Ciudad de México: el laberinto del “no circula”

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Desconocemos si la actual jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, acaso vea lejos las elecciones de 2024 y acaso no se crea que es un tema de elecciones valorar desempeños públicos; como de elecciones lo es valorar si los votantes están contentos con dejar de circular, pese a que hacen lo que las autoridades ambientales han pedido para ser menos contaminantes sus vehículos. Los votantes están para soluciones, no para desplantes ni caprichos.

No, no es cosa de pedir privilegios. Ese maniqueo lenguaje se estrella contra la realidad de la inoperancia de las autoridades. Es sí, recordarle que se ha aceptado que los hologramas doble cero y cero existen porque los vehículos son óptimos y están mejor resguardados tecnológicamente. ¿Qué no todo mundo cumple? Ese ya es su trabajo y de quien corresponda detectar verificentros que se presten al cochupo. Mas no es de recibo emprenderla contra vehículos nuevos que de suyo sabemos que no son factores de contaminación. La medida de desconocer su viabilidad demuestra una incapacidad de solución global de un problema y que se elija acudir a medidas más facilonas. ¿Qué son impopulares? Sí, por injustas y atrabancadas, porque no resuelven el tema global de fondo que nos ocupa: la contaminación ambiental. Debe enfocarse el tema de manera más ingeniosa, incluyente y resolutiva, tal y como justo no está sucediendo. Lo otro son medidas que  apelan al pseudocivismo, el clasismo a la inversa diciendo una mentira: que es privelgio el holograma doble cero o tener un vehículo. Son medidas que reflejan desconocimiento.

Es importante expresarlo porque igual de equivocada suena la medida de limitar el tránsito por las principales avenidas a autos de un solo conductor. Ambas medidas suenan ineficientes y arbitrarias. Lo uno por no resolver un problema de contaminación y acrecentar uno de movilidad y lo otro por sonar a colapsar calles aledañas no construidas para recibir una ingente cantidad de autos desviados para no circular por donde sí les corresponde: las avenidas que se les prohibirá. Es de alienados decir que fomentará el uso compartido del vehículo pues solo denota desconocer la realidad laboral, de inseguridad y de intereses diversos reflejados en destinos distantes entre ciudadanos.

Y no, no es reclamar privilegios, es usar el sentido común y reclamar que se aporten soluciones reales, sensatas, no paliativos. Ya se ha expresado: verificar los verificentros y acrecentar el transporte público sí son soluciones. Pero no se venga con que ello supone más metrobuses contaminantes. Seamos serios: el Metro es la respuesta. Rutas, convoyes a incrementar. ¿Se quiere evitar contaminación? Pues eso. Ahí las soluciones. La jefa de gobierno sabe o debería, que la ecuación es sencilla: no se aborda el transporte público actual por no caberle un alfiler más. Está colapsado. Su desorden y su insuficiencia son innegables. La gente usaría más transporte público si fuera más abundante, eficiente, abarcable y seguro. La ciudad está desarticulada en el Metro. Más camiones de pasajeros es abundar a más contaminación. El Metrobús es ruidoso y es insuficiente y eso que ya tiene un carril de confinamiento. Así que confinar es relativo, como se sugiere para vehículos de un solo conductor y no tenemos avenidas de infinito número de carriles.

Y se lo decimos porque estas elecciones futuras no van por debajo ni ajenas a nuestros pulmones y a nuestros intereses como sociedad. Pues hete aquí que así es. Malas decisiones llevan a perder elecciones, en una sociedad como la capitalina, que puede movilizarse y tiene memoria. Como la tuvo en 2018. Porque… la impopularidad de Miguel Ángel Mancera y de la debacle del PRD capitalino en las urnas y negándole a Mancera sus aspiraciones presidenciales, provino de su corrupción y de un tema muy particular: la mala gestión del medio ambiente y la movilidad, por pegarle a los automovilistas –cautivos como los contribuyentes de Hacienda– y que optó por la corrupción antes que por la solución y no supo pues, qué hacer con la movilidad de la capital y su combate a la contaminación. Que no lo olvide Sheinbaum. La respuesta no es: aceptemos medidas impopulares. No, si estas son ineficiencia total como las que propone.

