Rivera mejor que Casado e Iglesias con las manos vacías

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Pablo Sebastián

Sesión doble de espiritismo político en Moncloa con Sánchez exhibiendo su victoria en el 28-A y recibiendo en el día de ayer a Rivera e Iglesias después del encuentro del lunes con Casado. Se sabia que estos encuentros, en las vísperas de los comicios del 26-M, no alumbrarían nada concreto con vistas a la investidura de Sánchez.

Pero en ellos hemos visto: a un Casado desvaído y blando; a un Rivera firme frente a Sánchez y mejor que Casado; y a un Iglesias que ha salido de La Moncloa con las manos vacías diciendo que están de acuerdo en buscar un acuerdo, que por lo que se ve ahora no tienen.

Pedro Sánchez ha querido ningunear a Albert Rivera ofreciéndole una pobre sala de prensa para que el líder de Cs valore el encuentro que acababa de tener en Moncloa con Pedro Sánchez. Un gesto innoble de Sánchez con el que el presidente en funciones -que había ofrecido a Casado la gran Sala de Prensa del Consejo de Ministros- ha querido castigar a Rivera y favorecer a Casado.

Pero la maniobra le ha salido bastante mal a Sánchez porque Rivera le ha vuelto a ganar a Casado la partida de La Moncloa con su actitud más firme en la cuestión catalana pidiendo el 155 y rechazando el relator y los indultos, de los que no dijo nada Casado. Y también contra la subida de impuestos, y con propuestas concretas para la educación, seguridad, la inmigración y las zonas más despobladas del país.

Al empeño infantil de Casado de que Rivera pacte con Sánchez el líder de Cs le ha respondido que Cs no pactará con Sánchez y ha dicho a Casado que no se entrometa en la vida de los otros y que se ocupe de los muchos y serios problemas que tienen en el PP.

Casado fue a Moncloa a presumir de líder de la Oposición con un discurso blando -producto de su nuevo centrismo- y se ha vuelto a equivocar porque ha sido Rivera quien ha actuado en Moncloa como líder de la Oposición y el que ha sido mediática y políticamente más eficaz.

En cuanto a Iglesias su comparecencia ante los medios ha sido desastrosa. Llegó a La Moncloa en taxi (imitando a Revilla) pero esta vez con chaqueta y corbata malva. Es decir vestido de ministro y para que vea Sánchez que está dispuesto a respetar ciertas formas. Y, después de pasar dos horas reunido con Sánchez, Iglesias dijo que ‘están de acuerdo en ponerse de acuerdo en unas negociaciones largas y discretas’.

O sea, que se va con las manos vacías después de varios meses diciendo que él exigirá a Sánchez entrar en el Gobierno si pretende que Podemos apoye su investidura. Pero está claro que Sánchez no lo quiere dentro del Gobierno, como testigo de cargo en el Consejo de Ministros, y por eso le ha dado largas a la espera de lo que ocurra en las elecciones del 26-M donde Podemos puede ir a peor, como el PP, y Sánchez y Rivera a mejor.

Y sorprende que Iglesias, en esta su enésima transformación, se nos haya puesto misterioso y haya cerrado su intervención ante los medios en tan solo dos minutos y sin responder a nada. Y, lo que es más raro, sin querer aprovechar la ocasión para hacer campaña electoral, como lo hizo Rivera con gran habilidad.