Sangre, sudor y lágrimas para México

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Cipriano Flores Cruz

Se cuenta que hace algunos siglos, en plena edad media, un grupo de señores feudales, ante el problema de inseguridad, crímenes y violencia que prevalecía en sus feudos, deciden contratar los servicios de un grupo de caballeros muy diestros en el manejo de las armas para acabar con esa situación.

Los caballeros actuaron de forma independiente de los señores, con sus armas, estrategia, método, procedimientos, recursos, de esta manera terminaron con los violadores de la estabilidad de los feudos. Según se dice, de esta manera nació el Estado moderno, bajo el principio de tener para sí el uso de la fuerza y de la violencia legítima.

Entonces la primera condición del Estado para que sea Estado precisamente, es tener el monopolio del ejercicio de la violencia y de la fuerza legítima. ¿Qué pasa cuándo tal Estado no goza del ejercicio de la fuerza y de la violencia legítima? Pues es muy malo para la población, pues estaría inerme ante la fuerza y la violencia extraestatal, ni más ni menos. Se dice, con justa razón que los vacíos en política se llenan de alguna manera. En este escenario, ese vacío de la ausencia del monopolio de la fuerza y de la violencia, lo llenan los criminales, los poderosos si bien nos va.

Entonces, la primera condición para tener éxito en el combate al crimen y al crimen organizado es tener un Estado fuerte, poderoso, institucionalizado bajo los principios y égidas del derecho. No necesariamente un Estado poderoso signifique tener un Estado autoritario, pero sí con la fuerza de la ley. A la vez no significa ser un Estado totalitario, cuando de lo que se trata es garantizar las libertades y seguridades humanas.

Un Estado poderoso significa tener un Estado Constitucional, un Estado que garantiza la vigencia de todas las instituciones de la sociedad y del régimen político, si les falta institucionalidad pugna para que lo alcancen. Por ejemplo, el Estado mexicano, es un Estado de muy baja institucionalidad, es un Estado que aún necesita de las virtudes de sus gobernantes, si el gobernante falla, como lo ha sido en los últimos cuarenta años, pobre población, pobre sociedad. Tenemos una historia política que nos hace depender de los éxitos de los gobernantes y no del buen funcionamiento de las instituciones sociales y políticas.

Hoy en día, todo el juego depende del éxito del Presidente López Obrador, si él falla ya nos llevó el viento más violento. Pero qué tal si nuestras instituciones funcionaran bien, que nuestras administraciones públicas, la federal, estatal, municipal, funcionaran con eficacia, fuesen eficientes, desde luego, se debe incluir a los policías y al ejército. Que nuestros fiscales tuvieran éxito en todo sus actuaciones, que jueces y magistrados impartieran justicia con apego a las leyes, que nuestros congresos y cabildos no fuesen cajas de resonancia y palabrería hueca y sí fuesen creadores de leyes adecuadas para la nación y para las sociedades y firmes controladores de los de los ejecutivos federal, estatal y municipal.

Que nuestros partidos políticos fuesen escuelas de educación cívica, verdaderos correas de transmisión de la voluntad popular, integradores de los poderes públicos con las mujeres y hombres de mayores méritos, que fuesen vigilantes del buen desempeño de todos los gobiernos. Que nuestros políticos tuvieran una gran ética pública en sus actuaciones y que fuesen muy eficientes en el manejo de la cosa pública. Que todos los ciudadanos fuésemos muy responsables con nuestros deberes, obligaciones y no solamente exigentes de nuestros derechos.

Que los sindicatos fuesen también escuelas de capacitación, formación, adiestramiento de sus trabajadores, además de firmes exigentes de la justicia laboral, sobra decir que deben ser plenamente democráticos. Que todos vivamos en la compartencia, en la reciprocidad, en lugar de buscar el vivir a costa de los demás. Que las religiones fuesen eso, instituciones de paz espiritual y no de enajenaciones y embrutecimientos personales y colectivos. Que la familia sea otra vez, remanso de paz y de amor filial.

Que la educación sea la formación del ser humano, amante de la naturaleza, de sus semejantes, libre de prejuicios, igualitario de pensamiento y acción, que anteponga el nosotros antes que el yo. Que gobierno y ciudadanos no permitamos que la brecha de la desigualdad nos invada, nos arrolle, que no dejemos todo en manos del gobierno. Que los empresarios se dediquen a lo suyo, a crear riqueza para todos y para ellos y dejen de pensar en la riqueza fácil que pueda dar la política, ésta debe ser para mujeres y hombres virtuosos, ni más ni menos, porque ella es tan noble que los más sucios no podrán envilecerla.

Con esto queremos decir que la cuestión del combate al crimen organizado y de la violencia que prevalece en México, no bastará la Guardia Nacional si no formamos, fortalecemos, cuidamos, mantenemos nuestras instituciones jurídicas, sociales, económicas, políticas, culturales y buscamos con más ahínco, las libertades, los derechos, las igualdades, que bien nos las merecemos. Si no lo hiciéramos así, nos espera sólo, sangre, sudor y lágrimas.