Hegemonía porfirista

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Cipriano Flores Cruz

El régimen político de Porfirio Díaz es el más estereotipado de la historia nacional, es decir, goza de una imagen inmutable desde el siglo pasado hasta nuestros días. Se sostiene, sin el cuidado del análisis histórico, que el régimen porfirista fue un régimen autoritario, represor, entreguista a los capitales extranjeros, un régimen que sumió a la gran mayoría de los mexicanos a la desigualdad y a la pobreza, por lo tanto, el advenimiento de la Revolución fue casi natural. Este es el estereotipo que ha prevalecido y ha ganado credibilidad en nuestra historia.

Pero si somos rigurosos e imparciales en el análisis del período de existencia de este régimen, puede mostrarnos elementos que contribuyan a explicarnos de la manera de arribar al poder político en condiciones de formación del Estado, de cómo mantenerlo y de incrementar el poder político del líder y del grupo que lo acompaña y sostiene.

Lo primero que debemos de destacar es que el régimen porfirista, porque es un proyecto hegemónico, si fuera un proyecto personal lo describiríamos como porfiriano, si queremos enfatizar su carácter autoritario y despótico lo llamaríamos porfiriato. Acordemos pues que fue un proyecto hegemónico colectivo más que personal y que pretendió crear un proyecto hegemónico modernizador para México de largo alcance. Que el estilo personal de gobernar de Porfirio Díaz es el más atractivo más que escudriñar sobre sus relaciones en el campo político es cuestión de intereses, en este caso del régimen de la Revolución y de sus detractores. Vale decir que en la historia de los regímenes políticos es difícil encontrar, estrictamente hablando, de plenos proyectos personales, siempre serán de proyectos de grupo en donde el líder puede destacar.

Dos hechos explican la permanencia del poder político en manos del grupo porfirista y de Porfirio Díaz, las condiciones favorables del desarrollo capitalista de los fines del siglo XIX y de los inicios del siglo XX que favorecieron el desarrollo del comercio y de las finanzas mexicanas, así como de la gran capacidad y preparación del conjunto de colaboradores del gobierno porfirista. Si queremos destacar la relevancia de Porfirio Díaz para mantener durante mucho tiempo un régimen político, cabe mencionar su oficio político y gran conocedor de la naturaleza del mexicano de ese tiempo, dos elementos para considerarse un buen gobernante.

De la necesidad de institucionalizar un gobierno centralizado, de un efectivo ejercicio de la autoridad, de convocar a los mexicanos a un orden social progresista y dinámico, de insertar a México en el proceso del orden económico mundial, fue necesario actuar imperativamente sobre los mexicanos descritos por él, de la siguiente manera, como condición de su cambio para lograr el orden y el progreso:

“Los mexicanos están contentos con comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con padrinos de influencia, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo, no faltar a las corridas de toros, divertirse sin cesar, tener la decoración de las instituciones mejor que las instituciones sin decoración, casarse muy jóvenes y tener hijos a pastos, gastar más de lo que ganan y endrogarse con los usureros para hacer posadas y fiestas onomásticas. Los padres de familia que tienen muchos hijos son los más fieles servidores del gobierno, por miedo a su miseria; a eso es a lo que tienen miedo los mexicanos de las clases directivas, a la miseria, no a la opresión, no al servilismo, no a la tiranía; a la falta de pan, de casa y de vestido, y a la dura necesidad de no comer o sacrificar su pereza” (Fowler, Will corrdinador. Gobernantes Mexicanos. Edit. FCE, México, 2008, Tomo I, pp, 387-388).

Bajo esta concepción del mexicano, para arribar a un orden y progreso, para ser competitivos a nivel mundial, habría que cambiar este carácter nacional, a través de un proyecto hegemónico de gobierno que hiciera posible este cambio. El porfirismo fue un proyecto de construcción de una nación que fue heredera del proyecto liberal del siglo XIX y no un deseo insano de un personaje ávido de poder. Porfirio Díaz, producto de su tiempo, gobernó de acuerdo a las necesidades de ese tiempo.

Derivado de su oficio político, con el propósito de denostar más que de entendimiento de una praxis política, sin la contextualización de cada frase que se le atribuye a él o su régimen, Paul Garner en su ensayo: Porfirio Díaz, integrado en el libro de Fowler citado, repasa los dichos políticos atribuidos al Presidente Díaz y a su régimen, que dicho sea de paso, expresan gran conocimiento de la naturaleza humana y del correspondiente ejercicio del gobierno.

Las prácticas gubernativas porfiristas, tales como: “pan o palo”, “cinco dedos o cinco balas”, “mátalos en caliente”, “poca política, mucha administración”, “ese gallo quiere maíz”, no demuestran la naturaleza del régimen porfirista como se ha pretendido, pero sí un conocimiento de la naturaleza de la política y del ser humano mexicano, al mismo tiempo estas prácticas gubernativas expresan una concepción de la política como oficio práctico, técnica, habilidad y procedimiento. Porfirio Díaz y el porfirismo tienen mucho qué decir, basta de estereotipos.

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