Frente a López Obrador: la fallida estrategia opositora

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El fracaso opositor a López Obrador cuenta de momento, con muchos nombres y muchas estrategias derrotadas ante encuestas que ponderan favorablemente al presidente.

No será calumniando ni insultando al sujeto como revertirán la animadversión de una enorme mayoría a sus opositores, o como cambiarán la opinión en pro de él y no cambiarán lo que hoy supone estar en contra de sus procederes como opositores ni granjearán así el favor de esas mayorías a favor de medios belicosos y a sus furibundas voces insultantes –que lo son como no se había visto desde la época de Fox, al que no le perdonaban haber echado al PRI, como no se lo perdonan a López– y los insultos opositores a López Obrador evidencian que no somos una dictadura ni pintamos para serlo. Porque…¡vaya libertad de expresión que se despachan en su contra! Ningún dictadorzuelo se los permitiría ni por accidente.

Esa oposición orquestada desde sectores conservadores, empresariales, medios de comunicación y partidos políticos ha fallado porque los planteamientos contra López son erráticos. Van cargados más de burda propaganda que han tragado en demasía y con la cual embaucan ciudadanos crédulos, pero falla la pauta, pues los ataques no parten de un silogismo elemental: no acaban de entender los opositores que un hartazgo perfectamente bien justificado supuso el triunfo de López y la derrota de lo que los enunciados, representan. Y esa derrota a su estrategia opositora obedece también a no mudar lo que representan como opositores:  una pésima gestión cuyos resultados nos afectan hasta hoy a todos y que hoy como oponentes no consiguen elaborar un nuevo discurso opositor que sea responsable, alternativo, eficaz, diferente a su pasado errático, que sea asertivo y que los deslinde de sí mismos y mejoren con tal la supuesta oferta de López. Esa alternativa viable y real no acaban de presentársela a la nación.

Mientras esa ecuación arriba mencionada se niegue o se minimice, los actores opositores a López no cambiarán su esencia, no modificarán su estrategia de ataque y no triunfarán. ¿Proponen algo mejor que López? Sabemos que no lo han hecho. Van dando palos de ciego con una inquina, con un odio y un clasismo en muchos casos, vergonzoso.

Porque… en tanto que en las cabezas de sus opositores rondan los acres pensamientos sin propuesta alternativa a López, se relamen las heridas del 1 de julio y suponen equivocados que lo hecho hasta hoy es el camino correcto para golpetear a López y, es de suponerse desde sus filas que se creen que van por el camino correcto para la derrota de Morena en 2024. No lo es y los oponentes a López Obrador descubren no sin fastidio y sí con creciente disgusto, que el presidente no cae en las encuestas ni mucho menos avizora el fracaso de su mandato como se lo auguran a diario. Al menos no cae en marzo de 2019. Y no va a caer mientras la economía no se derrumbe –y no tiene que caer, solo puede hacerlo– de forma tal que no se mira en el horizonte un colapso de la popularidad del mandatario, para enojo y angustia de sus oponentes.

Pero hay más: no es solo que López no ha fracasado, y no como hubieran deseado sus opositores, desarticulados y carentes de un discurso eficaz que mueva a multitudes hacia ellos. Es que tales opositores han extraviado su hacer y su discurso, partiendo de supuestos vanos, erráticos y burdos al juzgar a López. Algunos tales buscan explicar barrocas razones para negar el éxito momentáneo del mandatario, como es: que estamos en una luna de miel (?) o que importan los 100 días –copiando así el burdo concepto de los yanquis– en franco desconocimiento de la dinámica del sector público nuestro. Lo grave es que se usan como premisas de análisis y es muy probable que el veredicto sea errático. Y así vamos.

Porque el fracaso de la marcha del 10 de marzo para espetarle en la cara a López sus 100 días, fue seguir una falsa premisa: debe entregar resultados en semejante plazo. Ese fracaso opositor se engarza acompañado del fracaso del PRI en siquiera balbucear un mea culpa de su nonagésimo aniversario, pues está incapacitado para siquiera hacerlo, ya no digamos para sostener propuesta alguna, seria y creíble. Y tenemos una oposición empresarial que reprueba cien días de gestión cuando con su mediocridad ya veremos qué clase de T-Mec solapó a Peña Nieto y a un equipo de negociadores encandilados con Trump que engancharon a México de manera irresponsable a sus deplorables caprichos, poniendo a nuestro país de rodillas.

Y eso pasa porque la oposición es nada original, no consigue definir una alternativa qué mostrar. Resentida va –se comprende si perdiste tu empleo en el cambio de sexenio…, o los contratos, conectes non sanctos y demás que conllevaba relacionarse con el sexenio pasado– no alcanza, no le alcanza a los oponentes para mostrar una alternativa que seduzca al hartazgo de los ciudadanos ante lo que representan siglas como PRI y PAN; sus defensores solo han podido hacer dos cosas: articular el insulto demostrando que no son ni una mejor opción ni una poseedora de mejores argumentos. Y la otra es insultar. El resultado ya lo saben: una popularidad presidencial por los cielos.

Por comprarse cursilerías yanquis como la de los cien días o incluso, figuras de humo como la de “primera dama”, es que no atinan a dar una con López. Los oponentes hacen quinielas, apuestas, elaboradas consignas a partir de un análisis muy equivocado de la realidad que les estalla en la cara y se estampan contra ella una y mil veces.

Obnubilados por su desprecio a López Obrador se empecinan solo en repetir a diestra y siniestra lo que otros dicen sin siquiera tener dos dedos de frente para darnos cuenta de que son imposturas usadas para “hacer análisis político” de mala cuantía y calidad; plantean un sistema político mexicano ajeno a la realidad y así les va en sus veredictos. Siempre van a la inercia. Las últimas semanas se detecta un hartazgo en el debate porque las premisas para emprenderlo se agotan casi como nacen. Y lo hacen porque se utilizan para intentar provocar debates donde no los hay.

Mas tranquilicemos conciencias. Ya sabemos que las encuestas no son eternas, a menos que sucediera un verdadero milagro. Pero frente a ello ¿qué aporta la oposición con sus quejas y sus lamentos de venir con el cuento del lobo culpando a López Obrador de tiranía, cuando ella es incapaz, está imposibilitada mentalmente para proponer algo diferente que no haya sido el saqueo al pueblo de México? ¿culpar a López Obrador de su inacción y de su carencia de propuesta, es inteligente y ético? Máxime que los ciudadanos no piensan como ella en estos momentos. Como opositores su impericia solo genera que López se crezca, y evaden así su responsabilidad al seguir en su estado de confort. Y cuando abren la boca lo hacen por la de Marko Cortés, que ayuda poco a la causa.

La oposición no ha querido entender que no será con vociferaciones insultantes de opinólogos ni con desplantes o marchas lo que derribará a López Obrador, mientras sea incapaz de argumentar coherentemente y de una manera razonable qué propone a cambio. Sigue el mismo error de la campaña de 2018: atacar a López sin mostrar las bondades de su alternativa, en caso de haberla construido. El extravío solo genera el desinterés y el desdén de las mayorías. Pongamos el acento en lo importante: la oposición no está haciendo su labor. Así de sencillo. Su desprecio y su furibundez debió encaminarlos a sus candidatos perdedores, incapaces de ser una mejor opción. Demuestra ser una oposición pacata y apocada incapaz de ser una verdadera alternativa.

@marcosmarindice