Todo candidato en politing: ni es producto simple, ni simple producto

0
561

”Si la patria no deja de ser colonia… moriremos todos perfumados”. Graffiti

Todo asesor de Politing se enfrenta a un triángulo tripartita: candidato, partido y programa, lo cual implica mucho más que trabajar con simples y meros productos: debe considerar también los servicios, las organizaciones, las personas y las ideas; y dentro de éstas últimas todo lo relacionado con el Cambio Social Voluntario – CSV, como alternativa al cambio violento.

Por el momento se discutirá lo que implica que todo candidato sea un ser humano, una persona de carne y hueso y no un producto, una cosa o ente inanimado. Y es que tanto la particular herencia –que a través de sus genes recibe cada ser humano– como su misma historia, lo hacen un ser particular, propio, distinto e irrepetible con respecto a todos los demás congéneres. Por eso, no existen seres humanos idénticos, iguales o repetibles y esta exclusiva diferencia es –precisamente– el fundamento sobre el cual descansa todo análisis serio de Politing. Más aún, esta individualidad, como premisa, es una estupenda base, una singular condición y un factor importante para posicionar, diferenciar, comunicar y presentar a un candidato en forma muy diferente y bien distinta a como se hace con un simple producto.

Parece ofensivo, y hasta ridículo, recordar estas fundamentales características de los seres humanos, pero desafortunadamente hay muchos quienes frecuentemente las olvidan o inconscientemente las pasan por alto. Porque el hecho de que se “cosifiquen” las personas, se denigren los seres humanos y se irrespeten los candidatos, considerándolos o confundiéndolos como productos, simples cosas, meros números, seres inanimados, elaboraciones manuales, hechuras bajo pedidos o simples mercancías, origina graves e irreversibles fallas, desde el mismo inicio del proceso de Politing.

Una de las razones de esta lamentable confusión, son los síndromes que sufren tanto los consultores políticos como los mismos candidatos. Y es que muchos asesores padecen frecuentemente del “Síndrome de Pertenencia Sobre el Control Remoto” y piensan que, con sólo oprimir una tecla, pueden cambiar la película del Politing, que basta con pulsar un botón y modificar a su gusto el canal de la estrategia política y de toda la campaña electoral, que lo que no les gusta, les parece o les agrada de su asesorado –así sea reemplazándolo por algo irrespetuoso– basta con tan sólo un toque y se consigue, sin importar que el supuesto remedio sea peor que el mismo mal. En la otra orilla, muchos candidatos sufren del “Síndrome de Producto Terminado” suponiendo y asegurando que ya no pueden cambiar o mejorarse, que sencillamente ya no evolucionan.

Es entendible –mas no comprensible–que en una sociedad como la actual de “úsese y tírese”, algunos bárbaros piensen y traten de asesorar a un candidato como un simple producto, tal y como si fuera una pasta dental, un refresco, una toalla, un desodorante, o un utensilio o adminículo tangible.

De ahí que tratar de cambiarle el lenguaje, el ritmo en el hablar, su articulación y demás características propias de la persona es, a todas luces, uno de los más claros y frecuentes errores de los asesores: considerar y manipular a los candidatos como si fueran simples productos inanimados. Y eso es bien grave, sobre todo cuando se intenta mostrar, expresar y demostrar credibilidad, ya que es un factor bien importante el hecho de exhibir –y nunca tratar de ocultar– esos rasgos personales.

Con este planteamiento también cambia el análisis DoFA, el panorama para la diferenciación y el posicionamiento. Y es que frecuentemente un defecto en el habla (comerse las eses, mas no las heces), que a primera vista parece negativo, puede llegar a ser una singular fortaleza y una exclusiva fuente para la diferenciación, imposible de copiar y difícil de imitar. Y hasta algunos defectos físicos pueden ser una muy buena base para que fácilmente lo distingan, expeditamente lo ubiquen y exitosamente lo diferencien de los otros candidatos en contienda, facilitando así su posicionamiento.

