Historia verdadera del 6 de julio de 1988

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El domingo 6 de julio a las 6 de la tarde en Marina Nacional 162 en las instalaciones de la Universidad Tecnológica de México, precisamente en el centro de cómputo Thomas Watson, justo en la computadora IBM 4381 (en México sólo había 2 de esa capacidad: la otra estaba en la Secretaría de Gobernación que llevaba el conteo de la elección de ese día). Allí estaba el vórtice de la acción.

Hacía unos días habían asesinado a los responsables del conteo de esta elección. De forma sustituta utilizamos las instalaciones de mi centro de trabajo, donde era yo el director general. Una vez cerradas las casillas, empezamos a recibir información de la Secretaría de Gobernación y de los centros de cómputo en el país, que había instalado el Frente Democrático Nacional.

De inmediato empezó a definirse estadísticamente una tendencia: Cuauhtémoc Cárdenas 37 por ciento de los votos (Frente Democrático Nacional). Carlos Salinas De Gortari del PRI (23 %) y Manuel Clouthier del PAN 17%. Lo demás no contaba.

La información del gobierno, la oficial, llegaba con dificultad, con interrupciones ocasionales. Aproximadamente a las 10 de la noche, el sistema se calló y se cayó oficialmente. Sin embargo, continuaba llegando información alternativa de los panistas, formal por parte del Frente Democrático Nacional, pero ya no la de Manuel Bartlett, fallido director de la Comisión Federal de Electricidad actualmente y mapache de la elección de Carlos Salinas de Gortari. Iniciaba el escándalo nacional.

No había dudas populares del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas, ni de la derrota de Carlos Salinas. Tampoco se refutaba el buen trabajo electoral de Maquío, que le dio votos suficientes para obtener un tercer lugar consistente.

En esta larga lucha electoral estaban Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, los ex comunistas que se habían unido a últimos tiempos, la llamada Corriente Democrático, la UNAM que se había integrado a la misma en un mitin multitudinario, los politécnicos admiradores del general Lázaro Cárdenas, Manuel Marcué Pardiñas… yo había participado desde un año antes en la campaña del ingeniero Cárdenas tanto en el estado de México, en el Distrito Federal y en Zacatecas, donde fui electo diputado federal de la LIV Legislatura.

No nos acompañaron en aquella lucha democrática del 88, ni el hoy policía Durazo, ni Alfonso Romo, tampoco el consuegro de Carlos Slim hoy secretario de Turismo, ni Riobó, ni Jiménez Espriú, ni doña Olga Islas, ni el Napito. Ricardo Monreal era salinista y lo sigue siendo. Marcelo Ebrard ya estaba con Manuel Camacho. Los que dirigen hoy las televisiones oficiales: Sanjuana, Álvarez Lima, tampoco nos acompañaron. Esteban Moctezuma era priísta. Todos estos, que hoy gobiernan, no son de izquierda y no lucharon por este cambio. Eran, no solamente aliados fundamentales del priísmo, sino actores del mapacheo de esa época.

Los que luchamos por la democracia en México, lograda en 1988, estamos fuera del gobierno. Muchos por voluntad propia. Otros porque no fueron llamados a misa de 7 de la mañana. Pero eso no tiene valor. La Cuarta Transformación no ha llegado y nunca va a llegar. Debía arribar como lo hizo la Quinta República de los tiempos de Charles de Gaulle: ese sí fue un compromiso en serio. La de hoy es una frase sin sustento, que no tiene consistencia ideológica ni política.

Por eso, la nave se está hundiendo plagada de conflictos, y algunas ratas empiezan a huir del barco. Andrés Manuel López Obrador es ahora el político más importante de los últimos 20 años, que busca consensos electorales y los logra, para ser derrotado en todas las contiendas, a excepción de esta última, donde tuvo una votación consistente. Una vez que AMLO logra el triunfo o la derrota electoral, su costumbre es empezar a papalotear y los que anduvieron con él se alejan, llevándose su cachito de elección. Andrés vuelve a quedar solo y vuelve a convocar 6 años después. Siempre la misma historia.

En el 2012 tuvo muchos votos, muchos diputados y senadores. Todos se le fueron hasta volver a quedar solo. A los partidos que le apoyaron: PRD, PT, Convergencia: a todos los apedreó, los cuestionó hasta que lo abandonaron después de tantas ofensas y reclamos.

