La verdadera revolución

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TRAYECTOS

Apegado a su significado más auténtico, Revolución es «cambio total». La nación entera, sus instituciones, sus centros académicos, sus poderes, sus habitantes, todos, todos los que vivimos en este «herido» país necesitamos urgentemente de ese «cambio total».

No más revoluciones armadas, necesitamos una revolución ideológica, una revolución estructural, desde lo más hondo de nuestras raíces y a once días exactos de que comience la administración de Enrique Peña Nieto, el primero de diciembre de este año, me parece que sería una fecha significativa para comenzar de nuevo.

Coincido totalmente con mi compañero Néstor Ojeda, quien apunta que «son tres los ejes rectores en los que deberá trabajar el próximo presidente de la República: reparación, restauración e innovación » Los retos no parecen fáciles, pero creo que tenemos los tamaños para comenzar una nueva era.

Coincido también con mi amigo entrañable, el periodista y comunicador Rafael Cardona, quien en una mesa de café, me reiteró la necesidad de crear una nueva Constitución, adecuada a los tiempos que vivimos, donde la palabra igualdad sea un factor común y determinante.

Coincido al igual con el futuro Jefe de Gobierno, Miguel à ngel Mancera, quien propone llevar a rango de Ciudad Capital al «dinamitado», en todo sentido, Distrito Federal, esto más allá de un simple cambio de nombre, significaría una soberanía de la capital, soberanía misma de la que ya gozan los demás estados de la república.

Y coincido también con todas y todos los mexicanos que con una actitud positiva y propositiva queremos que nuestro país cambie.

No podemos, en este ambiente, esperar que los cambios, todos, vengan sólo desde el gobierno, ni de la empresa privada, ni de los centros académicos o de investigación, todos, desde nuestra propia persona, nuestros pequeños núcleos, o sea desde la familia necesitamos aportar lo mejor de nosotros para iniciar esta «revolución».

La historia moderna nos ha enseñado que países, como Brasil, han elevado pronto y de forma eficaz sus políticas económicas, y ello ha transformado su calidad de vida de sus habitantes; de verdad no creo que haya «imposibles», mucho está en el cambio de actitud y de visión de Estado de los gobernantes e insisto de los gobernados.

¿A quién de ustedes le gusta tener la casa sucia, que nuestros vecinos hablen mal de nosotros, y que incluso hayamos llegado al extremo de matarnos? -Creo que a nadie-.

La apuesta es urgente, el desarrollo de un país está en las manos de los jóvenes y de la clase trabajadora, las capitales como la nuestra no aguantan más migrantes, los estados necesitan de mayores recursos para explotar sus propios potenciales, el turismo local y el turismo nacional deberán ser el detonante para no seguir dependiendo económicamente del petróleo.

Invertir en nuevas tecnologías es imperante, combatir totalmente la corrupción es prioritario, renovar y ofrecer servicios de salud para todos, y algo que yo he insistido desde siempre: educar, educar y educar. Hace 102 años sonaban los nombres de Madero, Zapata, Villa, Carranza Hoy ¿quiénes serán?, por lo pronto cuenten conmigo.

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