Comunicación y retórica

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Avanzo ahora sobre el comentario del libro TREINTA CLAVES PARA ENTENDER EL PODER. El prólogo de Carlos Ramírez alega que en 2000 y 2006 las campañas no estuvieron determinadas por las ofertas de los partidos, sino por los asesores políticos en imagen, en estrategias de reacción inmediata y que a partir de entonces se “multiplicaron como hongos los despachos de asesoría política y los denominados war rooms como espacios para desarrollar más bien guerras sucias.”

Refiere conceptos de la lucha política como la CAMPAÑA PERMANENTE, que trasciende la elección y se instala en el ejercicio cotidiano de la función pública. Analiza por igual la TRANSITOLOGÍA que distingue el LOBBYING del MARKETING POLÍTICO y explica el uso de las REDES SOCIALES y de la PROSPECTIVA POLÍTICA como instrumentos de campaña y de gobierno. En todos los casos ofrece una muy completa referencia del estado del arte, así como un adelanto de los desarrollos que la figura podría presentar.
Aunque puede leerse entrada por entrada, la obra puede del mismo modo abordarse como listado de registros independientes.
Esa flexibilidad le confiere una riqueza eficiente de uso y aprovechamiento y precisamente con ese enfoque quiero observar la primera acepción del libro: AGENDA SETTING (establecimiento de la agenda) que es la capacidad de influencia que tienen los grandes medios en el público aprovechando la fuerte relación positiva entre el énfasis de la comunicación masiva y la importancia de un tema para los electores, derivada o generada por la importancia que los propios medios le imprimen.
Ramírez informa que desde 1922, en su libro Opinión Pública, el estadounidense Walter Lippman desarrolló la idea de que la mayoría de la gente está abierta a la manipulación por las élites políticas y los medios masivos de comunicación, independientemente de su nivel educativo. Más adelante estima que el poder de las noticias televisadas para determinar la agenda pública acredita su capacidad para alcanzar una amplia audiencia con imágenes y palabras que muchos encuentran convincentes.
Acierta Ramírez cuando explica que el esfuerzo de la obra es integral pues aborda definiciones, aporta bibliografía completa, encuentra derivaciones de corto plazo y propone utilizaciones prácticas aun abordando elementos conceptuales. Declara que la metodología de la obra es completa pues plantea definiciones, aporta marcos teóricos concretos y tiene conclusiones, pero es a la vez diccionario y catálogo; referencia bibliográfica y vanguardia teórica.
Aunque los temas son apasionantes en estos nuevos tiempos políticos mexicanos, creo que no es menester avanzar más sobre los méritos del texto. Estamos ante una disciplina novedosa que camina veloz hacia una consolidación en todas sus vertientes y que quizá, solo quizá, podría ser considerada con mayor atención por los comunicadores contemporáneos como herramienta de lo que Alfonso Reyes alguna vez significó como objeto de la retórica (la de a deveras): “esfuerzo de claridad”.
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@ElConsultor2