptar cualquier opinión que remotamente contradiga su visión del mundo.

Ello implica que el manejo de las finanzas se irá, como dijo Luis Echeverría en 1973, ya no a Los Pinos, hoy convertido en el anexo cultural del zoológico de Chapultepec, sino del extremo norte del Palacio, dónde despacha el secretario de Hacienda, al extremo sur, dónde está por colgar su hamaca López Obrador.

¿Será el prolegómeno que se nos viene encima una crisis financiera?

El autor es consultor en economía y finanzas internacionales en Washington DC y ha sido catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>