Gobierno federal: trabajar más con menos

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México tiene un problema con el trabajo, su manera de entenderlo en su desempeño y resultados y el nuevo gobierno federal tampoco está dando al clavo en atenderlo.

Hay varias aristas y merecen mencionarse. Una idea equivocada consiste en suponer que más horas es trabajar más. La idea de perder el tiempo en el trabajo para hacer productivas un par de horas, solamente, lo desmiente; y más si el resto son horas muertas, como suele pasar. Los bajos salarios del grueso burocrático que contrastan con la alta burguesía –esa que lo niega, se ofende al ser señalada, se ampara contra la reducción, pero al mismo tiempo se cree muy merecedora de tales montos– o el dispendio que pagamos en el ego altos burócratas, la idea del bomberazo como supuesta eficacia que no lo es y la incapacidad de organizar el servicio público de manera que se entienda que debe ser eficiente al tiempo que no olvidarse de que los servidores públicos también tienen vida, todo sumado da una ecuación de compleja solución.

Es primordial que en todo modelo laboral que quiera instaurarse, se respete ese ámbito de privacidad, de tiempo libre, que no hay trabajo que tenga derecho a nulificar. Ninguno. Mucho de conseguir el salir a tiempo y con horas productivas es previsión y atención temprana de los asuntos, más que bomberazos que no son sinónimo de eficiencia ni calidad. Y muchos solo nutren egos, bien lo sabemos. Y mucho es la mentalidad de entender que todos tenemos vida. Que no se encubra una explotación invocando responsabilidad u otros valores. Los mismos vicios con sus más y con sus menos aparecen en la iniciativa privada. No son mejores. Se cuelan.

¿Ve? el tema tiene carnita y desde luego, amerita abordarse.

Pasadas las elecciones del 1 de julio, López Obrador planteó que los burócratas de confianza trabajaran los sábados. Es abusivo. En dado caso todos, pero dónde cree usted que el santificado sindicalismo lo iba a permitir. Tristemente nunca se ha caracterizado por trabajar más, en términos generales, y es una pena, porque sus brazos contribuirían al engrandecimiento de México. Pero no, que sean los de confianza y desde luego, sin un plan articulado que siquiera justifique acudir en sábado. Pinta para irse a picar los ojos o a sacar lo que debió hacerse entre semana.

Tal medida anunciada y que parece ya ir en serio, no garantiza eficiencia. Ni tampoco todo el gobierno federal requiere atender público en sábado, si es lo que se requiere. Ergo, se requiere sí, de un plan estructurado o esto será un sinsentido. Abundar en una idea muy priista y por lo tanto, ineficiente, de que hay que “hacer guardias” –ni que fueran hospitaleso acudir al centro de trabajo “por si se ofrece algo”, en vez de contar con un programa claro de actividades, no es positivo. Requiere de saber si todas las dependencias lo ameritan por su naturaleza y si es que resultara ineludible acudir en sábado, sépase que será sin tomar en cuenta que se va por el caño la conquista laboral de contar con el justo fin de semana completo. Es un retroceso.

Se equivoca López Obrador como lo hicieron sus antecesores, en la manera de plantear el trabajo. Un priista me decía que ya quisiera yo seguirle el paso a un subsecretario como lo hacía él, pues trabajaba arduamente. Pues no, le respondí que el bomberazo, las largas reuniones en horas eternas y otras más para comer, no es trabajar. Así sea el subsecretario. Es ir a trompicones. Eso se dice desde la palestra de quien no les debe nada a los “subse” como para no necesitar que se disfracen la improvisación y las altas horas de trabajo nocturno por no hacerlo a sus horas. No nos equivoquemos ni nos confundamos.