De seguir el peligroso camino de “cosificar” a las personas –tal y como algunos irresponsables asesores lo hacen– se aceptaría la respuesta de uno –muy canalla– que cuando le interrogaron por qué estaba rayando un auto ajeno con una moneda, muy seguro de sí mismo contestó “Uno con su dinero puede hacer lo que se le da la gana”… ¿será que sí, apreciado lector?

 

Los electores en politing: adoptan ideas, pero “no” las consumen

“La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”. Mark Twain

El ofrecimiento político, además de Productos (puentes, carreteras y obras civiles y de infraestructura) y Servicios (de alcantarillado, aseo, salud, seguridad) también cobija la promoción de Personas (candidatos, lideres, gobernantes), la promoción de Organizaciones (campañas, partidos, movimientos, coaliciones y agrupaciones políticas) y la promoción de ideas (en forma de propuestas, que en el programa político se conciben como Políticas Públicas). Pero también incluye el Cambio Social Voluntario –CSV– como alternativa al cambio violento y que se logra –en forma más efectiva (eficiente y eficaz)– con estrategias de Politing, pues toda campaña política propende por eso: por un CSV por parte del electorado.

Así, el cambio de una idea por otra, la transformación de conductas por unas más propositivas, la adopción de nuevas ideas, actitudes y creencias, son objetivos finales del Politing y son “valores” que se pueden promover efectivamente por medio de él, pero No se pueden asimilar o tratar como simples “productos” tangibles.

Concretamente, las ideas que promueve el Politing son “creencias, actitudes o valores”. Una creencia es una concepción que se establece respecto a un asunto o hecho y no incluye una evaluación, por ejemplo la creencia de que el cáncer puede ser controlado si se detecta a tiempo, propósito que puede ser una política pública dentro de un programa político. Corresponden a una actitud si son evaluaciones –positivas o negativas– de personas objetos, ideas o sucesos, como la expresión: “los niños planeados son mejor atendidos que aquellos de embarazos accidentales”, susceptible, también, de ser una política pública. Finalmente, las ideas pueden ser valores, como ideas globales de lo que es correcto o no, como con los derechos humanos, que pueden motivar una política pública.

El hecho de “adoptar” una idea, entonces, no sólo supera, sino que trasciende –en mucho– y rebasa el concepto de consumo. Y es que el concepto de que todos somos “consumidores de ideas” lamentablemente ha venido haciendo carrera, con la anuencia de académicos, la complicidad de consultores, el silencio de estudiantes, la mirada impávida de candidatos y gobernantes y hasta el beneplácito de algunos ilustres líderes mundiales.

Esa absurda lógica de considerar y tratar a todo ciudadano elector –como Usted o como yo– como si fuéramos consumidores –como Usted o como yo– permite hacer un parangón entre algunos procesos que –tanto Usted como yo– diariamente realizamos y que no necesariamente pertenecen al ámbito del consumo. Miremos algunos.

¿Será que la gordura física se puede equiparar al exceso de inteligencia?, ¿la facultad de aprendizaje a la capacidad para comer?, la saturación de ideas ¿puede producir indigestiones?, el ayuno ¿equivaldría al olvido o a la estupidez?, el hecho de no aceptar una idea ¿se asimilaría a una huelga de hambre?, desechar o descartar ideas ¿se igualaría al acto de defecar o evacuar alimentos? Continuando con estas ridículas similitudes, ¿la comida chatarra equivaldría a ideas malsanas, groseras o sin sentido, en tanto que los alimentos dietéticos serían ideas inocuas, baladíes o anodinas? La falta o carencia de ideas ¿sería como ayuno o hambruna? Y padecer de demencia senil ¿equivaldría a inapetencia o a perder paulatinamente el apetito? ¿Cómo sería, entonces, una digestión ideológica o una diarrea mental? ¿Una consecuencia por aprender demasiado sería el vómito? La frase “oídos abiertos y corazón dispuesto” ¿se reemplazaría por “bocas abiertas y píloros listos”? y en definitiva ¿el tamaño de su estómago o del mío, tiene una relación estrecha y directa con la capacidad mental suya o mía?

