AMLO: a favor o en contra, nunca desapercibido

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Una característica de Andrés Manuel López Obrador es que no pasa desapercibido, pues la inmensa mayoría de la ciudadanía toma partido por él, ya sea a favor o en contra, pero sin dejar de reaccionar a sus palabras o sus acciones. Esto si bien es una verdad de Perogrullo, oculta una intención para que gracias a esta cualidad –o defecto, según el cristal con que se mira– se pueda alcanzar una serie de objetivos definidos en la ruta de la cuarta transformación.

Del amor al odio

López Obrador es un personaje peculiar en nuestro ambiente político. Primero priísta –hasta le compuso un himno a su partido en su natal Tabasco–, perredista luego, líder social y opositor desde la década de los años 90, candidato presidencial en tres oportunidades, jefe de gobierno de la Ciudad de México, a su paso por los escenarios electorales o de gobierno ha logrado despertar pasiones o enconadas oposiciones.

Si lugar a dudas, es el comunicador político que mejor sabe utilizar la tribuna y provocar reacciones diversas no sólo entre sus adversarios, sino entre toda la población.

Su conducta puritana –de ahí que su discurso tienda a polarizar, pues su visión del mundo todo lo reduce a buenos y malos–, genera encendidos discursos e interpretaciones acerca de los objetivos que pretende alcanzar, aunque en sus palabras perfile claramente la ruta que seguirá.

Los analistas políticos revisan continuamente, a la luz de diversas teorías, su conducta para tratar de anticipar sus movimientos, fracasando constantemente por no atinar a que categoría de análisis corresponde a su persona.

Pero quizá el rasgo más atractivo –desde el punto de vista del análisis– es su capacidad de polarizar, pues o se le quiere o se le odia, no hay puntos intermedios, mucho menos matices.

Así, o es un peligro para México o es la salvación de la patria; es el presidente que la nación necesita o el que va a hundir al país, punto, no hay más interpretaciones.

De esta forma se le ha querido enfrentar, pero se trata de un político que aprende de sus derrotas y mantiene una constancia –terquedad o necedad para otros– en su carrera política.

Muchos le han querido encontrar defectos o conductas irregulares, pero aún y cuando hayan encontrado algo criticable, esto no alcanza para descarrilar su trayectoria; es más, se ha blindado por tantos ataques recibidos, pues esto ha provocado que sus seguidores dejen de escuchar a sus críticos y sólo presten oídos a sus porristas.

Además, monopoliza la conversación pública, en la cual todo gira en torno suyo, ya sea a favor o en contra, pues lo que hace tiene defensores o críticos, pero nunca ciudadanos que lo vean como algo inocuo.

La oposición baila al son que él toca, reaccionando a todas sus palabras o decisiones, prácticamente sin ofrecer alternativas que ayuden a quitarle la iniciativa.

Los caricaturistas lo retratan de variadas formas –la más utilizada, el ganso–, pero sin dejar pasar la oportunidad de retratarlo en sus trazos.

En redes sociales, los usuarios se debaten en su defensa o ataques por lo que haga o deje de hacer. Si Trump anuncia el cierre de la frontera, unos dirán que hasta Peña Nieto le respondió, en tanto que otros señalarán que es un mandatario prudente y que no conviene rebajarse al nivel del estadounidense.

Si la economía no levanta, los opositores dirán que es por la incapacidad de López Obrador y sus malas decisiones, en tanto que sus defensores asegurarán que se trata de la resistencia al cambio y de los efectos negativos que nos legó el régimen anterior.

Su combate a la corrupción provocó aplausos, a la vez que denuncias acerca que se trataba de una simulación o reclamos para que lo dejen trabajar, en espacial los que estaban perdiendo sus privilegios.

En resumen, no puede pasar desapercibido en el actual contexto político que vivimos.

Da la impresión de que para muchos se trata del único enemigo a vencer, en tanto que para otros es el único político que vale la pena.

Es evidente que muchos lamentarían si algo le pasara, a la vez que muchos otros se alegrarías que por fin se acaba su pesadilla.

Pero lejos de esta larga descripción, lo que hay que entender es que tanto sus seguidores como sus opositores han contribuido a crear al personaje que hoy en día domina la escena nacional, que impone la agenda de temas en medios y que dicta la dirección de la discusión en la plaza pública.

También hay que apuntar que López Obrador es un incomprendido, pues si en verdad sus opositores hubieran entendido sus motivaciones, estrategias y objetivos, no estaríamos hablando de su presidencia.

Así que sólo hay de dos sopas: para sus seguidores aprovechar que, por fin, llegó a la cima de su carrera y a sus opositores, a volver a revisar sus análisis, o dejar sus odios para una mejor ocasión, una en la que hayan hecho la tarea.

Para estar #EnLínea

Sin conocer aún el contenido del informe del fiscal Robert Mueller, y pese a los festejos de Trump por algo que –según él– lo exonera, hay quien aún guarda esperanzas de que en realidad hay materia para un impeachment. Es decir, hay ilusos que pueden acabar desilusionados si el mandatario estadounidense logra la reelección.

@AReyesVigueras