La conspiración “comunista”

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Las dos mejores formas para afianzar al nuevo gobierno son vivir enojados por las ocurrencias y reaccionando a cuanta nota vemos, toda vez que su control se basa en la víscera. Lamentablemente muy pocas personas se han dado cuenta de esta estrategia, sino que muchos líderes y organizaciones abonan a ese ambiente de temor y crispación.

Hace unos días un grupo de organizaciones han circulado un video y cadenas de Whatsapp donde presentan un plan que llaman “comunista” para dominar a México como pasó con Cuba y Venezuela. De esa forma, la etapa 1, que iría de 2019 a 2020 sería para sentar las bases con una agenda que incluye la guardia nacional, el sometimiento de los poderes ejecutivo y legislativo, la equidad de género (en serio, eso dicen), desmitificar las religiones o reformar la educación como instrumento de adoctrinamiento. La segunda etapa, prevista de 2021 a 2022, buscaría el control político y de población con redes sociales y partidos satélites, control del internet, estructuras para controlar gobernadores y paramilitares. Finalmente, de 2023 a 2024 prevén la redistribución de la riqueza vía expropiaciones y expropiación de medios de la producción.

Dejemos a un lado el hecho de que muchos de los promotores de este desplegado han vivido del discurso “ciudadano” a lo largo de varios sexenios. También cabe reconocer que, en efecto, la democracia está en riesgo si se concretan reformas como la revocación del manado, la tercera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y otras. Incluso muchas iniciativas son un retroceso como la educativa. Demos un paso más y reconozcamos asimismo que muchas de las reformas que plantean son de manual, no solo del Grupo de Sao Paulo, sino de todo régimen autoritario y totalitario del siglo XX a hoy.

¿Qué está mal, entonces? En que este discurso sigue los patrones de una teoría de la conspiración: un pasado perfecto, grupos que quieren acabar con esa comunidad idílica y la pretensión de acabar con quienes desean hacernos daño. Lamentablemente en su torpeza, los promotores de esta narrativa no saben que el gobierno tiene la mano en un entorno polarizado: la reacción sólo fortalece la creencia de que quienes se quejan sólo desean mantener privilegios, todavía más si entre los pasos que se presentan se ven prejuicios claramente reaccionarios. Resultado: si prende su idea terminarían fortaleciendo al ejecutivo y su partido.

Si esta estrategia sólo lleva a que reaccionemos, ¿qué hacer? Se ha hablado en este espacio sobre la necesidad de representar algo igual de atractivo a lo que ofrece el gobierno. Esto implica tejer una narrativa sobre lo que cada uno representa en lo personal y en lo colectivo, lo cual también debe contener un elemento de autocrítica hacia lo que se tenía. Finalmente, buscar lo que se ha llamado aquí como un nuevo “nosotros”: una noción de pertenencia renovada. En esta tarea cada quién se responsable de aportar algo desde su campo de conocimiento.

Veamos qué implica para la propaganda de las organizaciones autodenominadas “ciudadanas”: al contrario de lo que desean ver, lo que teníamos hasta el año pasado no era un estado ideal que debería ser conservado a ultranza. Cierto, durante los últimos 40 años se habían hecho esfuerzos importantes para pasar de un sistema autoritario a una democracia todavía imperfecta, pero estábamos todavía en el proceso de construcción: no tiene sentido defender lo pasado como perfecto, sino abrir un debate sobre los riesgos de las reformas y apostar por un proceso de calibración que corrija los errores pasados. La reacción nos impide llegar a ese punto de la discusión.

Un libro de referencia para articular ese discurso sería ¿Por qué fracasan las naciones?, de James Robinson y Darren Acemoglu. Hemos pasado de un sistema gobernado por élites extractivas, iniciando un lento camino a una sociedad inclusiva que respete derechos de propiedad privada, separación de poderes y economía de libre mercado. En muchos temas las negociaciones políticas se han detenido y lo logrado ha sido insuficiente. Tampoco los partidos cedieron fácilmente en temas como el empoderamiento del ciudadano en temas como la reelección inmediata de legisladores y autoridades municipales. Pero ciertamente las reformas que impulsa el gobierno hacen que vayamos de vuelta al estado que teníamos en los setenta.

Pensemos: ¿qué pueden aportar a esa narrativa? Nadie es experto en todo. Tejan su narración. Discutan con otros. Convenzan. Sólo así saldremos de ésta.

@FernandoDworak