En suma, el refinado e ilustre proceso digestivo –aun con sus incómodas flatulencias– ¿se puede considerar como idéntico al vil y truculento proceso de adoptar ideas, asumir actitudes o defender conductas? Si bien es cierto que coloquialmente también se habla de parir ideas, por ese hecho, ¿es posible asegurar que ambos procesos son idénticos?

Sólo algunos consultores de Politing de muy escasa estatura moral podrían trabajar con esas similitudes y optar por inclinar la balanza a estrategias basadas en estas comparaciones. Y es que no hay que cambiar análisis lógicos por efímeros cantos de sirenas, así sean –a primera vista– útiles para representar asuntos que tienen todo un sitial diferencial en el proceso evolutivo, hasta el punto de que uno de ellos –y no precisamente el que tiene que ver con el acto físico de ingerir alimentos– es el que nos diferencia de nuestros primos, los primates.

Parecidos así pueden originar lamentables confusiones como en el caso del candidato que cuando le preguntaron que si proponía una INVASIÓN MASIVA, respondió que invasión sí, pero sin cobrarles el “IVA”.

DEL “LOBBY” anglosajón EN EL POLITING: SE LLEGA AL “CABILDEO” INDÍGENA

“Oigo y olvido. Veo y recuerdo. Hago y entiendo”. Proverbio chino.

Desde cuando las comunidades se organizaron en Estados y entregaron su dirección a los gobernantes, han tratado de que los ciudadanos no se alejen de la toma de decisiones. Las Monarquías donde el rey era el ser absoluto y el concurso del pueblo se veía como innecesario para la toma decisiones, hicieron que el papel del ciudadano estuviera disminuido y que su participación activa en la vida política no fuera posible. Con la evolución de los gobiernos y el establecimiento de las modernas democracias, han aparecido figuras como “referendo”, “plebiscito”, “Cabildo Abierto” y la “iniciativa popular”, pero la excesiva regulación las ha vuelto impracticables.

Hoy hay nuevas alternativas que buscan que la relación gobernante- gobernado sea expedita y eficaz y una de estas es la figura del Cabildeo, entendido como “la posibilidad de acudir ante una persona para que –aprovechando sus conocimientos y capacidad intelectual– exponga la posición del particular que lo contrata, respecto a determinado asunto que una autoridad esté conociendo y sobre el cual debe decidir”.

Visto así, el cabildeo es una figura connatural con los sistemas democráticos, caracterizados por la participación activa de los ciudadanos que buscan contactar a la autoridad que toma decisiones que los afectan, directamente o acudiendo a personas que –por reunir ciertas características y cualidades– lo hagan a su nombre. No es un fenómeno nuevo y ningún país ha sido ajeno a él: durante años lo han venido practicando diferentes agremiaciones y sectores que buscan que las decisiones gubernamentales que los afectan no sean tomadas sin el conocimiento de las necesidades de ellos, los afectados. Asi, proliferan personas que realizan esta actividad en las democracias, pero que –ante la ausencia de una regulación adecuada– se prestan para obtener prebendas personales o incurrir en figuras delictivas. Además, la imagen negativa que algunos le adjudican y el desconocimiento generalizado de su funcionamiento y ausencia de regulación, hacen que esta figura sea poco atractiva para la comunidad y que muchos lo consideren como ilegal, anti-ético y poco profesional.

El cabildeo es un vehículo que puede fomentar una relación más clara, transparente y dentro del marco de la legalidad, entre un ciudadano (o grupo de ciudadanos) y la autoridad que toma una decisión que los afecta, lo que bien enmarca este proceso dentro del concepto de políticas públicas y de Politing.

