Pensiones lastimeras

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Decía el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer que la vejez es la etapa más triste del hombre, entendido en la extensión de la palabra ser humano, y de la que solo se escapa con una muerte temprana.

El galimatías de la edad trae a vueltas locas a muchos gobiernos y sus políticas públicas sobre todo las que refieren con las pensiones, las jubilaciones y la prestaciones por la edad del retiro.

Con la pirámide poblacional invirtiéndose, el panorama de las pensiones públicas es complicadísimo en un sistema que depende de aportaciones y cuotas, en Europa están quebrándose la cabeza al respecto.

El desbalance entre la demografía y la población económicamente activa es el enigma a resolver: ¿Cómo garantizar la viabilidad del pago de las pensiones en el futuro?.

Sobre todo en países como España con la hucha de las pensiones al borde de la insolvencia, en una nación con escasa natalidad y mayor longevidad con una esperanza de vida promedio de 82.9 años y que para 2040 podría situarse como la nación con la gente más longeva del mundo: de media 85.8 años.

La base será pronto la punta porque ésta irá ensanchándose, lo que implica que en tres décadas más casi la mitad de la población será mayor de cincuenta años; y habrá escasa mano de obra laboral en activo por cada adulto jubilado y además con larga vida.

Hay quienes buscan fórmulas geniales, la mayoría decantan por alargar la edad de la jubilación, actualmente en el país ibérico el retiro puede solicitarse a partir de los 60 años aunque con mayor previsibilidad cerca de los 65 años; en Francia es de 60 años para las mujeres y de 62 años para los varones.

Los hacedores de las políticas públicas estudian precisamente las ventajas y desventajas de alargar la edad del retiro, darle a la gente la opción o la obligatoriedad de ser más productivos.

Acercar la base al techo medio de la edad vital para que no sean tantos los años en los que el trabajador ya retirado viva dependiendo de una pensión; para algunos es injusto considerando que los trabajadores hace unos años atrás se retiraban con 55 años de edad con un promedio de vida de 75 a 77 años. En suma casi dos décadas o muchísimo más en varios casos lo que implica largos años como jubilados… para el Estado es sostenerlos en una situación parásita.

Esa es la verdad, la carga real que implica para las instituciones del Estado soportar y sostener a un pensionado aunque este haya aportado para sí mismo a lo largo de su vida laboral.

 

A COLACION

Trabajar más años para reducir el tiempo estimado de vida durable como jubilado; el aspecto es qué hacer con el mecanismo de rotación laboral sobre todo porque cada año nuevos jóvenes y generaciones quieren entrar o bien entran en el mercado laboral.

Se supone que el más joven logra ingresar en una empresa pública o privada porque se produce una movilidad interna derivada del reacomodo laboral que se genera cuando alguien se jubila porque su puesto de trabajo tiene que ser cubierto con alguien más; ese sistema de reacomodos y ascensos podría verse truncado alargando la edad de trabajo y retrasando la jubilación.

Aspecto igualmente enigmático: qué se hará al respecto de la inteligencia artificial, de esos robots que irán compitiendo productivamente codo con codo con los seres humanos.

Habrá que hacerlos aportar al sistema contributivo de pensiones, habrá que hacerlos aportar al sistema tributario, la gran duda es cómo demonios un ser humano desplazará de su sitio de trabajo a un robot.

No será nada fácil, al final yo creo que será inevitable la quiebra de los sistemas de pensiones sean públicos, privados o mixtos; y que se irá a un modelo en el que todos recibirán una renta básica universal. Mi consejo: ahorre amigo lector.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

@claudialunapale