1994, un documental con omisiones

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1994, la serie presentada por Netflix, carece de objetividad por varios conceptos. Diego Enrique Osorno, respetado periodista regiomontano, fue quien dirigió este documental, pero da la impresión, por poner un ejemplo, de que Colosio, para él y varios de sus entrevistados (Arreola, Basave y Durazo, entre otros), fue algo así como San Donaldo. Pareciera, en el contexto del documental, que el triunfo de Ernesto Ruffo Appel en la elección de gobernador de Baja California (1989) se debió al dirigente del PRI que sería candidato presidencial de su partido (Luis Donaldo Colosio) y no a Salinas de Gortari, presidente de la República.

Colosio, no debiera olvidarse, era el delfín de Salinas para sucederlo en Los Pinos (por lo menos hasta el discurso del 6 de marzo de 1994). Salinas se encargó de guiar la trayectoria política de Colosio desde 1985, que fue inusitadamente meteórica: primero como diputado federal, luego como senador en 1988, posteriormente como presidente del PRI (1988-1992) y, para que pudiera ser candidato presidencial, secretario de Desarrollo Social de abril de 1992 a finales de noviembre de 1993. No era tradición que un candidato presidencial, como quiso ser García Paniagua en 1981 y años después Roberto Madrazo, saliera de la dirección del Partido Revolucionario Institucional, sino más bien del gabinete.

Ciertamente se le reconoció el triunfo en Baja California al panista Ruffo siendo Colosio presidente del tricolor, pero tanto éste como Margarita Ortega Villa (la candidata del PRI) se enteraron, por las noticias televisivas del Distrito Federal, que quien había ganado había sido el ex alcalde de Ensenada. La candidata del entonces partido oficial casi se desmoronó con la noticia y expresó de inmediato su inconformidad. En sus declaraciones dio a entender que había sido sacrificada por arreglos entre el gobierno federal (Salinas de Gortari) y el PAN (ojo, entre el gobierno federal y el PAN, no entre el PRI y el blanquiazul). En diversos medios se dijo que tal sorpresa había obedecido a tres razones principales: una, era la imagen que Salinas quería proyectar en el extranjero, expresamente en los festejos del bicentenario de la Revolución francesa en la que iban a estar muchos jefes de Estado (Salinas quería presentarse como el primer presidente priista que reconocía un triunfo de la oposición en el gobierno de un estado). En segundo lugar, se estaba negociando la deuda externa. Y la tercera razón, porque al presidente le urgía una alianza con el PAN para sus contrarreformas a la Constitución en materia agraria, financiera (reprivatización de la banca) y religiosa, principalmente (las famosas reformas de 1992).

En otras palabras, no fueron las tendencias democráticas de Colosio, que sí las tenía, las que permitieron el reconocimiento del triunfo del PAN en una gubernatura, aunque al dirigente priista le tocó, forzado por una decisión tomada desde la cúspide, aceptar el triunfo panista en Baja California. Dije “forzado” porque Colosio y Margarita Ortega habían sido muy cercanos compañeros en la 53 Legislatura de diputados y los dos llegaron al Senado al mismo tiempo. No hubo traiciones entre ellos y, coincidentemente, ambos tuvieron un final trágico: Colosio asesinado en 1994 y Margarita fallecida por cáncer en 1996, según se dijo, abandonada políticamente y desencantada del sistema. Vale decir que ambos querían transformar, en su ámbito de competencias, las formas antidemocráticas y considerablemente corruptas de sus correligionarios en el poder.

Hay otras omisiones o faltas de objetividad en ciertos aspectos (por ejemplo el olvido de los videos propagandísticos amarillistas a favor de Zedillo en los que se presentaba al México gobernado por el PRI como un paradigma de paz y estabilidad en el mundo), pero también, debe decirse, algunos aciertos y alusiones muy pertinentes que largo sería citar. Vale la pena verlo, de preferencia con criterio crítico e informado.