¿Qué aprender de las elecciones de 2019?

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Las elecciones de 2019 fueron la última oportunidad de los partidos para seguir estrategias equivocadas. En 2020 deberán ensayar nuevas formas de designación de candidatos, mensajes y mecanismos para movilizar bases si desean sobrevivir a 2021.

Ya no se valdrá llamar a no votar por morena si no representan algo en concreto. Tampoco serán creíbles cuando dicen representar a la “sensatez” si siguen hundidos en el descrédito. Se presentarán aquí cuatro temas que en mi opinión serán centrales para retomar discursos y adelantar cambios.

Primero: agotamiento de los “candidatos filósofos”. Hay una creencia que deberíamos ser gobernados por las personas “mejor preparadas”, sea lo que eso signifique. Por ello los partidos han presentado candidatos que destacan por su preparación académica, creyendo que con eso pueden contener a candidatos populares y a menudo demagógicos. Cierto, sería deseable que un político tuviera posgrado, pero no basta para ganar. Es más, quizás ni siquiera se necesita para ser competitivo.

¿Qué ha sido de algunos “candidatos filósofos”? Meade parece haberse convertido en el “amigo neoliberal” del ejecutivo. Anaya sigue mostrando sus verdaderas habilidades de liderazgo manteniéndose alejado de la vida pública. Y por más cualidades que indiscutiblemente tiene Enrique Cárdenas, no bastó para conectar con una mayoría.

Enfrentémoslo: los “candidatos filósofos” se crearon para disfrazar la severa crisis de cuadro y propuestas que padecen nuestros partidos. No ser resolverá salvo reestructurándose.

A la búsqueda del discurso perdido. Los partidos siguen sin entender que la simple oposición no hace más que afianzar al gobierno. Es necesario representar algo primero para ahí hacer un contraste. Lamentablemente no se vio algo en este sentido en las campañas de 2019. Y otra vez, será imposible ser creíbles si antes no se hace una autocrítica y se reconocen excesos y omisiones pasadas.

El impacto de la reelección inmediata. Los siguientes dos puntos van unidos bajo una premisa: la reconstrucción de los partidos se hará desde las localidades y de ahí se retejerán discursos y plataformas a nivel nacional. Como se ha dicho en este espacio, el proceso durará quizás hasta 2026, rumbo a las intermedias de 2027.

La reconstrucción de los partidos se hará desde las localidades. Las elecciones de 2021 posiblemente representarán la gira de despedida del sistema de partidos como lo conocemos. Incluso Morena enfrentará el reto de consolidar estructuras y liderazgos.

El primer elemento es la reelección inmediata. La posibilidad de competir para el mismo cargo ha estado cambiando las maneras de hacer política en las localidades, y los partidos que más rápido se den cuenta de ello tendrán las mejores posibilidades de sobrevivir. Es hasta el momento la primera línea de resistencia mientras las dirigencias nacionales sigan sin saber qué les pasó encima en 2018.

Si una persona tiene la posibilidad de permanencia se preocupará por generarse una reputación a través de la defensa de temas y su seguimiento. También se encontrará más expuesta a los ataques de los opositores, pues sabrán que es el enemigo a vencer. Naturalmente no todos los partidos son competitivos en todas las localidades y el proceso de aprendizaje será más rápido en zonas urbanas que en rurales; aunque será imparable.

El derecho de premiar o castigar a nuestros legisladores y autoridades locales según desempeño es un derecho ganado y es veneno para partidos verticales, centralizados y monolíticos. No nos extrañe que Morena vaya tarde o temprano por volvérnoslo a quitar.

La construcción del nuevo “nosotros”. Se ha hablado en este espacio de la necesidad de retejer una noción de comunidad, donde quepan tanto los amigos como los enemigos, llamando a este discurso por tejer el nuevo “nosotros”. Se ha hablado también de que su articulación iniciará por lo local. Presionemos a los partidos para que se les acabe de prender el foco.

@FernandoDworak