Neocorporativismo obrero para la 4T

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El sindicalismo mexicano actual —antes y después de la reforma laboral de Morena— es piezafundamental del sistema político. El modelo lo impuso el presidente Lázaro Cárdenas en 1936-1938, cuando se percató de que el control directo de las clases sociales sería la clave de la estabilidad de los gobiernos posrevolucionarios.

En 1936 Cárdenas fundó la CTM y en 1938 la puso como pilar fundamental del Partido de la Revolución Mexicana, junto con otros tres sectores del régimen: el campesino, el popular y el militar. El PNR fundado por Plutarco Elías Calles colocó la primera piedra del sistema político: un espacio en cuyo seno se dirimirían todas las controversias entre grupos y clases.

El modelo Cárdenas para el PRM fue el del partido fascista italiano: controlar en un espacio partidista a la clase trabajadora que podría iniciar una revolución proletaria, pero bajo el mando de una élite conservadora. Cárdenas organizó a la clase obrera, señala una de las principales aportaciones de Arnaldo Córdova al estudio del sistema político mexicano, “como masa y no como clase”. En uno de sus estudios históricos Enrique Krauze encontró que el poder de Fidel Velázquez como jefe obrero se basaba en nunca tener la tentación de ser presidente de la República.

De 1938 a 2019 el sector obrero fue pilar del régimen dentro del PRI porque es la clase productiva por excelencia y el sector cuya movilización podría iniciar una revolución proletaria. Si Cárdenas pensó en una clase obrera activa el PRI la convirtió en clase domesticada solo para asustar a los burgueses incautos y crédulos.

La reforma laboral de Morena no modificará el modelo cardenista de domesticar a la clase obrera; le dará, si se puede, ciertas libertades internas en su organización pero siempre bajo el mando de la autoridad presidencial. Así que la reforma laboral cambiará las cosas… para que sigan igual.

Recambios

El análisis de la reforma laboral permite evaluar, también, el hecho de que la 4T no modificará la estructura de dominación del sistema político priista, solo que ahora bajo el control de Morena.

La reforma laboral lopezobradorista es equidistante de la reforma laboral de Carlos Salinas cuando reorganizó el sistema político priista para hacerlo funcional a Solidaridad. Provocó recambios en los liderazgos sindicales fuera del control oficial —Pemex, Educación, electricistas, entre otros— pero para poner unos funcionales al salinismo. El caso simbólico fue Elba Esther Gordillo.

Al final de cuentas todas las reformas laborales no han modificado la estructura de la explotación secundaria del obrero: la primera ocurre en la política salarial funcional a la tasa de utilidad empresarial. Hubo un tiempo, alrededor de la revolución industrial, en que los empresarios pagaban salarios bajos al obrero con el argumento de que salarios altos propiciaban aumento de la población y disminución de la productividad por el despilfarro.

La 4T requiere de un movimiento obrero no priista, no salinista, no peñista y sí lopezobradorista. Lo que falta por ver es si Morena como partido será el espacio corporativo del movimiento obrero reformado o si el partido lopezobradorista se seguirá hundiendo en la confusión y el caos. Al final la reforma no significará libertad obrera sino sometimiento al mando presidencial y no mejora de clase.