Parece que la historia se repite. Porfirio Muñoz Ledo está marcando su deslinde. Ricardo Monreal prepara su vigésima primera traición a un partido o a un candidato. La secretaria de Gobernación expresa frecuentemente su separación del presidente. Marcelo Ebrard ya tiene juguete propio, que está usando y presumiendo para construir su próxima candidatura. Los únicos monaguillos leales son Claudia Sheinbaum y Martí Batres. El yerno de Slim es de Slim. El secretario de Educación Pública es de Salinas Pliego. Las fuerzas armadas son del Ejército y con esas no se juega, no las puedes inflar y desinflar al gusto del cliente porque cuando se montan en algún país, tardan décadas en bajarse, hasta que se aburran, o llega un movimiento sísmico electoral que las saque de la jugada. Napito es del PRI. La SNTE es de Elba Esther y el CNTE es de los descamisados. Todos se están hartando.

La alianza con Peña Nieto se rompe y se reconstruirá a perpetuidad, mientras no le toquen un solo pelo, a este hombre que se ratifica como el galán de las estrellas ahora, internacionales.

El 6 de julio no se olvida. Debiera ser un ejemplo de lo que pudo haber sido y no fue, pero que fincó las bases del triunfo democrático de hoy. El Partido de la Revolución Democrática se llamó “el que nació el 6 de julio”. En esa lucha, Andrés Manuel aún estaba en el PRI. Arribó tarde. Cuauhtémoc lo inventa en el consejo fundacional del PRD, que no pudimos registrar como órgano partidario porque no cumplimos los requisitos. Tuvimos que levantar el sarcófago de los comunistas, y usarlo ante el bloqueo de Salinas de Gortari y su grupo, para poder configurar un partido político nacional que se llamó PRD. En el congreso fundacional, los candidatos a presidirlo eran Cuauhtémoc, Porfirio y Heberto. Sin embargo, hubo una propuesta de Cárdenas para presidirlo: la de AMLO, que era un joven priista sin carisma, sin experiencia política opositora y a quien nunca le habíamos escuchado un discurso. Tampoco lo emitió ese día. Pero Cuauhtémoc lo metió en la pasarela, para llamar la atención del Sureste, una región donde nuestros votos habían sido muy escasos. Desde entonces Andrés fue el hijo que Cuauhtémoc nunca tuvo políticamente, y a quien siempre apadrinó, hasta que López Obrador lo despreció. En este primer congreso, quedamos como dirigentes todos los líderes que habíamos luchado en la campaña presidencial. Cuauhtémoc Cárdenas como presidente, en el comité ejecutivo Porfirio Muñoz Ledo, Rincón Gallardo, Lucas de la Garza, Samuel del Villar, Pablo Gómez el dinosaurio de los puestos legislativos, yo mismo Jaime Enríquez como responsable de la promoción del PRD en el extranjero, el hoy panista Ricardo Pascoe…

Nos parece que el hoy presidente López Obrador, está cometiendo los mismos errores que en sus derrotas: no sabe sino quedarse solo. Hoy está solo con su triunfo. Pelearse con la policía es bajar el nivel de la dirección política e ideológica. Los guarros no son ideólogos. Golpear a los empresarios y ridiculizarlos no conduce más que a que saquen el dinero que se han robado y lo depositen en cualquier otro país -todos se mueren por la inversión-. Correr a la burocracia nacional, gran parte putrefacta, pero no toda, es otro grave error. AMLO no tiene cuadros con experiencia sino aprendices y un equipo de inútiles que nunca han trabajado. El ejemplo más claro está en el gobierno de Claudia Sheinbaum, que gobierna con kermeses y limpiando basureros los fines de semana, con un grupo de yuppies que no saben ni como vestirse, ni como peinarse… mucho menos saben cómo gobernar.

Es francamente muy triste para los que hemos sido opositores al gobierno priista y que también hoy lo somos frente a una transformación que no se ve más que en foto. Obedecer y acatar las peroratas de Donald es ofensivo. Ser instrumento de la expulsión de los latinoamericanos, de los cuales hemos sido líderes ideológicos en los dos últimos siglos, es una vergüenza en el mundo. Regresar a las tecnologías obsoletas de generación de energía, como el carbón, las termoeléctricas, es regresar a la Revolución Industrial de hace dos siglos. AMLO no sabe para donde va el avión, ni se quiere montar porque le dan miedo las alturas. Prefiere deambular en una carreta con un buey adelante por las veredas de Macuspana o persiguiendo una paloma. Los tiempos nuevos le espantan. Las ideas nuevas le horrorizan. Él quiere comer un filete de cecina en la fonda de Los Cuatro Vientos, que tiene precios de un restaurante francés, tomando leche, y aparecer en una foto en la soledad de su mesa, cuando lo rodean cientos de acompañantes.

El México nuevo necesita reinventarse sustentándonos en nuestra historia, pero construyendo la modernidad de las nuevas generaciones, que no se gana con limosnas de mil 500 pesos ni con discursos acedos en las plazas públicas. El presidente debe aprender lo que para la Revolución Francesa es fundamental: del devoir faire y devoir etre. Ese es el rumbo.

@jaimenriquez