El periodismo frente al gobierno López Obrador

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A estas alturas del partido sería poco adecuado unirse a la moda pasajera y frívola de referirse al gobierno López Obrador como la 4T. Se la refiere en sus medios opositores más con mofa que no un convencimiento expresivo a su supuesta justificación. Hay que ser originales y no repetir por repetir, que no tiene ningún caso hacerlo. Es como no haber secundado aquello del Mexican moment, una expresión burda, frívola, ridícula que quién sabe a quién se refería o a qué,  pero que desde luego no a un priista comprometido con México, habrá alguno; y mucho menos en 2012 a algo que augurara tiempos mejores y no llegaron. Porque con el PRI, no llegaron. Pasamos al peor sexenio priista donde los desfalcos cometidos nos brincan a diario.

Así que pasemos de referir la 4T, porque hay que ir a lo verdaderamente importante: saber de qué va, si en algo interesa. Y en ello se inscribe el periodismo golpeador antes que informador.

El periodismo más rancio ha sido contrario a López Obrador en varios aspectos: no agrada su proyecto, no gusta su persona a los dueños de los medios más destacados y desde luego que el periodismo se ha restado al sitiar al opositor, al candidato y al presidente López Obrador. Por sus triunfos, la estrategia manipuladora de impedirlo presidente, ha fracasado. Por él, por su proyecto, por su significado, por su referencia, López ganó la partida. No tiene caso ni negarlo ni mucho menos.

Ha sido un proceso desgastante porque al final ahí está, de presidente con 30 millones de votos, con un 76 % rechazando al PRI y después de todo y a final de cuentas, se sigue adelante. Y que nadie se equivoque: en este país se ganan las elecciones por un voto. Uno.

Lo que al periodismo mexicano actual le falta es saber cómo leer los tiempos. Hace unos años un político perredista salió un día con que se enfrentaría al partido oficial que seguía golpeándolos. Se le olvidó que la mentada expresión “partido oficial” se aplica al que gobierna –su partido, el PRD, era el gobernante local– y el PAN  detentaba el gobierno nacional. El se refería al PRI, pero no había actualizado su discurso a los nuevos tiempos. Ergo, si lo que quería decirse era que el PRI los seguía golpeando, así debió expresarlo. Porque lo de oficial ahora se aplicaba al propio. Y así sucede con la prensa mexicana: va utilizando viejos mapas para nuevas rutas.

En esa tesitura se comprende que un sexenio como el peñista necesitara de esas plumas para que le aplaudieran. No necesariamente que fueran antiLópez en un principio, sino que se requirieron para crear, para inflar la imagen de Peña, como lo hicieron de manera tan desvergonzada. Un hombre de paja.

Aunque ya  eran opositores, muchos medios desde el panismo y desde luego, a saber si por consigna tan favorables con el peñismo, cuando callaban, minimizaban o defendían hiciera lo que hiciera, quemando copal a Peña. López Obrador avanzaba, no por aplaudir los medios a Peña, sino por su pésimo gobierno. Si lo entendieron, no se notó. Sí hay un sector periodístico vocero de intereses ajenos a López. Es positivo,  sino fuera por su condescendencia al desfalco priista a este país.

Desde otro ángulo, semanas atrás Jorge Ramos aseveró que el periodista debe estar contra el poder. Tan apabullante frase suena hueca. Y más luego de su atropellada intervención en las mañaneras, abonando en diversas entrevistas a que el periodista debe incomodar al poder, ser su contrapeso, ser imprudente…. Sí, pero no a costa de ser el protagonista. No puede serlo. La nota al centro.

Así que sí y no. No es absoluto su sentir. Es más, equivoca su diagnóstico, antes que acertar. Sí, informar puede implicar confrontar al poder mismo. Sí, pero no obliga a ser el eje. No es acaso siquiera la única ni la más importante razón de su ser. Un periodista buscará información, evidenciará verdades y contribuirá a robustecer la opinión pública, esa, la variada y no especializada; pero de eso a ir golpeándose con el poder, ya es cuestionable y en eso hay muchas maneras de hacer periodismo, no es la única y acaso no la mejor. Y no lo es porque al igual que Ramos, ir atropellando su lengua a su cerebro, por increpar entrevistados, por no esperar a que respondan, por no ordenar las ideas, por atrabancarse y por no saber cómo guiar una entrevista, termina por fastidiar al entrevistado, por provocar que lo rehuya, por ir sitiándolo y provocando que no informe más. Eso no es positivo. Pierde el público y eso no es exitoso, aunque  lo crea o le pase a Jorge Ramos.

Aunado a ello, lo que Ramos propone se antoja complicado que lo cumpla en su persona, toda vez que su proceder propicia encono en vez de facilitar que el entrevistado ejerza un derecho elemental: a que se exprese y que manifieste su verdad. Que yo recuerde el micrófono nunca es para golpear. Ergo, el extravío de Ramos es absoluto y no olvidarse de algo que obvia con frecuencia: el protagonista no es el entrevistador, sino el entrevistado. Así que… eso de ir de paladín exhibiendo personas queda en entredicho como misión del periodista. Y quien crea lo contrario está en su derecho, aquí ya se expresaron razones distintas. Dice que ni López es intocable. Puede añadirse que ni el trabajo de Ramos. Estará muy acreditado en Univisión, pero el mundo no es Univisión. Hay otros escenarios y en ellos no se le mira igual.

Pues bien, sumemos una descalificación a López –normal como las que recibía Peña de algunos– porque el grueso de los señalados en la lista difundida hace unos días, nos recuerda los aplausos y las graves omisiones hacia Peña y su sexenio. Cosa que  termina siendo atroz, pero al mismo tiempo es evidenciadora, y justo es lo que hace la lista: casar silencios con dineros recibidos y es lo que el respetable ha hecho: casarlos y entiende la furibundez de algunos.

En lo que va del sexenio hemos visto reacomodos en medios masivos de comunicación. Se mueven al compás de perder ratings. Y los pierden porque se ha perdido antes la credibilidad de sus voces, esas, algunas y faltan, que van en las listas difundidas (porque la verdad es que hay varias) y la gente está harta de leer lo que no casa con la realidad. Así sean los errores de López, aunado a que se han magnificado a lo absurdo para contentar a un sector opositor, a riesgo de rayar en lo insulso y lo insultante, como ya ha ocurrido desde algunos medios y semanarios. De vergüenza.

Así que más vale temple y ética periodística antes que lo visto hasta hoy: vísceras. Difícil es cuando la gente ha tragado demasiada propaganda y cuando hay espacios que no han buscado informar, sino atender intereses coincidentemente ajenos al actual presidente. Allá cada quien, solo que no se olviden de que hay un público vigilante en todas las direcciones que se decida tomar, que no todas serán las adecuadas, lo que marcará  la gran diferencia.

Habrá quien sepa entenderlo. Hay quien persiste en el error.

@marcosmarindice