Un mitin con aroma de San Andrés

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Festejar un año más de vida, es peligrosamente adictivo (hay quienes viven comiendo pastel y levantando la copa ante amigos y enemigos) y es también, absolutamente inevitable. Festejar el cumpleaños es una tradición más familiar, que política. El hecho de que nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador sea un festejador compulsivo, habla de una necesidad fisiológica de estar SIEMPRE en todos los bailes. ¡Como la Sonora Santanera!

López Obrador habla y luego existe. Estar en la prensa todos los días, marcar la agenda desde su atril de “la mañanera”, le ha provocado desgastes que de otra manera no tendría. AMLO es un hombre con carisma que se contradice con demasiada frecuencia. Sus apuntadores de televisión le dan mal los datos. Su lenguaje corporal es fatal: cuando está triste apenas de le ven los ojos. Cuando está anímicamente mal, su rostro se avejenta diez años como por arte de magia.

No es un hombre culto. Sí es un gran político. Su debilidad, que es al mismo tiempo su fortaleza, son los medios de comunicación. Ha creado un escenario matutino, como aquellas obras de teatro infinitas de Don Juan Tenorio, con un público que no deja de reír. En las “mañaneras” el público está formado por periodistas, algunos críticos, pero, la mayoría, le pichan “de nenita” las bolas, para que nuestro beisbolista presidente meta jonrones. Es un escenario repetitivo que exhibe al primer mandatario y lo ayuda un poco, pero sus chalanes funcionarios no se atreven a dar el salto; ni a aconsejarlo, ni a criticarlo. AMLO es absoluto: si el tema no le gusta, simplemente cambia de canal.

Cuando mi candidatura a presidente municipal en Huixquilucan contra la familia Del Mazo-Peña Nieto, el mensajero de AMLO (que entonces era candidato a la Presidencia de México) al presentarme al mitin a donde también acudiría él, me advirtió que, aunque se trataba de mi municipio, tendría yo solamente cinco minutos para hablar, antes de la intervención de López Obrador. Le señalé a Ricardo Monreal, el ujier en turno, que el acto era mío, que yo había convocado y que el evento lo había pagado yo. Le dije que si, tal era la condición, me retiraba en ese momento. Un telefonazo urgente hacia el dios del Olimpo, me señaló que mi tiempo se extendería a 20 minutos. ¡Cuánta generosidad! Pero era suficiente. Al llegar el candidato presidencial, se dirigió a mí, como es la costumbre en los actos de los estados o de los municipios. De manera muy amable me preguntó acerca de cómo veía su campaña. Le señalé que era exitosa, que iba creciendo, pero que era necesario centrar la estrategia en el Estado de México y en el Distrito Federal. Le dije que su discurso era popular, con palabras simples, y que eso gustaba al pueblo, pero le insistí en que había un gran descuido hacia la prensa. En el caso del Estado de México, no se había hecho nada ni en Toluca, ni en Ecatepec, Naucalpan o Neza, y que los periodistas reclamaban su espacio. Le dije que él prefería un acto en una ranchería de mil personas, que una rueda de prensa que podría cubrir millones de interlocutores, como ahora lo hace en “la mañanera”. Su rostro cambió de amable a seco. Estábamos frente al pueblo y empezó a girar su cuerpo hasta darme la espalda. Ese es el comportamiento de nuestro señor presidente ante la más mínima crítica.

El lunes es una festividad mayor. No sabemos si habrá pastel o se romperá la piñata, como una innovación como la que se tuvo, también en el zócalo, cuando se dio la toma de protesta. El presídium daba entonces la imagen de una película del Santo Enmascarado de Plata contra la Momia Azteca, donde hombres semi desnudos dialogaban con policías bien trajeados. Aquel fue un acto de masas, pésimo por los locutores de los años 50, por la conducción de la senadora que ama las marranas, las perras y las vacas, y por un discurso presidencial terriblemente largo.

No sabemos si el acto del 1º de julio será una reedición del anterior. No sabemos si habrá sido invitado Huitzilopoxtli o algún otro personaje de la historia mexicana. Este acto le estorba al presidente. Nutre su vanidad. Al pueblo le gusta verlo y oírlo, pero ya no tanto. Ahora es necesario regalar tortas, tamales, Cheetos o dinero para llenar las plazas. No basta ahora un discurso profundo, ni que el dedito diga sí o no, o que un puñado de mexicanos voten por a mano alzada para definir la creación de un aeropuerto, de una termoeléctrica o para decidir la forma de consultarle a los Estados Unidos lo que con antelación Donald Trump ha ordenado.

El mitin de San Andrés no sólo se hará en la plaza pública más importante del país, sino que también aburrirá por la radio y la televisión a la nación entera. Como cuando éramos niños y nuestros padres encendían religiosamente “La Hora Nacional” todos los domingos en la radio.

No sabemos si los trabajadores serán obligados a asistir, ni si habrá pase de lista y tal vez algún billete de los nuevos que están por estrenarse, para que se distinga el acontecimiento. Nuestro pensamiento no es que López Obrador renuncie. ¿Se imagina la rebatinga entre Marcelo, Monreal, Martí, Claudia y hasta el obsoleto secretario de Comunicaciones? Tal vez hasta Rioboó le entraría. Una renuncia o un incidente sería para México una desgracia. Andrés debe terminar su mandato, pero no debe ampliarlo. La patria lo necesita porque nuestras leyes no permiten un reemplazo sano. Obregón fue asesinado cuando ya se había reelegido. Porfirio Díaz renunció a su investidura, saliendo hacia Francia a tener una vida modesta. Unos cuantos meses fueron suficientes para asesinar a Madero, y después se reinició la convulsión que prácticamente terminó hasta que dio fin la Guerra Cristera.

México requiere gobernabilidad, pero también necesita una gobernanza protagonizada por estadistas, no por arlequines. Hoy México necesita un presidente a la altura de las circunstancias, y AMLO puede serlo si aniquila su vanidad, su estilo cómico en ocasiones y a veces de tirano. El México nuestro no debe entrar en convulsiones. Nuestra meta como país es infinita, nuestra vocación debe ser la supervivencia frente a los vecinos del norte que están dedicados a apretarnos el cogote. Para hacer frente a los retos de esta nueva realizad, se requiere valentía, mano firme y sensata, un equipo de hombres y mujeres administrando con una clara visión de futuro y un pueblo que esté dispuesto a trabajar con tesón y bravura, por hacer sus sueños realidad.

@jaimenriquez