Morena no cuaja, ganó la abstención

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Hubo elecciones en seis estados; en dos de ellos de gobernador. En estos dos Morena ganó, pero con muy baja participación. De hecho en los seis estados la abstención fue la triunfadora. Con la excepción de Durango, donde casi 45 por ciento del padrón acudió a las urnas, en los demás la abstención fue de más de 60 por ciento. Visto así el panorama, Morena perdió en todos los comicios recientes, aunque formalmente haya ganado dos gubernaturas, la de Puebla y la de Baja California, y la mayoría de diputados en Quintana Roo.

Pero ganar es un decir: los dos futuros gobernadores, si el de Baja California no es echado abajo por conflictos de nacionalidad (se dice que es estadounidense), carecerán de legitimidad y ya están sembrando dudas, con los votos obtenidos, sobre la consistencia e institucionalidad de Morena como partido. Ambos candidatos a gobernador de su estado ganaron con una fracción ridícula de los ciudadanos en edad de votar: “Miguel Barbosa Huerta —como bien lo señalara Huchim ayer en Reforma—, con menos de la mitad del 33% del electorado [y] Jaime Bonilla Valdez [con] 50.3% del 29.5% de votación total.” Victorias pírricas las dos.

En mi modesta opinión Morena no se ha consolidado como partido. Que los demás institutos políticos estén sufriendo una profunda crisis, unos más que otros, no quiere decir que el partido de López Obrador esté realmente en ascenso y afianzándose. Una posible lección que dejan las elecciones del 2 de junio es que los morenistas son muy pocos una vez que su líder y fundador no está presente. Tal vez se esté confirmando que quien ganó en 2018 fue AMLO y no Morena (yo así lo creo), y que este partido sólo sirvió para apoyar la logística necesaria para la campaña del candidato, junto con sus aliados.

El problema para el partido lopezobradorista es que si no cuenta con la figura del ahora presidente de la república pierde atractivo. Si Consulta Mitofsky, que nos dice diariamente en El Economista la aprobación que tiene AMLO, hiciera lo mismo con Morena, es probable que nos encontraríamos dos líneas que se van separado conforme pasa el tiempo. La de aprobación de Andrés Manuel va a la alta (el martes estaba en 64 por ciento después de haber estado en 60.4 quince días antes), ¿cómo iría la línea de aprobación de Morena? En mi hipótesis, a la baja, y más después de los comicios estatales del domingo pasado. Según Rojas Díaz-Durán, citado por Hernández López en La Jornada (04/06/19), Morena perdió cerca de 3 millones de votos en comparación con 2018 en los mismos estados, “o sea 65 por ciento menos votación”. López Dóriga señaló el martes que “los dos estados donde Morena ganó la gubernatura, Baja California y Puebla, fueron, quitando el 22 por ciento de Quintana Roo, los de más baja participación, con 29 y 33 por ciento, respectivamente”. ¿Qué pasó con Morena y con el llamado efecto López Obrador?

En Quintana Roo hubo elecciones de diputados. Con los resultados preliminares al 3 de junio, el PRI obtuvo un distrito, la coalición PAN, PRD y Encuentro Social (¿no estaba con Morena?) logró 3 distritos y la coalición Verde, PT y Morena 11 distritos. La participación electoral fue bajísima: 22 por ciento. En Aguascalientes, Durango y Tamaulipas el PAN conservó sus posiciones, en tanto que Morena, con mayor presencia en la presidencial del año pasado, perdió.

El año próximo habrá —dijo Yeidckol Polevnsky— 17 estados con elecciones (Luis Carlos Ugalde mencionó sólo dos: Coahuila y Nayarit). Sean las que sean, ¿podrá Morena con ellas? ¿Su aparato, si es que lo tiene y no está en proceso como todo en el país, servirá para realmente hacer las campañas que esperan los seguidores de López Obrador en México? Ahí está el reto más inmediato después del fracaso del domingo pasado: malos candidatos y malos resultados aunque triunfaran dos de ellos: Barbosa y Bonilla, además de los candidatos a diputados en Quintana Roo, un estado gobernado desde 2016 por un ex priista propuesto por el PAN y el PRD en coalición.

Otra preocupación que me inquieta es el futuro de los demás partidos. Ninguno de éstos puede ufanarse de su perspectiva electoral. Y democracia sin partidos es una muy dudosa democracia ya que abre una rendija a formas bonapartistas de gobierno o al dominio sin oposición de los poderes fácticos, que son principalmente económicos y muy poderosos.