Hay 8 horas de trabajo que deben de alcanzar y apremian a organizarse y a tomar todos conciencia del tiempo de todos. Directivos y operadores de todos los niveles. Hasta el presidente, inclusive. Si la respuesta es que eso es casi imposible, será la muestra de cómo hemos degradado el sentido del tiempo propio. Acabamos siendo el país que más horas le echamos y ni productivas ni bien pagadas. Así lo rebela la OCDE y no merece la pena ni rechistar. Por mucha Ley Federal del Trabajo o un loado artículo 123 constitucional que tengamos, estamos en el hoyo y basta ya de vivir del cuento de la Revolución que los parió o de la clase trabajadora y productiva eterna. Todo para que al final seamos un país pobre sin posibilidades de rehacer y replantear el trabajo en general y el trabajo público en particular. ¿Entonces? El problema es otro, naturalmente: es cómo concebimos el trabajo…y puede ser que también el tiempo libre. Y ¿sabe qué? Hay quien sí se fleta y trabajo a destajo. Eso también.

Al mismo tiempo, se busca terminar privilegios. Enhorabuena. Ya vimos la pésima respuesta de la Corte negada a disminuirse sueldazos. Al final lo ha hecho a regañadientes y con la mirada de la Nación sobre ella. Oronda y pagada de sí misma. Imaginemos la cara de los altos burócratas que se han dado la gran vida en supuestos congresos nacionales y extranjeros que aterrizan en nada. En sus hoteles y aviones, choferes y autos, en sus dispendios con cargo al erario. Y dicen que trabajan y por el bien de México, faltaba más. Y por supuesto que no cabe esperar que estén de acuerdo con los cambios. Decididamente que no. Porque se entrecruza otro asunto: los sueldos asignados sin un criterio objetivo ni mucho menos, justo. Pagándose la alta burocracia hasta no hace tanto, sueldazos no acordes tampoco ni a su productividad ni a sus resultados pero sí a su ego, ese pagado de si mismo que les hace creerse merecedores, truene, llueve o relampaguee y dicho esto porque no ceden ni conceden pese a realidades tales como que a este país se le caiga el precio del petróleo o la recaudación: a ellos, sus timbres. No puede ser. No es de recibo esa actitud. Es alucinante escuchar que cuando se los han bajado, muchos prefieren marcharse. Así de chulos. A ver dónde les pagan lo que recibían. Esa es otra.

El nuevo gobierno federal no podrá limpiar de sindicalizados a sus estructuras, como no pudieron Fox, Calderón o Peña. Es decir, moralizar su actuación. Han podrido las estructuras en muchos casos, lamentablemente. Casi, casi se tendría que refundar el Estado y cambiar la mentalidad laboral. Sean sindicalizados o de confianza, el Estado ha perdido y mucho.

Esa mentalidad logrera de bonos, de recompensas, de deber favores y corresponder, es muy priista y explota la necesidad y no parece que se vaya a terminar. Esa mentalidad que tiene a burócratas estirando la mano y el sueldo si ganan mal, para completarlo. Que si no, se reponen con prestaciones. Hay de todo porque al igual que en tabuladores, vacaciones y demás, el gobierno federal es un desbarajuste, el de siempre. La herencia priista y panista afloran.

Y todo ello no es sino simplemente la cultura del favor y del pedir. No otra cosa. Y en medio la insana manera de ver el trabajo. De pensar que más horas es mejor, que pueden sin respetar el fin de semana. Que nunca cierras como gobierno, cual autómatas, cual robots, porque estás solo para servir ad infinitum. Será que no tienes vida. O el que dispone que no la tengas tú. Eso es lo que debe cambiarse: la manera de ver el trabajo y sus tiempos. No es posible que el gobierno no pueda cerrar por vacaciones, una humanas, sensatas. No, Porque algo se puede ofrecer, arguyen; que las más de las veces, no se ofrece. Salir 1, 2, 3 de la mañana no es ser más productivos, es no respetar el espacio del otro.

Así que más que ampliar el trabajo a los sábados, que en el mejor de los casos requeriría redefinir actividades, funciones y objetivos; lo que se requiere redefinir es qué buscamos y qué obtendremos trabajando en el sector público. De lo contrario, es solo afianzar un retroceso y no ser mejores que con el priismo, por ejemplo, con su idea caduca de país y del sector público. Morena se entiende que es distinto y ha de demostrarlo o asumir las consecuencias.

@marcosmarindice