La responsabilidad del ciudadano

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Durante los próximos años contaremos muy poco, si acaso, con los partidos políticos. También, como se ha expuesto en este espacio, desaparecerán muchos referentes intelectuales y académicos por simple selección natural y esperemos, competencia por parte de nuevos talentos.

Por lo anterior, cualquier intento serio y duradero para reconstituir nuestra democracia frente a las tentaciones autoritarias del actual gobierno dependerá de los individuos y la forma en que nos veamos a nosotros mismos como ciudadanos y la forma en que interactuemos y defendamos nuestros derechos.

Comparto cinco principios para replantear nuestra actitud, redefinir causas e interactuar con otros que piensen lo mismo que nosotros.

Dudar como sistema de pensamiento– La fe requiere de verdades absolutas, planes predeterminados y confianza ciega: por ello es propia del pensamiento religioso y los regímenes autoritarios. En cambio, el ciudadano cuestiona por sistema, aun cuando siga principios o escuelas de pensamiento: siempre hay que comprobar una hipótesis para mantenerla o descartarla. Como diría Carl Sagan en El mundo y sus demonios, los patriotas siempre hacen preguntas. Se entra en el terreno de la fe cuando alguien deja de cuestionar y contrastar. Cuando lean o investiguen algún tema público revisen al menos dos fuentes, pues nadie dice la “verdad”, si acaso existe.

Mantener la distancia– Al nuevo gobierno le interesa que vivamos siempre reaccionando ante cada nueva ocurrencia, tanto mejor si lo hacemos enojados. Eso no significa que apaguemos la televisión e ignoremos las conferencias mañaneras. Lejos de ello, veámoslas con distancia y como lo que son: estrategias para que perdamos el hilo narrativo de lo que sucede abajo. Lo mismo para aquellos tuiteros conocidos como los “maromeros”, que basan su presencia fundamentalmente en difundir falacias: la mejor manera de justificarlos es contestándoles directamente. Cultivemos la sátira y el humor en cambio: el primer paso de una buena sátira es la distancia y el desdoblamiento.

Cultivar una narrativa propia– En la entrega de la semana pasada se habló de la importancia de que cada quien tejamos nuestra narrativa alterna, pues el resto de fondo es hacer que el sexenio trate sobre el país en vez de las ocurrencias de un hombre. Trabajen su jardín, pues nadie es especialista en todo. Con ello divulguen lo que saben y traten de inspirar a los otros. ¿Cómo hacerlo? ¿Se acuerdan en diciembre cuando Meade lanzó unos tuits sobre el NAIM y el revuelo que causó? Vean cómo habló de posibilidades y la forma en que transmitió el mensaje: por ahí va el camino. Comencemos a divulgar.

Aprender a debatir– También se comentado en este espacio que importa poco tener la razón si no se comunica o defiende. Es indispensable estudiar retórica, pues como se dijo, muchas de las argumentaciones del gobierno o sus simpatizantes son falacias. Pulan sus capacidades de argumentación y debate, en el entendido que no existen verdades absolutas y sólo se puede llegar a un estado mejor si se intercambian dudas. Sobre todo, debatan con quien valga la pena: es una pérdida de tiempo discutir con quienes tienen fe en algo o alguien.

Pensar estratégicamente– Si nadie es experto en todo y cada quien tiene que cultivar su jardín, la incidencia sólo puede lograrse si se piensa en cómo funcionan las instituciones y se organiza un frente de personas que nunca serán amigos o enemigos, sino aliados u opositores de coyuntura. Podemos perder las libertades que tenemos si no las usamos, como el derecho a premiar o a castigar legisladores y autoridades municipales según su desempeño a través de la posibilidad de reelección inmediata. Este juego no es de “buenos” contra “malos”: requiere de inteligencia, estrategia y una cabeza fría.

@FernandoDworak