Chíguil los desampara

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Si alguna duda quedaba de que lo que menos interesa al alcalde Francisco Chíguil es el bienestar de los ciudadanos de GAM, nada más hay que ver que, sin decir agua va, dejó sin sustento a 65 familias, cuyos jefes pecaron al servir a otro proyecto político.

A partir de esta quincena, y sin recibir notificación previa, 65 trabajadores delegacionales dejaron de recibir su salario por órdenes de Chíguil, pues en el Zócalo afirman que la instrucción salió de la alcaldía, no de Claudia Sheinbaum.

Es claro que el castigo a esos trabajadores, que fueron basificados durante la administración del perredista Víctor Hugo Lobo, es por haber colaborado con la anterior administración y no por faltas laborales.

El tema, que fue denunciado ayer en Donceles por el diputado Lobo, vicecoordinador del PRD, tiene más fondo del que algunos quisieran ver, pues no se trata solamente de dejar sin sustento a 65 familias, sino sin asistencia social, que es más delicado.

Hay casos de empleados que necesitan atención médica permanente por afecciones crónicas, por ejemplo, y que, al quedarse sin empleo, también pierden esa asistencia, lo cual incluso pone en peligro algunas vidas.

Si bien es cierto que Chíguil tiene resentimientos políticos con Lobo y su equipo, también lo es que no puede tomar como rehenes a trabajadores que debían obedecer órdenes de quienes entonces eran sus jefes.

El alcalde tiene derecho a hacer los cambios que quiera, pero sin violentar la ley ni violar los derechos laborales y humanos de los empleados y sus familias; distinto hubiera sido dar el derecho de audiencia a los trabajadores antes de dejarlos sin salario.

Lobo dice que es ruin y mezquino que un político actúe basado en cálculos políticos, sin reparar en el daño económico y social que genera en familias de escasos recursos, y tiene razón, pues incluso es contrario a lo que ofreció la propia Sheinbaum a su llegada.

Ojalá que se dé marcha atrás a esa injusta medida, aunque, si a Chíguil no le importó que murieran adolescentes en un antro que autorizó reabrir ilegalmente, menos lo hará ahora, a pesar de que él mismo y su familia fueron aviadores en la última legislatura de la ALDF.

Está claro que su fuerte jamás será el bienestar de los ciudadanos que gobierna.

CENTAVITOS

El desaparecido cómico gringo Groucho Marx decía: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”. Y eso parece aplicar a la diputada morena Paula Soto, quien ayer defendió, junto con su fracción, el derecho de la mujer al aborto. Qué bueno, pero Soto parece olvidar que el 24 de abril de 2007, entonces como diputada del PAN, subió a la tribuna de la extinta ALDF para posicionar su voto en contra del aborto, pues dijo estar en favor de la vida y los valores familiares. Dicen que es de sabios cambiar de opinión… pero es de cómicos cambiar de principios por cuidar el hueso.