Al INE le echaron el mal de ojo

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El Instituto Federal Electoral (INE) enfrenta hoy más que nunca los riesgos de que se anule la autonomía que le confirió la Constitución hace 23 años, así como el desmantelamiento de la institución más confiable que tiene el país para la organización de los comicios federales, estatales y municipales, lo que constituiría un peligroso retroceso de las conquistas democráticas de los mexicanos.

Sin que suene a choro, sería algo así como volver a la época de la Comisión Federal Electoral (CFE) que llegó a presidir Manuel Bartlett y que no era otra cosa que un organismo desconcentrado pero bajo el control de la Secretaría de Gobernación.

El INE está en la mira y como en la fábula del gato, ya le pusieron el cascabel.

Los recortes al presupuesto del INE ya se aplicaron este año y sus consejeros son sujetos de descalificaciones y envueltos en una controversia para reducir sus salarios, pero además el próximo año, en 2020, termina la gestión de cuatro de los consejeros federales y los nuevos integrantes deberán contar con la aprobación del Congreso donde la mayoría es del partido en el poder.

En el seno del Consejo General del INE, si bien reconocen que los tiempos actuales son de desafíos y oportunidades, perciben más los riesgos de retroceso.

Una pregunta que se hacen los analistas de El Rincón del Chamán es qué lleva a un gobierno que tuvo una impresionante votación en las urnas a ejercer presión sobre los órganos autónomos.

Para los que conducen lo que hoy conocemos como la 4T, los organismos autónomos, incluído el INE, no son confiables porque no tienen control sobre éstos. Y como botón de muestra está la eliminación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) como parte de la contrarreforma educativa. De nada le valió al INEE contar con el respaldo de la Constitución. En el caso de la CRE, el control se hizo a través de los nuevos integrantes.

 

Parece que fue ayer

La democracia en México ha sido un proceso gradual, como lo reconoció en los setentas el veracruzano Jesús Reyes Heroles, cuando impulsó la histórica reforma conocida como la LOPPE.

Llevamos un camino de no más de 42 años en la construcción de la democracia moderna.

Y aunque parezca mucho tiempo, apenas en 1990 la reforma política que dio lugar al Cofipe permitió que se creara el Instituto Federal Electoral, que si bien sustituyó al Consejo Federal Electoral –el que Manuel Bartlett coronó con aquel episodio de la “caída del sistema” en 1988-, permitió que se creara un ambiente propicio para que se desarrollara la figura de las elecciones organizadas, vigiladas y con los votos contados por los ciudadanos.

Y una fecha que nunca olvidaremos, en 1996, hace 23 años, el IFE logra la autonomía constitucional que le permitiría tomar distancia del control del gobierno federal.

Recordamos que en 1992 también se instituye la credencial con fotografía, que hoy es un documento oficial de identificación y que en 1997 se realizaron por primera vez elecciones en el Distrito Federal para elegir Jefe de Gobierno y delegados.

En suma, a partir de 1994 la democracia en México le mete acelerador para ajustarse a los nuevos tiempos ciudadanos.

Por el voto mayoritario de los mexicanos hoy vivimos la tercera alternancia en el poder presidencial con una holgada mayoría en el Congreso y a nivel de estados, la dinámica de cambio de colores partidistas ha sido impresionante.

Por eso es que no se entiende por qué la desconfianza contra un organismo autónomo con el INE.

En otros momentos las disputas en el seno de los partidos empujaron al cobro de facturas como fue el caso de Luis Carlos Ugalde quien fue destituido en 2007 por el Congreso, después de las elecciones de 2006 cuando ganó por medio punto Felipe Calderón. Pero en virtud de que el Congreso demoró la fecha para nombrar al nuevo presidente del IFE, Ugalde se les adelantó y renunció.

Después de las elecciones de 2010, la segunda alternancia en el poder presidencial, el Congreso introdujo un nuevo cambio y el IFE se convierte en 2013 en el Instituto Nacional Electoral, hace escasos seis años.

Bajo la dirección de Lorenzo Córdova Vianello, el INE inicia una nueva etapa en la que se concreta la tercera alternancia en la Presidencia de la República.

¿Desaparición del INE?

Dicen los economistas que el bien más caro es el que no existe. Y en ese nicho podríamos colocar a la confianza.

Pese al innegable avance democrático del país, el actual presidente de la República ha dicho abiertamente que no confía en el INE y durante la campaña acusó a la institución de estar al servicio de la mafia del poder.

El nuevo gobierno se estrenó con un discurso de austeridad republicana cuyo primer paso fue instituir que ningún servidor público podría ganar más que el Presidente de la República. Si bien la medida fue muy aplaudida, esto se convirtió en un elemento de presión sobre todo para los organismos autónomos.

¿Independientes de quién?, reprochó el jefe del Ejecutivo cuando comentó que todos los organismos autónomos dependen del presupuesto del gobierno federal.

En México la democracia siempre ha sido muy cara y al menos en los últimos 30 años, el financiamiento para la realización de las elecciones y para mantener las prerrogativas de los partidos ha requerido de recursos muy elevados a cargo, para variar, del erario público. ¿Eso es culpa de los organismos electorales?

Sin duda que las propuestas para que los órganos electorales y los partidos gasten menos merecen el reconocimiento social y esperamos que algún día eso ocurra.

Pero otra cosa es proponer que el INE y los órganos estatales desaparezcan cuando no haya elecciones y que se activen sólo en las votaciones concurrentes cada tres años. Eso sería una vuelta al pasado bajo el control del gobierno y la eliminación de lo que hoy conocemos como el INE.

El patito feo

Hace unos días, el consejeros presidente Lorenzo Córdova Vianello dictó una conferencia en el Instituto Electoral de Chiapas, en la que describió con claridad lo que viene para la democracia electoral mexicana.

Para Córdova Vianello hoy vivimos una narrativa en la que se plantea que el primero de julio llegó la democracia en México, como si se tratara de un milagro, cuando todos sabemos que nada surge de la noche a la mañana.

Reconoce que la institución electoral fue objeto de ominosas acusaciones como propiciar el fraude, que no se respetó el voto, que se permitió la compra de votos. Por eso el presidente consejero del INE se pregunta ¿y entonces la alternancia?

Como se sabe el sistema electoral mexicano ha permitido tres alternancias en el poder presidencial en los últimos 19 años; y de 33 elecciones para gobernador en años recientes, en 21 se consumó la alternancia.

Pero contra lo evidente, para la 4T el INE un patito feo al que pretende convertir en institución gansito. El apunte es de los expertos en puntos de vista de El Rincón del Chamán.

La mano negra

La embestida de la mano negra contra el INE tiene diferentes niveles.

Una tiene que ver con la dependencia del INE al presupuesto que administra el gobierno federal y lo expone a los recortes o trasquiladas de su gasto.

Además de los recortes no se descarta una suerte de infiltración al seno del Consejo General con el nombramiento de consejeros al servicio del proyecto del gobierno en el poder. (Como ya ocurrió en el CRE).

Tampoco sería sorpresa que de la nada aparezca una iniciativa de ley para que se reduzca a su mínima expresión el Instituto Federal y los organismos estatales, lo cual para Córdova sería un intento de captura, supresión o injerencia indebida de los órganos autónomos.

El peor escenario es el de la claudicación, lo cual equivale a ceder la plaza y simular que pese que la autonomía en los hechos ya no exista sea inexistente, se simule que no pasa nada.

Córdova Vianello plantea que sobre la mesa está lo peor en términos del respeto y la deferencia que la autonomía requiere. Y hace un apunte con el que nos quedamos: la andanada contra el INE y su autonomía, es inmoral.

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