Historia, comunicación y poder

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En esta nueva realidad política mexicana de refundación del régimen democrático entero, sabemos que también el lenguaje político está observando mutaciones de entidad superlativa en todo el mundo, pero en particular en México.

No solo eso; hay además nuevos fenómenos para los que no se puede encontrar fácilmente una única manera de referirlos. El campo que con más claridad expresa esta circunstancia es el de la comunicación política (CP). En efecto, por las campañas políticas modernas, cuya expresión local cerró ayer, discurrieron innovadores procesos, comportamientos, productos y servicios, otrora no reconocidos, necesarios o atractivos.
Hay, empero, una disonancia: el avance en el conocimiento y uso de estas novedades ha sido disparejo entre las ciencias sociales y la praxis política. Mientras las primeras desde hace décadas han dado saltos cuánticos para identificar, desbrozar y denominar estos fenómenos, la segunda avanza con lentitud preocupante en reconocerlos y adoptarlos en nuestro país.
Precisamente por ello el ciudadano de a pie no encuentra asidero en esta tormenta de nomenclaturas diversas y abigarradas para denominar a veces la misma conducta o proceso. Para esta coyuntura borrascosa sugiero asomarse al libro TREINTA CLAVES PARA ENTENDER EL PODER, coordinado por Javier Sánchez Galicia.
Lo primero que hay que destacar del texto en estos tiempos de spots partidistas y debates en los estados con elecciones este domingo, es una denuncia del estado deplorable en materia de CP en México: “ha dado pie a que sus conclusiones no se acepten ya no se diga en dictámenes legales, sino incluso en foros en donde termina por imponerse la consigna… Para nadie es desconocido… la influencia… que sobre el votante puede tener una campaña mediática abrumadora…”.
En el prólogo, Carlos Ramírez establece que fue Manuel Buendía el pionero del tema en sus conferencias y clases en la UNAM, carril que se ahogó con su muerte en 1984, que a su vez generó que no hubiera ulterior reflexión teórica ni continuidad académica. De esa fase primaria y teórica, empero, se pasó, sin marco conceptual de referencia, a la fase operativa, durante el sexenio de Carlos Salinas, que contrató a comunicólogos profesionales formados en instituciones norteamericanas, aunque señala que durante la administración de López Portillo el gobierno mexicano asumió la ola de politización de la comunicación cuando dejó correr el debate sobre el derecho a la información al grado de permitir su inclusión en el texto constitucional de entonces.
Reconoce además que fue el PRI el que durante la breve campaña de Colosio en 1994 logró poner en marcha las operaciones propias de esta disciplina: encuestas, manejo de imagen de los candidatos, debates, etc.
Pero que fue en la elección del año 2000 cuando las técnicas de la comunicación política irrumpieron completamente en el escenario político electoral de nuestro país. Avanzaré el martes.
gsergioj@gmail.com
@ElConsultor2