Análisis semanal: 1 de julio

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Se cumple un año de la victoria en las urnas de López Obrador, algo que marca la llegada de una nueva opción partidista a la presidencia, luego de la oportunidad que tuvo el PAN en el año 2000 y de los más de 80 años del PRI en dicha posición.

López Obrador y sus seguidores festejan esta fecha –de manera similar a como lo hicieron los panistas en 2001–, aunque esperando que no haya ningún acontecimiento que opaque la celebración, como sucedió con el blanquiazul y la boda de Fox con Marta Sahagún, algo que robó cámara al acto.

Para el presidente, adicto a los eventos masivos de campaña, es una oportunidad para presumir sus logros de gobierno y refrendar el discurso optimista que utiliza para marcar su administración, por lo que de nueva cuenta escucharemos acerca del combate a la corrupción, el crecimiento económico esperado, el rescate de Pemex y un etcétera que se puede anticipar.

Pero sus críticos no se quedarán callados y cuestionarán la cancelación del NAIM en Texcoco, la recesión que se empieza a percibir, la pérdida de empleos, los efectos de la feroz austeridad que ha implementado su gobierno, además de temas como las estancias infantiles, falta de medicinas y otros más.

Como siempre sucede en una nación polarizada como la nuestra, cada bando buscará hacer oír su versión aportando los datos que crea pertinentes y descalificando los de los adversarios, en un juego que ocupará muchos espacios en redes sociales y medios de comunicación.

Los datos de las encuestas que miden la aceptación ciudadana respecto a la labor del presidente, muestran que se ha tenido una disminución en los sectores que lo aprueban, lo que se suma al desgaste propio como gobierno, es especial luego de episodios como la amenaza de aranceles de parte de Donald Trump y las proyecciones negativas que sobre la economía nacional han difundido calificadoras, especialistas y organismos internacionales.

Así que más que festejo, todo apunta a que será un acto propagandístico más para que la base de votantes favorables a López Obrador mantengan encendida la llama de la esperanza de que se trata de un gobierno que está haciendo el cambio prometido.

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El pasado 25 de junio, el presidente aseguró que los columnistas

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¿Algo que celebrar?

Todo gobernante tiene la tentación de presumir sus logros, así sea en el municipio más apartado del país o en el ámbito federal. Muchos funcionarios gastan millones en difundir sus informes de gobierno, incluso realizando eventos en los que con el pretexto de informar al pueblo, dan a conocer los avances de su administración.

Se trata no sólo, como pudiera pensarse, de una tarea de rendición de cuentas, pues en la mayoría de los casos sólo se informa de lo realizado, lo positivo, con comparaciones que permiten mostrar cuanto se ha avanzado, además de poder culpar a los anteriores en el cargo por las deficiencias encontradas o los problemas heredados.

Pero en este tipo de eventos brilla por su ausencia la autocrítica, pues no se reconocen errores, tampoco lo que la curva de aprendizaje o la inexperiencia provocan en la toma de decisiones, sino que esto se busca ocultar pues no se puede arruinar lo que ante todo debe ser un festejo.

Así, hacer un evento masivo debería ser visto más en esta óptica y no en la de una celebración en la que muchos datos se ocultan o maquillan para ofrecer una imagen positiva del gobernante.

@CronicadePoder