El término cabildeo hace referencia a la alternativa que tenían nuestros ancestros de recurrir al Cabildo o Ayuntamiento, con el fin de cambiar, trasformar o derogar una ley cualquiera. Sin embargo, frecuentemente, se recurre al anglicismo lobby, mucho más generalizado en varios de los países latinoamericanos. Este anglicismo viene haciendo carrera y su uso se ha vuelto tan común, que frecuentemente se escucha en reuniones sin importar el lugar, el tiempo, el modo, ni la hora, hasta el punto de entrar a formar parte de nuestro diario vivir. Es tan fácil ya toparse con él, que hasta en los titulares de los principales medios de comunicación lo encontramos.

Hay defensores de uno y otro vocablo que esgrimen razones de toda índole. De todas formas, es necesario poner de presente que el significado de cabildear como “procurar con maña ganar partidarios en una corporación o cabildo” no corresponde con la realidad cobijada por el concepto de lobbying. Más aún, riñe con ella. y es que en el Diccionario de la lengua española (edición 1992) un primer significado de “maña” corresponde a “destreza o habilidad”; sin embargo, el segundo lo relaciona con “vicio o mala costumbre”, que está alejado del significado de cabildeo.

Estas nuevas realidades han originado una serie de conceptos relacionados. Así, el sustantivo lobby hace relación a la oficina, lugar o agencia en donde se desarrolla la actividad, y en castellano corresponde a la expresión cabildo. La palabra lobby como verbo –al igual que su gerundio lobbying– equivale a cabildear y se asocia con las actividades y los medios utilizados por esta técnica para llevar a cabo sus objetivos. El lobbyist, se refiere al agente, persona o grupo que tiene facultad para llevar a cabo o prestar este servicio. Es común encontrar la palabra lobista, como intento de castellanizar el anglicismo. Sin embargo, la traducción autorizada equivale al vocablo cabildero.

El asunto no es meramente semántico e involucra cuestiones de idiosincrasia latina, influencia de medios de comunicación, la misma sonoridad del término, la costumbre y hasta la desinformación en torno a este concepto. En todo caso es conveniente tenerlos bien claros, para que no suceda lo del candidato que descubrió que cuantas menos cosas hacía, menos probabilidades había de que la gente viera cómo no sabía hacer algo.

Origen y recorrido del “cabildeo” para el politing: sin misterio alguno

“No son los candidatos muertos los que descansan en una tumba fría. Los reales muertos, son aquellos candidatos que teniendo el alma muerta viven todavía”. Refrán Popular.

Muy posiblemente, el hecho de indagar sobre los orígenes del cabildeo y escudriñar los antecedentes y primigenios desarrollos del Lobby permita –entre otras muchas cosas– encontrar algunas bases para proceder a especificar –al menos un poco– este novedoso concepto, muy útil, necesario y práctico, para todo gerente de Politing.

No faltan quienes han intentado relacionar el origen de la palabra lobby con la expresión latina lobia, con la que se designaba aquellos lugares para libaciones no permitidas, en celdas o refectorios. A pesar de esta justificación etimológicamente viable, los antecedentes más comúnmente aceptados se remontan al siglo XVIII en el Reino Unido. Allí y en esa época, se conocían con el nombre de lobby los salones ubicados en el recinto de sesiones de la Cámara de los Comunes. Estos lugares eran frecuentados –como es lógico suponer– por los representantes de distintos y variados intereses –principalmente de índole comercial, político y laboral– quienes conversaban con los diputados –es decir, con los formuladores de políticas públicas– para obtener ciertos favores, apoyos, auxilios o prebendas o al menos que esas políticas no se formularan o implementaran en contra de sus intereses.

otros fundamentan los principios del lobbing moderno en los Estados Unidos hacia 1929, en el Capitolio del estado de Nueva York, específicamente en Albany. Allí, a los buscadores de servicios o ayudas especiales, que asediaban el Capitolio neoyorquino se les conocía con el apelativo de lobby-agents. No faltan quienes suponen su nacimiento alrededor de 1935, precisamente con motivo de las citas, reuniones y en general con todo el proceso que se lleva a cabo en el “lobby” de Hotel Willard en la ciudad de Washington.

