Los dueños de las casetas

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Se acerca el fin de semana y con ello el floreciente negocio de tomar las casetas de entrada y salida a la Ciudad de México que grupos de embozados han iniciado desde hace varias semanas sin que alguien se los impida.

Tiene más de un mes —incluyendo el puente vacacional del inicio de la primavera— que sábados y domingos personas con el rostro cubierto se apoderan de las casetas y cobran “cuotas voluntarias” a los automovilistas para dejarlos pasar.

Esas personas, que dicen pertenecer a diversas “organizaciones sociales” deciden quiénes pasan y quiénes no, pues se ubican frente a los autos con botes en los que se sugiere a los conductores depositar 50 pesos “para la causa”.

Los manifestantes intimidan a los automovilistas, pues, además de estar con el rostro cubierto, presionan para la cooperación rodeando las unidades y checando por las ventanas qué hay adentro, por lo que la gente, espantada, les da dinero.

Quienes se han negado se han llevado —hasta el momento— insultos, espejos rotos, algunos rayones de pintura y el llanto de niños y mujeres asustadas.

Pero lo peor es que no hay una sola autoridad a la que se le pueda pedir auxilio, por lo que los ciudadanos se sienten indefensos e impotentes, cosa que, por cierto, ya se está haciendo costumbre en la capital.

Aunque se ubican dentro de la ciudad, las casetas son consideradas como territorio federal, por lo que ambas instancias gubernamentales se echan la bolita sobre a quién le tocaría poner orden y garantizar la integridad de los usuarios.

Pero, sin importar a qué instancia le toque, pues de cualquier forma ambos gobiernos pertenecen al mismo partido y proyecto político, lo grave es la sensación de saberse desprotegidos ante un puñado de bandoleros.

El tema es muy delicado y las autoridades deberían tomar cartas en el asunto y dejar de escudarse en que no quieren reprimir a nadie. No se trata de reprimir, sino de garantizar la integridad de las familias.

Porque esa sensación de inseguridad se suma a la que los ciudadanos viven a diario en las calles, negocios o hasta en sus domicilios, pues el crimen parece haberse apoderado de la ciudad, sin esperanzas de que se les ponga un alto.

Además, como no se sabe quiénes son porque van cubiertos del rostro, en una de ésas el dinero que recaudan —que deben ser miles de pesos cada fin de semana— es para financiar actividades ilícitas.

A ver si ya se fajan en el gobierno.

CENTAVITOS

Si se puede hablar de una de cal por tantas de arena, buen tino tuvo el gobierno capitalino en modificar la ruta del Maratón Internacional de la Ciudad de México, que este año iniciará en la UNAM y concluirá en el Zócalo. El recorrido será más visual, según los organizadores, pero lo que está muy bien es la promoción del evento, donde se utiliza una representación abstracta del Ángel de la Independencia.

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