El país de los siniestros y los secuestros

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El legado de Calderón tercera parte

Esta historia sucede todos los días, de hecho, sucede varias veces al día. No nos enteramos, porque como la mayoría de los delitos, este ya no se denuncia y no tanto por saber que de nada sirve en el país de la impunidad, sino por miedo a las represalias, por miedo a que aquellos que supuestamente debieran protegernos, estén coludidos con los criminales y utilicen la información privilegiada que tienen a la mano en contra nuestra.

Es por ello que las bandas de secuestradores están encabezadas por los mismos policías, porque tienen acceso a los expedientes, saben donde vivimos, qué autos conducimos, cuales son sus placas, conocen nuestras boletas prediales, tienen acceso a las llamadas telefónicas que hacemos, a nuestros récords bancarios, de nuestras tarjetas de crédito, los impuestos que pagamos, nuestras credenciales de elector Saben todo acerca de nosotros porque tienen acceso irrestricto a las bases de datos gubernamentales, policiales, bancarias, hacendarias, a los datos del IFE. Y si no, las compran en Tepito.

En este espacio se ha insistido en que la pena de muerte se debe aplicar en nuestro país por un solo motivo, TRAICION A LA PARTIA, y que tener acceso a información privilegiada que le confiamos al gobierno y utilizarla en nuestra contra debe ser tipificado como eso, TRAICION A LA PATRIA y ser colgados por ello. Por el contrario, muchos que abusan de esta manera de la confianza depositada en ellos reciben premios, ascensos y hasta llegan a comandantes y jefes desde donde tejen impresionantes redes criminales, amparados por la impunidad, el poder y la información a la que tienen acceso.

Obviamente, el crimen más socorrido por estas gentes es el secuestro porque conocen los movimientos, los recursos, las debilidades de sus víctimas. Ellos saben, cuando secuestran, cuánto pedir de rescate, saben cuando lo que ofrecen los familiares es menos de lo que podrían pagar pues tienen acceso a su información bancaria, saben como torturarlos física y sicológicamente pues conocen a cada uno de los miembros de su familia, saben como extraerles información de amistades, parientes y nuevas posibles víctimas para sus delitos, lo saben todo porque tienen acceso a todo.

Seguramente eso fue lo que le sucedió a la familia de empresario canario que desde hace nueve meses busca infructuosamente a su hijo secuestrado en México. El padre ya ha pagado un rescate pero los raptores no han devuelto al rehén, todo lo que sabe de su hijo es que fue mutilado pues dos días después de la desaparición los criminales enviaron a la familia una oreja cercenada.

El diario El País de España, en su edición del día 15 de noviembre relata que el empresario canario José Luis Crespo de las Casas enfrenta una tragedia familiar. Tras 33 años trabajando en México en su propia empresa de fertilizantes, sufrió en febrero el secuestro de su hijo José Luis. Ante la impotencia, la falta de resultado de las investigaciones, las sospechas de las autoridades federales y locales de Nayarit, Crespo, de 62 años, ha decidido contarle su problema a los medios de comunicación. Dice el matutino:

«El 4 de febrero a las ocho de la mañana seis encapuchados armados con ametralladoras y con pistolas secuestraron en su domicilio particular a José Luis Crespo Llabres cuando abrió el portón del garaje para lavar sus camionetas. Según cuenta su padre, los delincuentes obligaron a su hijo a entrar en una furgoneta que llevaba placas falsas. A las cuatro horas recibieron la primera llamada de los raptores «Me dijo que querían ocho millones de pesos por mi hijo». Él les dijo que no tenía tanto dinero, en ese momento le colgaron el teléfono y al día recibió la llamada de otro hombre que le pidió una oferta por la vida de su hijo y cuando este mencionó la cifra de medio millón de pesos le dijo que no era suficiente y le indicó que en ese mismo momento fuese a la puerta de su casa a buscar un paquete que le habían dejado. Era una bolsa ensangrentada con la oreja de su hijo.

El fiscal de Nayarit le recomendó entonces a Crespo que le ofreciera más a los criminales y el ofreció lo que pedían, los secuestradores aceptaron y lo citaron con los billetes en una capilla de una carretera, se dejó el dinero dentro de la capilla pero su hijo nunca apareció. «Yo cumplí con todo», dice Crespo nueve meses después de que los delincuentes se quedasen con su dinero. Desde entonces, no han vuelto a ponerse en contacto con él, y las investigaciones policiales aún no han dado resultados. Él ha tenido una depresión. Su esposa ha tenido un infarto cardiaco y otro cerebral después del secuestro de su hijo. La mitad del cuerpo se le ha quedado paralizada.

Historias como estas se repiten día a día, en el país de los siniestros y los secuestros, el país donde supuestamente existen exámenes de confianza que deben aprobar los policías y que no lo hacen y aún así, obtienen las plazas, como sucede también con los maestros. Porque todos ellos trabajan para una red de crimen organizado tan poderosa que es intocable. Quién sabe a donde van a parar todos los recursos, pero es inconcebible pensar que actúan por su propia cuenta y que no cuentan con ninguna protección política a los más altos niveles. Solo ello explica los niveles de impunidad.

Es increíble el grado de descomposición en el que va a recibir el país el gobierno de Peña Nieto, desde hace décadas, cada presidente que se va deja un país peor que el que recibió, ninguno ha sido capaz de generar el punto de inflexión que permita a los mexicanos aspirar a un mejor futuro. Calderón deja un país bastante peor que el que le heredó Fox que a su vez recibió a México en trizas de manos de Zedillo que se cruzó la banda presidencial de un país convulsionado por crímenes políticos heredado por un Salinas que a su vez recibió de De la Madrid a un México paralizado, este a su vez lo recibió devaluado y descapitalizado de López que lo había recibido desmoralizado y destrozado por Luis Echeverría. Y la pregunta es, ¿en donde va a parar todo esto?

Quizá el destino de México sea el mismo que el de la pobre familia Crespo, mutilada, deprimida, infartada, enferma, paralizada, impotente, desconfiada. En tanto no se aísle al gobierno del crimen organizado y este siga teniendo acceso a las estructuras de poder, a la información privilegiada de todos nosotros los flagelos seguirán creciendo y con ellos la crueldad y la criminalidad. Es el país de los secuestros y los siniestros, el país que le hereda Calderón a Peña Nieto.

PD. La solidaridad de quién esto escribe con la familia Crespo y el resto de aquellos que sufren o han sufrido este flagelo en el país donde ya no existe ningún anhelo.

rami@mexico.com