En todo caso, bien sea con uno u otro origen, los antecedentes anglosajones parecen ser la cuna de esta técnica, que en nuestros países latinos está surgien- do con inusitada y nada flemático desarrollo. De otra parte, es posible deducir, también, que su fundamento es el hecho de dar (y recibir) información a, de o para quienes tienen capacidad de decisión.

Es interesante observar que los orígenes del cabildeo, lobby o lobbying, no fueron siempre nobles y decentes. A comienzos del siglo pasado, por ejemplo, se lamentaban de que “la corrupción ha establecido su corte en las alturas del Hudson, en Albany y allí estaba su trono: el lobby de la legislatura”, hasta el punto de que la Constitución del estado de Georgia consideró al lobby como delito. Su definición y concepto tampoco han sido del todo diáfanos y precisos. La misma Corte Suprema estadounidense estableció que debe entenderse por lobbying las representaciones hechas directamente al Congreso, a sus miembros, o a sus comisiones. Posteriormente, se relacionaron con el lobbying la comunicación con miembros del Congreso sobre legislación pendiente o propuesta, excluyendo del perímetro legal a aquellas personas y contribuciones que sólo tienen como propósito incidental la influencia en la legislación. Kennedy decía:

Los lobbyists son en la mayoría de los casos técnicos expertos y capaces de explicar temas complejos y difíciles de una manera clara y comprensible. Sostienen diálogos personales con miembros del Congreso en los cuales explican en detalle la razón de las posiciones que defienden […] preparan resúmenes, análisis de leyes, proyectos y memoranda para uso de los legisladores y de las comisiones. Son necesariamente maestros en sus temas y, de hecho, casi siempre proveen estadísticas útiles e información difícil de obtener. […] hablan en nombre de los varios intereses económicos, comerciales y otros de tipo funcional de esta nación, sirven a un útil propósito y han asumido un importante papel en el proceso legislativo.

Y es que la mayoría de los lobbiest representaban intereses económicos, principalmente de empresas productoras y de sindicatos. Desde la década del 60 se expandieron hacia la promoción de otras causas favorecidas por la propia participación del gobierno federal en derechos civiles, medio ambiente, seguridad y protección del consumidor, cuidado de la salud y otros.

Así, el Lobby era todo esfuerzo encaminado a influir en el Congreso, respecto de cualquier asunto. Más ampliamente, se puede entender como “obtener información para quien toma la iniciativa y en brindarla a quien desea ganar la causa”. Conocer estos antecedentes ayuda a no equivocar las conclusiones como aquellas que el candidato sacó cuando comprobó que la probabilidad de tener un accidente de tráfico aumentaba con el tiempo que él pasaba en la calle y aseguró que cuanto más rápido circulaba, menor era la probabilidad de que tuviera un accidente.

Comprimido de cabildeo en politing: para candidatos, ya gobernantes

“Antes de hablar, piensa lo que vas a decir; la lengua, en muchos, precede a la reflexión”. Isócrates.

El cabildeo es la capacidad para alcanzar un cambio específico en una política pública o de influir en un actor con poder de decisión. Así entendido, es un proceso en el cual se fortalece la sociedad civil a través de promover su participación activa, organizada y planificada, para incidir en el ámbito de lo público, en el pleno uso de sus derechos humanos y constitucionales. Es decir, el cabildeo implica poder participar de manera directa en el diseño, la ejecución, el monitoreo y la evaluación de políticas públicas; para ello se requiere investigar, consensuar y negociar.