Convendría que la actual mandataria local no desestime los errores de Mancera, esos que provinieron de dictaminar equivocadamente el problema y peor, dando respuestas que no fueron soluciones. Y estamos viendo que se repite el error.

Y dígase: la capital de la República no puede estar deteniendo el tránsito de medio país por sus calles ni está diseñada para prohibir el acceso a sus vías primarias a los vehículos en solitario, foráneos o locales. No es la City de Londres, no es Manhattan. Ambas con un metro amplio y eficiente, lo que no es nuestro caso. Es una ciudad complicada, más que aquellas y entonces se necesita del doble de imaginación para resolver sus problemas acuciantes y la movilidad es uno de ellos. No se puede sostener un discurso de ser incluyente, mientras aplicas un no circula a sus visitantes. Es un “no te acerques”. Es incongruente. Y pinta para ilegal. La capitalidad de la Ciudad de México no puede darse el lujo de frenar el acceso a los ciudadanos de todo el país. No es viable, no es ella una isla, no es un espacio que pueda ser reducido al derecho más elemental de tránsito. No es a los foráneos a los  que habremos de cargar el problema de contaminar. Máxime que nuestra centralización obliga a dirigirse a ella de manera constante.

Sí, hay contingencias y sí, hay alta contaminación. Ergo, mucho ayudaría endurecer las verificaciones y ver si el ciudadano se pliega a lo que mandata la autoridad y si ellas no han resultado, entonces es hora de prescindir de las verificaciones o la otra: de resguardar su adecuada aplicación. No es retirando de circulación como se resuelve el problema, porque eso es lo fácil en vez de inspeccionar verificentros o de ampliar el transporte público muy deficiente. La jefa de gobierno y el señor Perdomo alienados, saben perfectamente bien que no cabe un alfiler más en aquel. Sí, suena retador y revolucionario exigir que dejemos el vehículo por un transporte colapsado, pero no es realista y si me apura, los ciudadanos también queremos ver a la jefa de gobierno y al señor Perdono moviéndose en transporte público a diario para que padezcan sus decisiones. Cosa que jamás vimos en la señora Müller o en Mancera en sus triples no circula. No es de recibo, no es equitativo, no es justo. Y es inaudito que sostenga el señor Perdomo que dejar de usar un auto 8 veces al año no será molestia. Es chocante oírselo porque no lo vemos a él usando el transporte público. ¿Por? Debería de predicar con el ejemplo.

Aportemos soluciones:  ¿cómo que las motocicletas no verifican? ¿cuánto tiempo más esperaremos los ciudadanos con y sin vehículo, a que la autoridad meta en cintura a camiones de toda laya que contaminan a los ojos de todos, el equivalente a un sinnúmero de autos particulares? Nunca ha sucedido y los únicos cautivos de las autoridades, por serlo fácil, son los vehículos de uso particular. La ausencia de autoridad vial en los atascos, en los embotellamientos de miedo, no actuando deshaciendo nudos, desviando la circulación para impedir que crezca el atolladero, solo genera el entorpecimiento del tránsito. Cambien su visión del problema. Un choque, un socavón, alteran la dinámica de tránsito sin que las autoridades policiales lo agilicen y resuelvan, redistribuyéndolo o reencausándolo, con policías capacitados en la materia tras de estudiar las causas reales de los atascos. ¡Claro que se contamina más por esa inacción! Incluidos los semáforos que aletargan el paso. Retírese macetas obstructoras, devuélvase la velocidad a las calles, esa que Müller y Mancera entorpecieron matándola con sus absurdos criterios de avance. No es lo mismo atravesar Patriotismo con 2 semáforos que con 5. No hay punto de comparación de una mala decisión tomada y no revertida hasta hoy, para perjuicio de todos.

En resumen, es inadmisible y discriminatorio el plan de movilidad propuesto. Porque la autoridad, aunque sea de izquierda, también puede ser discriminatoria. No es privilegio de nadie el serlo o no.

@marcosmarindice