Cambios y promesas, a cien días

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Quizá no fue un acierto del presidente de la República hacer un informe de lo realizado en sus primeros cien días de gobierno, pues el resultado palpable de lo dicho se refiere a proyectos y promesas, más que a hechos concretos. Él escogió para esa ocasión hacer una especie de corte de caja que nadie le pidió, y que tampoco está previsto en ley alguna. No estaba obligado, pues.

Esos cien días de gobierno no han dado el saldo esperado: en Morelos, según la nota principal de La Jornada de ese estado (11/03/19), los opositores a la termoeléctrica de Huexca han declarado al presidente “persona non grata” en la entidad. Ya no lo quieren igual que en otros estados. Las madres con hijos pequeños están muy disgustadas por la desaparición de guarderías o estancias infantiles y los 200 pesos semanales que les han ofrecido (y que no les han cumplido) no alcanzan para pagar ninguna guardería sin subvención gubernamental. Los niños de familias pobres, que son la mayoría del país, han perdido el apoyo de la instancia que debiera protegerlos más que a nadie: el Estado.

Los que recibían los beneficios de Prospera, tienen ahora una promesa alternativa, más reducida por cierto, pero ningún beneficio todavía. Están a la espera de recursos pero estos no llegan pues les quitaron algo sin darles a cambio otra cosa, como también ha ocurrido con los comedores comunitarios para gente muy pobre y menesterosa. Puras promesas y demandas de “paciencia” por parte del Ejecutivo, paciencia que más bien él deberá tener con la mayor parte de sus secretarios, ineptos comprobados que cada vez que mandan un mensaje por Twitter o por su propia voz tienen que ser corregidos (el último ejemplo de incompetencia fue el tuit de corte fascista de la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, que tuvo que borrar minutos después por la indignación generalizada que provocó). Y, por cierto, si AMLO pide paciencia es porque sabe que ésta puede terminarse en cualquier momento. Ya hay indicios.

La lucha contra los huachicoleros tuvo algunos éxitos, pero como que se estancó. No han sido eliminados del todo ni se ha logrado el abasto de combustibles pese a la disparatada e improvisada compra de pipas de costo multimillonario (e inadecuadas para su propósito por ser de llantas unitarias en vez de dobles) que no llevan la gasolina a todos lados. ¿Qué pasó con los ductos recuperados? ¿De veras se recuperaron? Y si fueron recuperados, ¿para qué servirán las pipas que, por ejemplo a Cuernavaca, Morelos, sólo llevan gasolina Magna y de vez en cuando Premium, “porque ésta es para autos fifís”. Debe decirse que a Morelos siempre ha llegado la gasolina por pipas pues no hay ductos que la transporten. ¿Por qué ahora está fallando el suministro? Nadie sabe, pero la promesa de abasto total se mantiene en el discurso, como tantas otras cosas, pero nada más.

De los aeropuertos improvisados para sustituir el de Texcoco (que se quedó a medias), del Tren Maya, del Transístmico y de la refinería innecesaria de Dos Bocas, seguimos esperando las consultas pertinentes, los estudios de sustentabilidad, los proyectos ejecutivos y todo lo que sería necesario para empezarlos. Son más promesas y la de Dos Bocas tal vez un capricho irrealizable o, de menos, un gasto poco inteligente. ¿Y qué podemos decir de la cacareada desconcentración de las secretarías de Estado que habrían de salir de Ciudad de México? Pues que no ha sido posible y que a lo mejor alguna de ellas se muda. Mientras tanto, el gobierno ya dejó sin empleo a miles de trabajadores porque no cumplen los estándares de la austeridad republicana fijada por un capricho del presidente, porque así se le ocurrió.

Y de la seguridad, ¿qué decir? Nunca antes, ni siquiera bajo los gobiernos de Calderón y Peña, habíamos tenido tantos homicidios en los primeros tres meses de gobierno (94 promedio por día), y no hablemos de secuestros, cobros de piso, trata de personas, desapariciones, etcétera. No han sabido qué hacer con el problema y la Guardia Nacional, que se ve con enorme optimismo (más del que merece), se tardará en configurarse y más todavía en ser operativa y eficaz. De hecho, todavía no sabemos por qué la Guardia Nacional sí va a funcionar y qué estrategia va a seguir para diferenciarse de lo que hicieron el ejército, la marina y la policía federal en los últimos años. Otra promesa más sobre la cual habremos de esperar.

Sí, es cierto, según varias encuestas de casas serias y profesionales, el apoyo a AMLO ha crecido, pero éste se ha debido a que la gente se queda con las promesas y las convierte, en su fantasía del cambio, en realidades que no existen. Millones de mexicanos quisieron creer en el cambio que les ofreció el candidato de Morena, pero no se han dado cuenta de que tal cambio no es otra cosa que una suerte de neoliberalismo asistencialista, tal vez sin la corrupción de antes (que persiste en los niveles medios y bajos de la administración pública), pero no mucho más. En cuestión de valores, es una lástima descubrir que el presidente coincide con las fuerzas más conservadoras que están en contra del aborto, incluso de su despenalización, del matrimonio entre personas del mismo sexo, etcétera. A estos temas el presidente les da la vuelta y quiere resolverlos, lavándose las manos de la responsabilidad de su alta investidura, mediante consultas que, muy probablemente, serán igual de amañadas que las hechas hasta ahora.

En resumen, promesas, promesas y más promesas. En los hechos, muy pocas cosas y aun éstas sin un plan sistémico y sólido de cambio del régimen ofrecido. El actual gobierno, hasta ahora, a cien días, ha usado la mano izquierda para prometerle al pueblo todo tipo de bondades y la derecha para hacer lo mismo con los empresarios, incluso con los que más lo criticaron durante su campaña y la transición. Es decir, nada fundamental ha cambiado, salvo un tema que todavía requiere estudio: la más alta concentración de poder en una persona que hayamos visto desde los tiempos de… ya ni me acuerdo.