Interpretaciones del posneoliberalismo

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En mi artículo anterior señalé que tal vez sería necesario analizar qué se quiere decir con el concepto “posneoliberal”. Y, por cierto, uno de los comentaristas de mi artículo, Jesús Valdez, contribuye con un artículo propio y sugiere otro de Beatriz Stolowicz sobre el tema.

El debate sobre el concepto no es nuevo, se inició en América Latina hace más de diez años. Quizá las posiciones más antagónicas dentro de las izquierdas de la región serían las de Emir Sader y Atilio Borón, por un lado, y la de Beatriz Stolowicz por el otro. Les dejo a ellos el debate, ya que, hasta donde he podido estudiarlo, el concepto carece de sustento teórico y, además, ha sido asociado a realidades muy concretas en momentos determinados que, en la práctica y con el tiempo, ya han mostrado inconsistencias perfectamente comprobables. Aclaro, para evitar malos entendidos, que no coincido con ninguna de las interpretaciones que resumiré a continuación, ni tampoco con el concepto “posneoliberalismo”.

Para Atilio Borón en su libro “Socialismo siglo xxi ¿Hay vida después del neoliberalismo?” (2008), “un rasgo decisivo de una política económica posneoliberal debe ser la voluntad y firme decisión de situar al combate contra la pobreza como una de las prioridades absolutas de la agenda gubernamental.” (p. 61). Pero va más allá de este planteamiento: la alternativa del posneoliberalismo está en la confrontación con el capital (y con el imperialismo), suprimir sus privilegios de tal forma que con estas medidas se dé inicio a la construcción del socialismo (¿del “socialismo del siglo xxi del que hablara Hans Dieterich, en especial referencia a Venezuela?). “De ahí que cualquier planteamiento que pretenda avanzar por el camino de un modelo alternativo de desarrollo sin confrontar con los capitalistas sea meramente ilusorio. Por eso mismo, pensar que se puede ‘gobernar bien’ hoy en América Latina y el Caribe sin desafiar el poder de las grandes empresas que controlan los mercados a su antojo es una aspiración condenada de antemano al fracaso” (p. 77).

Para Emir Sader, en su libro “Posneoliberalismo en América Latina” (2008), el posneoliberalismo tiene semejanzas con la propuesta de Bloques Regionales de Poder de Dieterich, pero es diferente, “porque es incoherente optar por la integración regional y estar por un modelo de libre comercio dentro del país” (p. 19). Para él, en 2008, Venezuela, Bolivia y Ecuador se inscribían en el modelo y transitaban en la vía de una tercera estrategia de la izquierda. Lamentablemente para la propuesta de Sader Venezuela está en una de sus peores crisis hacia un futuro incierto y Ecuador perdió el impulso que le había dado Rafael Correa. Bolivia parece ser el único de esos tres países que se mantiene más o menos estable, pero ahí no se habla responsablemente de posneoliberalismo.

Quizá el eje del planteamiento de Sader sea el siguiente: “el tema hoy día infelizmente no es el socialismo inmediatamente, sino construir el posneoliberalismo. Una solución híbrida, pero que va de a poco haciendo avanzar la esfera pública respecto a la esfera mercantil, la hegemonía de un nuevo bloque en el poder.” El concepto clave parece ser, interpreto, “hegemonía de un nuevo bloque en el poder”, (¿Gramsci?).

La posición de Beatriz Stolowicz, diferente a la de los anteriores autores, la retomo de una entrevista de Arellano Ortiz en Bogotá, Colombia (2011):

Stolowicz discrepa con colegas suyos como Emir Sader, quien utiliza el término “posneoliberalismo” para denotar la nueva etapa socioeconómica por la que han entrado algunos países latinoamericanos gobernados por líderes progresistas o de izquierda, y cuyo objetivo es el de “enterrar la larga y triste noche neoliberal”, para usar la frase del expresidente ecuatoriano Rafael Correa.

En América Latina, explica Stolowicz, el posneoliberalismo no es más que una estrategia táctica conservadora que los ideólogos más lúcidos del sistema, encumbrados en el Banco Mundial (Stiglitz), vienen gestando desde hace más de una década.

Lo que ocurre, afirma, es “que se presenta como crítica al neoliberalismo, incluso expropiándole el lenguaje a la izquierda, pero que tiene por objetivo preservar al capitalismo. Es una estrategia esencialmente de control político, que comienza a implementarse desde mediados de la década pasada cuando diagnostican crisis de gobernabilidad por el fracaso del modelo político para impedir la expresión de demandas sociales; que luego busca incidir en el debate de alternativas al neoliberalismo con el propósito de neutralizarlas, y que, cuanto más difícil les resulta impedir que la izquierda gane elecciones, tiene ahora por objetivo hacer que ella se haga cargo de la ejecución de esa estrategia. Los éxitos que ya han tenido es una medida de los problemas en el pensamiento de la izquierda, tanto para pensarse a sí misma como para pensar a los dominantes. Una izquierda que además de vaciamiento teórico muestra un insuficiente conocimiento histórico, lo que la lleva a enredarse en los discursos doctrinarios que dan forma y encubren los objetivos capitalistas; y que tiene déficit investigativos que le dificultan distinguir entre discurso y proyecto dominantes”.

Para Beatriz Stolowicz, abrevio, “el posneoliberalismo asume la ‘crítica al neoliberalismo’ para ‘corregirlo’, al tiempo que rechaza al marxismo, y presenta como pensamiento progresista las elaboraciones neoconservadoras.”

Las diferencias de interpretación saltan a la vista. Tal vez no sea casual que en los últimos años no hayan vuelto a discutir el concepto.

PD sobre Andorra: Tal como me permití pronosticarlo, el partido Demócratas, de centro-derecha de Andorra se llevó el triunfo en las parlamentarias del 7 de abril. Sin embargo, para tener mayoría requerirá alianza con otras fuerzas, tal vez con Liberales que en esta ocasión bajó su votación en comparación con la anterior, en tanto que el Socialdemócrata la aumentó pero no lo suficiente como para disputar la mayoría en el Consejo General.