¿Le podemos decir NO a Trump?

0
296

Trump está en vías de salirse con la suya. En primer lugar ya logró que México pague el muro, no el que quiere construir en su frontera con México sino uno menos tangible pero igual o más efectivo: México completo como muro de contención de migrantes, en este caso sobre todo centroamericanos. La tirada del presidente yanqui es que México se convierta en “tercer país seguro”, es decir que no sólo les dé asilo a los migrantes que rechace Estados Unidos (y que Encinas ha calculado en 50 mil personas para los próximos meses), sino que les proporcione vivienda, salud, educación y modos de vida que muchos mexicanos no tienen y, por si no fuera suficiente, seguridad de la que también carecemos todos los que vivimos de este lado de la frontera.

No es un hecho que México se convierta en un tercer país seguro, pero Ebrard ya adelantó que eso es lo que está pendiente si en un plazo X no se cumplen la condiciones fijadas por EUA para posponer (que no eliminar) el tema de los aranceles a los bienes producidos en nuestro país y que se exportan al vecino norteño.

No hay certeza de que seis mil elementos de la Guardia Nacional (GN) detengan la emigración centroamericana. Si no pudieron al 100 por ciento con el huachicol (perfectamente localizado a lo largo de ductos), menos con el paso de personas en una frontera ciertamente menor que la del norte pero no precisamente pequeña ni de fácil acceso. Y, además, esa GN deberá respetar los derechos humanos de los migrantes y de los mismos mexicanos que habitan la zona fronteriza del sur (de no hacerlo, nuestra imagen en el exterior sería peor de lo que ya empieza a ser por tantas propuestas cuestionables e incumplidas hasta ahora).

La jugada gringa es obvia: nos dieron a escoger el mal menor, pero no un bien contra un mal. Es claro que de haber aplicado los aranceles la economía de nuestro país hubiera estado en serio riesgo de una fuerte crisis (y también Estados Unidos). Pero lo de los migrantes no es gratis y, por añadidura, es un tema muy sensible en términos de derechos humanos. No somos un país con niveles de vida comparables a los de Austria (“tercer país seguro” en Europa), digamos, y la venta del avión presidencial, por ejemplo y de llevarse a cabo, no dará suficientes recursos para atender el problema. Para variar, la gran potencia nos pone la bota en el cuello y el subdesarrollo que vivimos pareciera que no nos deja siquiera elevar la voz sin consecuencias graves para nosotros. ¿Sólo para nosotros? El refrán que decía que el pez grande se come al chico ¿es vigente todavía? Quizá ya no. El mundo ha cambiado considerablemente.

¿El gobierno mexicano le puede decir NO a Trump? Es claro que sí, aunque no tengamos la potencia económica de los países desarrollados, ni cerca estemos de tenerla por más que desde tiempos de Salinas hasta ahora se venga diciendo que vamos en camino a pertenecer al primer mundo. ¿El NO tendría un costo? Es evidente que sí y probablemente muy grande, aunque no se ha estudiado a conciencia y responsablemente como alternativa.

Lo que sabemos hasta ahora es que no hay razón alguna para pensar que existe algo semejante a un destino manifiesto y que sólo Estados Unidos nos puede imponer condiciones. Hay otras potencias en el mundo menos unilaterales que la patria de James Monroe (el de “América para los americanos”) y tampoco es de despreciarse el papel que juega nuestra economía y nuestra producción en el desarrollo y en las necesidades de nuestros vecinos del norte. La globalización incluye e influye a ambas naciones. Se acabó la época de las autarquías (si alguna vez existió de verdad) y, por más que el discurso de Trump para sus ignorantes seguidores, sea el de la autosuficiencia nacional ésta no es posible ni siquiera en el último vestigio de ese sistema después de Albania: Corea del Norte (cada vez más inclinada a abrirse al mundo capitalista).

A quien tanto le gustan las consultas, ¿por qué no organiza una verdaderamente nacional sobre nuestra relación con Estados Unidos y si les cerramos o no las fronteras además de imponerles aranceles a sus productos? Sería audaz de nuestra parte, pero no imposible. Hasta los millones de drogadictos de ese país protestarían. Parece olvidarse que la dependencia comercial es de ida y vuelta y que los aranceles, de ser impuestos por cualquiera de los dos países, no sólo afectaría a uno sino a los dos.