Los gobernantes y gerentes de Politing recurren al cabildeo para lograr un cambio efectivo en la vida pública y que las propuestas hechas a los ciudadanos se lleven a cabo, con lo cual: (1) Se busca alcanzar cambios específicos en políticas públicas, (2) Involucra a organizaciones e individuos, (3) Generalmente es abierto y público, (4) Los ciudadanos hacen valer sus derechos para cambiar la realidad social, (5) Se recrea la democracia de manera integral, (6) Se capacita a los ciudadanos para la influencia política, (7) Se rescatan los saberes profesionales y prácticos de los ciudadanos y (8) Se fomenta el trabajo de redes y grupos o instancias civiles, sociales y políticas.

De acuerdo con lo anterior, para Cabildear, todo gerente de Politing debe desarrollar capacidades para: (1) Consensuar propuestas al interior de los grupos, para que tenga respaldo y consistencia, (2) Incidir en instancias gubernamentales, (3) Influir sobre un actor con poder de decisión y (4) Iniciar un proceso de cambio social que implica la construcción de una nueva relación ciudadanía-gobierno.

Al tener en cuenta lo anterior, algunas condiciones para una campaña de cabildeo exitosa son: (1) Escoger y definir un problema o tema específico, (2) Tener un objetivo claro y concreto, (3) Determinar el blanco de la acción, (4) Analizar el escenario político para ubicar a los actores con poder de decisión, (5) Desarrollar una estrategia de influencia política sobre actores con poder de decisión y (6) Elaborar un plan de actividades.

Para ello se enmarcan las funciones del cabildeo en cuatro grupos: 1. Proponer soluciones a problemas sociales, políticos y económicos, 2. Fortalecer el poder de las organizaciones de la sociedad civil, 3. Promover la participación democrática de los ciudadanos y 4. Buscar la solidaridad entre los ciudadanos. Miremos cada una.

  1. Proponer soluciones a problemas sociales, políticos y económicos.

Permite pasar de la queja-denuncia a la solución propositiva. Es decir, contribuye a desarrollar y potenciar la capacidad para dejar de ser parte del problema y constituirse en parte de la solución, al asumir de manera progresiva la corresponsabilidad en la implementación de políticas públicas, para así atender a fondo las necesidades de la población. Esto significa construir un nuevo marco social en el cual se respeten de manera integral los derechos humanos de los ciudadanos, se venza la cultura del autoritarismo, se erradiquen las prácticas de exclusión y de encubrimiento y se dejen de repetir los esquemas paternalista y corporativista por parte del gobierno para, de esta forma, lograr transitar a prácticas democráticas en la relación ciudadanía-gobierno y la voz de ambos tenga el mismo peso y la misma responsabilidad en su respectivo ámbito de acción.

  1. Fortalecer el poder de las organizaciones de la sociedad civil. Permite contrarrestar las prácticas viciadas del gobierno y erigir una nueva cultura de participación ciudadana. En este sentido, contribuye a impulsar a las organizaciones sociales y civiles, para que éstas desarrollen mayor capacidad de incidencia en las esferas de gobierno, con la intención de la ciudadanía y sus organizaciones aumenten su nivel de convocatoria que les permita influir sobre los principales actores que toman las decisiones.
  2. Promover la participación democrática de los ciudadanos. Como instrumento de trabajo, enriquece y fortalece la democracia al trascender el ámbito formal de ésta (lo electoral) y fomentar su aspecto social (la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos), con el fin de desarrollar nuevas formas de relación ciudadanía-gobierno.
  3. Buscar la solidaridad entre los ciudadanos. Promueve la solidaridad entre los ciudadanos para enfrentar de mejor manera problemas comunes, al propiciar que sus voces y puntos de vista empiecen a ser tomados en cuenta. Todo esto a partir del ejercicio de sus derechos ciudadanos.

De ahí la importancia de saber cabildear, pues un candidato lo hacía a favor del tabaco, al saber que si el 20 por ciento de las personas moría a causa de él y el restante 80 por ciento morían por otras causas, concluía que no fumar es peor que fumar.

@CarlosSalazarV