SAT e IMSS: ¿parálisis o los estragos de la herencia priista?

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En efecto, retener el dinero público al gasto provoca parálisis gubernamental. Verdad de Perogrullo. Es grave, debe evitarse. Pero no negaremos que también debe reconocerse que en este gobierno federal hay un programa, una política de concentración de recursos para solo así identificar, fijar malversaciones, desvíos millonarios que heredaron los actuales de la administración priista, porque, sí y aunque no guste, es inevitable referirse a la administración pasada. No queda de otra.

Por otro lado, es cierto, en efecto, que también estamos observando que Hacienda es la supercontroladora de los dineros y ya genera suspicacias y protestas, dicen que desabasto, pero igual también genera que se tenga en la mira malversaciones, evitándolas en la medida de lo posible si se quiere una austeridad medianamente razonable. Una derivada de una situación económica complicada y acaso, para obtener dinero para los proyectos caprichosos del Ejecutivo, acusan sus opositores sin aportar prueba alguna, de momento. Ya se sabe que se cuenta con muchos opositores de quinta, para una transformación de cuarta.

Mas se puede entender que solo bajo estricto control se pondrá orden en el desbarajuste financiero que dejó el PRI. Porque otra vez hay que recordar a quiénes estaban hasta diciembre pasado. El PAN había dejado una estructura  mucho más organizada en 2012 luego de lo que le dejó el PRI en 2000 y con el PRI fue el retroceso en prácticamente todos los rubros, incluido el combate a la corrupción y la transparencia. Los desfalcos heredados en todos los órdenes saltan por doquier a diario y debe señalarse y recordarse que van tan ligados a priistas que no merece la pena ni callarlo ni minimizarlo. Es plausible lo que sucede si el nuevo gobierno pone controles para obtener el orden y es cierto que urge se termine la concentración de recursos y ya se suelte el dinero. Cuando se está ante herencias tales como la Estafa maestra o el endeudamiento nacional hasta por 10 billones de pesos, ambos hechos por el PRI, no es cosa menor el desafío a vencer.

Sí, que ya se suelte el dinero. Pero que se suelte no a los intereses creados, no a los monopolios, no a los ganones de siempre que han mamado de la ubre sin hartarse y que están presionando para que suceda, como en el caso de las medicinas, amenazando con no vender al gobierno federal si no es bajo sus leoninas condiciones. Por eso se han mandado mensajes de que se comprarán al exterior y en efecto, con perdida para el país, pero sin ganancia para los abusivos de siempre. Eso es plausible.

Será inevitable seguir hablando del PRI en el necesario recuento de los enormes daños que dejó ese sexenio inmediato anterior. Y hacerlo para tenerlo presente y no equivocar diagnósticos ni falsos culpables. Todos los días desde distintas dependencias se va describiendo lo que dejó por herencia. CFE de cabeza, malas negociaciones vendepatrias en el T-MEC que nos comprometían si no fuera por la oportuna intervención del señor Seade, que impidió vender México a retazos como ya lo enfilaban los priistas; Pemex semiquebrada, condonaciones extralimitadas a grandes contribuyentes, un IMSS en pésimas condiciones, el Fondo de Cultura Económica, podrido. Vamos, junto con la estafa maestra o los desfalcos de Duartes o el ahora indultado Granier, es que el PRI no dejó una para comadre. No nos vamos a contar historias. Y dígase las veces que haga falta para que no se adornen tanto.

No se puede aplaudir el sexenio pasado y su terrible lastre nos alcanza hasta hoy. No es tan sencillo como recriminarle al actual gobierno que no asuma o que solo culpe al pasado, sino que ese pasado hay que seguir describiéndolo para identificar de qué venimos y las brutales consecuencias que estamos padeciendo, para atenderlas. Sí, implica mencionar al PRI, cuyas siglas eran las del sexenio anterior y eso desde luego, no agrada a sus agradecidos, pero ese ya es otro tema.

Hace unas semanas el exdirector del SAT, Aristóteles Núñez sentenció a los mexicanos que no votaron por el PRI bajo el modelo democrático que nos rige, como “el voto del ignorante, del flojo o del subvencionado vale lo mismo que del empresario o intelectual más exitoso del país. Así como vamos nos acercamos más a lo primitivo y nos alejamos de lo más civilizado y racional”. ¡Vaya pelma! Máxime cuando se sabe que el SAT a su cargo condonó empresarios afines, favorables al sexenio pasado, o que al mismo tiempo la evasión fiscal alcanzó los dos billones de pesos bajo el “genial” desempeño de Núñez, que no está para pararse el cuello ni para ser aplaudido.

Esas palabras de Núñez eran verdaderos insultos a quienes ni secundaron su modelo fracasado ni a su partido, el PRI, ese que lo apuntaló al cargo que ocupaba de la mano de los que lo apoyaron. ¿Cómo decirnos todas esas lindas palabras cuando hoy se sabe que fueron indiciadas 555 personas que trabajaban en el SAT a lo largo de su gestión,  el 13 % de su plantilla? que más que hablar de búsqueda de transparencia apunta a una corrupción absoluta, desatada bajo su gestión. Bajo su dirección, pues, o las condonaciones por un monto escandaloso a grandes contribuyentes. O la cancelación de créditos fiscales a dos empresas ligadas a la supuesta financiación ilegal de la campaña presidencial de Peña Nieto. Por lo ponto al menos ya se inhabilitó a Lozoya.

¿Con qué cara puede el exdirector del SAT cuestionar a los mexicanos? La verdad, hay que tener mucha cara para hacerlo con el cuadro aquí descrito como una herencia priista innegable.

Y el IMSS. Poco importa si Germán Martínez se fue peleado o no. Lo importante es que describe en su carta de despedida qué fue lo que recibió del PRI, a un IMSS de corrupción total en el instituto, infraestructura precaria y mala gestión de los recursos. Y es verdad: nunca debió asumir ni aceptar ese cargo.

Perdón, pero no casa tal lúgubre panorama con la cantaleta de que el priista Mikel Arriola era un genio al frente del IMSS. Eso no casa con los grandes supuestos méritos atribuidos para lanzarse a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. ¿Es decir que no era un genio y el PRI pretendió decirnos que sí lo era? Gravísimo. Pero así dejó el IMSS. Y vanagloriándose de los muchos afiliados, sin reparar en la baja calidad de los empleos.

Lo que no sabemos ahora es el estado real del IMSS, luego de Germán Martínez. Que sí, que dejó una carta. Me refiero a cosas serias. A juzgar por el desaseado estado de toda la administración pública dejada por el PRI, debemos de temer lo peor y no solo para el IMSS, sus trabajadores o sus beneficiarios, sino para el país.

Y nos lleva a preguntarnos de nuevo ¿entonces a qué regresó el PRI en 2012? ¿para qué quería seguir al frente del gobierno federal en 2018? ¿cuál era la idea ante los resultados desastrosos que eran evidentes y que los estamos constatando y padeciendo? Desde luego no era por amor a México y mucho menos por poseer un proyecto de país. Eso ni pensarlo. Eso ni como propagada barata.

Y es justo en ese punto donde debemos centrar la reflexión: ¿pagarán los responsables? No basta decir que sí reconocemos que hubo errores. Dígase cuáles, priistas. Y la justicia ha de actuar. Eso también lo quieren los que no votaron por el PRI el 1 de julio. Y sería conveniente ver resultados. No están llegando, aunque eso no le lava la cara al PRI, imposible de hacerlo y muy conveniente es denunciarlo o recordarlo.  

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